EL TESTIMONIO DESGARRADOR DE UNA CUBANA DIGNA Y LUCHADORA Y DE LOS INNUMERABLES “CRÍMENES” DE LA TIRANÍA CASTRISTA-PRIMERA PARTE

Omara Ruiz Urquiola, profesora de generaciones de diseñadores, fue expulsada del ISDI en julio de 2019.

 Omara Ruiz Urquiola y la reinvención constante de la vida

Por, YUSIMÍ RODRÍGUEZ LÓPEZ-Fuente Alas Tensas

En Cuba sentía que mis probabilidades de conocerla dependían de la casualidad y de algún amigo en común. Una vez fuera de la Isla, esas probabilidades habrían sido aún más remotas sin el interés de Alas Tensas y Árbol Invertido en entrevistarla. Omara Ruiz Urquiola es una mujer a quien la vida no cesa de ponerle retos: el encarcelamiento de su padre cuando ella tenía 17 años, el diagnóstico de un agresivo cáncer de mama a los 32 años sin probabilidades de remisión (en julio de 2005, el pronóstico era nueve meses de vida; en noviembre era de tres), y más recientemente, su despido del Instituto Superior de Diseño (ISDI) donde impartía Historia del Diseño y ostentaba la categoría de Profesora Auxiliar.

Pese al gusto de contar con un pretexto para contactarla, la entrevista era un reto porque Omara es, a su pesar, una mujer muy conocida en los medios independientes cubanos y ha sido entrevistada muchas veces. Por otra parte, es difícil no sentirse como ante un semáforo en rojo frente a una mujer que padece cáncer de mama, como si hubiera un cartel que nos advierte de no andar en esa gaveta, no hacer preguntas fuera de lugar, inoportunas… a no ser que la persona saque el tema a relucir, lo que es casi imposible que ocurra. Quién va a querer hablar de la extirpación de sus dos mamas entre los 33 y los 34 años.

El diálogo con Omara, a través de correos electrónicos y mensajes de WhatsApp, me demuestra que esa luz roja es mi propio miedo, mi afán por ignorar las cosas más aterradoras como si la ignorancia fuese el antídoto contra la fatalidad. Lejos de ponerse a la defensiva y evitar que ande en la gaveta, Omara habla de lo que ha vivido sin prejuicio ni dramatismo. Me muestra lo que significan esta enfermedad y el dilema de la mastectomía para cualquier mujer, sobre todo, para una graduada de Diseño y por tanto “formada en el ideal estético”, y que lo usa “con total conocimiento de causa”.

Son muchas las mujeres con el mismo tipo de cáncer que mi entrevistada ha conocido en estos años, la mayoría de ellas han muerto. Su padecimiento la hizo coincidir también con la actriz Adria Santana, quien le prestó la peluca que usó para viajar fuera de Cuba por primera vez. Desgraciadamente, Adria también falleció.

Omara ha sostenido en varias entrevistas que su hermano, el biólogo Ariel Ruiz Urquiola (foto de la izquierda) es su médico y a él, más que a los especialistas cubanos, le debe su sobrevida de ya casi 15 años. También a la solidaridad de amigos en el extranjero e incluso de exalumnos que viven en Cuba. Esta entrevista no es la excepción, y deja profundas grietas en la vitrina que constituye para el gobierno cubano su sistema de salud y los médicos formados dentro de la revolución.

“UN GIRO DE 180 GRADOS”

Usted y su hermano son hijos de un militar cubano que estuvo preso durante más de 15 años. ¿Qué llevó a su padre, quien deduzco fue partidario de la revolución cubana, a la cárcel? ¿Qué significó para su madre, su hermano y usted?

Al momento de su detención estaba esperando la chequera de jubilación, aunque tenía poco más de 40 años. Era Teniente Coronel, y llevaba 25 años o más de servicio. Otros morían con el uniforme encima, él había decidido salirse por la vía burocrática. Era ingeniero electrónico y, como civil, ofertas de trabajo no le faltarían. Le indicaron que aguardara los meses que demoraba el trámite en la jefatura de Guardafronteras, por entonces en el Reparto Flores. Nada que ver con su perfil profesional, pero era una orden y él, un militar de carrera. En ese sitio, lógicamente, se tenía acceso a las embarcaciones resguardadas en las dársenas.

La temprana solicitud de jubilación se debió a los múltiples altercados que, siempre dentro de los marcos establecidos, mi padre protagonizó al cuestionar arbitrariedades de los altos mandos que obstruían el desarrollo de proyectos tecnológicos; y al final, emplazar en un auditorio donde confluyeron un gran número de oficiales, a la máxima dirección del país por su incapacidad para prever el inminente Período Especial en Tiempos de Paz del que habían sido informados, con anterioridad, los miembros de la nomenclatura castrense. Al término de la reunión recibió el espaldarazo de muchos, absolutamente nadie lo confrontó. La decepción era pública, no obtuvo respuesta satisfactoria, ese ya no era su lugar. Dejaba atrás, por voluntad propia, su protagonismo como fundador y jefe del Grupo de Desarrollo de las FAR, luego del MININT.

De ese puesto transitorio en Guardafronteras fue a dar a la cárcel. Fue un proceso de Instrucción plagado de violaciones. Se le acusaba de actos preparatorios de “salida ilegal del país”, esto respaldado por el estar trabajando en ese sitio tan aparente lleno de lanchas, que no sabría ni cómo echar a andar. Pero ahí estaban las embarcaciones, y de paso, él. Yo estaba terminando el pre-universitario. No se me permitió ir al juicio, y desde la primera visita, previa al juicio, el oficial de la Contrainteligencia encargado del caso nos advirtió a mi hermano y a mí que no acudiéramos a ninguna organización de derechos humanos, que eso solo complicaría algo que debía resolverse. En realidad, él puso esa idea en mi mente, nada más lejos de mi intención; poco o nada sabía de derechos humanos o algo parecido, tenía 17 años y hasta entonces había sido “hijita de papá”, y por ende, tenía muy poca conexión con la vida de la generalidad.

Mis padres llevaban años divorciados. De hecho, él había formado una nueva familia, pero siempre se mantuvo la relación cercana, incluso con mis hermanas menores y su esposa. Para todos fue un giro de 180 grados, vivíamos entonces, mi madre y nosotros dos, Ariel y yo, en una misma casa con mi abuela y tío paternos, ambos fidelistas. Sin detallar, nos hicieron tal guerra que tuvimos que permutar la casa y reducirnos, ellos habían renunciado a cualquier lazo con mi padre dado su fanatismo fidelista, nosotros no.

Mi madre era la jefa de cátedra de Biología de la secundaria del barrio, y a pesar de cierto hostigamiento velado, el cariño y respeto de las familias de la comunidad se mantuvo prácticamente íntegro, también fue extensivo a nosotros y perdura hasta hoy. Algunas personas no cercanas aprovecharon la situación para verter sobre mí viejos resentimientos que iban desde lo clasista hasta celos por el rendimiento académico infantil o adolescente; incluso hubo quien trató de desacreditarme ante amigos, profesores y vecinos. Aprendí a llamar por teléfono antes de visitar o a saludar solo de lejos, y si la persona se acercaba, entonces detectaba normalidad en la relación. Esto lo incorporé joven, por eso ahora no me cuesta, es hábito.

Mi madre mantuvo las mismas relaciones de cordialidad y familiaridad con mi padre, su esposa y mis hermanas. Nunca interfirió en la relación con mi padre, a pesar de su militancia partidista. Ahora me confiesa que observaba, y ya disentía de la realidad. Ella leía la prensa soviética que durante los primeros años de la Perestroika seguía entrando a Cuba, entendía lo que pasaba; pero mantenía silencio protector pensando en nosotros, en que no nos pusieran freno para llegar a la universidad.

Yo empecé no solo a ver, sino a vivir la realidad y “corría” el Período Especial. Cuando mi padre cayó preso, venían las pruebas de ingreso; tuve suerte, me llevé la plaza de Historia del Arte que, para la Ciudad de La Habana, había “bajado” a los pre-universitarios. Todo se unió, fue despertar sufriendo más que el resto, que ya vivían lo impensable, pero yo vivía las cosas de manera diferente. Cada 21 días iba a la visita familiar, fueron varias cárceles. El miedo a que se hiciera pública mi realidad en la Universidad de La Habana (UH) era atroz, me carcomía. En fin, después de constatar la trampa tendida a mi padre fui a cuanta institución a cargo de la legalidad socialista existía. Todo fue en vano, se violó hasta su derecho a libertad condicional. Acabé en casa de Gustavo Arcos Bernes. Aprendí a respetar a la oposición, aunque buenas decepciones me llevé también, ninguna de Gustavo, creo que me privilegió con su amistad. Ya era una contrarrevolucionaria entonces, porque entendía toda la estructura como un engranaje garante de un régimen totalitario. Pero seguí viviendo, y ante la imposibilidad de una salida al extranjero por la vía del reconocimiento internacional al caso de mi padre, decidí quedarme en Cuba y, sin llamar la atención, hacer en lo posible una vida normal.

Mi hermano siempre ha sido más levantisco, toda la UH sabía de quién era hijo; descollaba en todo, por bocón, por deportista, por inteligente, tenía otra personalidad. Llegó a trabajar en la Universidad gracias al apadrinamiento de la Dra. María Helena Ibarra Martín, un puntal político incuestionable para la academia; y esa es otra historia, que ya sabemos cómo terminó, justamente por bocón. (Ríe.)

Mami se peritó por razones médicas cuando vio el desastre del sistema de educación, no aguantó, había dado el Paso al Frente, y todo iba para atrás. Repasó adolescentes en mi casa, hizo pizzas, croquetas, entre otros malabares para hacernos sobrevivir. 

(El padre de Omara Ruiz Urquiola vive y trabaja actualmente en España.)

¿Qué decepciones sufrió con la oposición?

En esa época de los ‘90, salvo en Gustavo Arcos Bernes, a quien considero un caballero andante sin armadura, lo que yo vislumbraba en la mayoría de los opositores con quienes pude alternar era una estrategia para emigrar. Por otra parte, también choqué con una Odilia Collazo que resultó ser después una agente de la Seguridad del Estado. Te estoy hablando de una mujer de la que yo no hubiera pensado que era agente. Cuando fui a su casa no pude ni tomar agua por el ambiente de suciedad. Te hablo de una marginal en un barrio de San Miguel del Padrón. Tenía una conducta social reprobable. Cuando yo la conocí, pensé “no puede ser que el cambio en Cuba dependa de una antisocial como esta”. Resulta que era agente de la Seguridad del Estado.

En este momento reconozco que en la oposición hay personas extremadamente inteligentes y valientes, absolutamente decididas a quedarse en Cuba y correr la suerte que corra Cuba. Mi hermano y yo no nos identificamos con ningún proyecto opositor en específico. Queremos generar un Estado de Derecho. Pero a mí hacer política y ser parte de la política no me interesa. (Continuará)

Un Comentario sobre “EL TESTIMONIO DESGARRADOR DE UNA CUBANA DIGNA Y LUCHADORA Y DE LOS INNUMERABLES “CRÍMENES” DE LA TIRANÍA CASTRISTA-PRIMERA PARTE

  1. Excelente, Omara representa lo mejor de la mujer cubana, el paradigma de la Cuba eterna intrincada en las más profundas aguas de nuestro inconsciente colectivo que nos permitirá sobrevivir a la barbarie, la chapucera castrista…

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