ELECCIONES EE.UU. 2016. LOS IDUS DE AGOSTO. Muchas han sido las horas invertidas (y las que quedan…) en analizar y debatir las circunstancias, razones y factores que hicieron viable la candidatura de Donald Trump en las primarias presidenciales republicanas y ahora como el candidato oficial del partido.

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Por, Ojel Rodríguez© Libertad.org

Una candidatura sorprendente que ¡acabó con 16 contendientes! y con la reputación de más de un analista político porque “nadie lo vio venir”. Ha sido un hecho insólito y difícilmente se repetirá, pero ha cambiado la dinámica de la política en Estados Unidos.

Trump es sumamente efectivo a la hora de simplificar un mensaje y lanzarlo al público. La gente común lo entiende directamente porque Trump no habla politiqués. Pero más de uno de sus mensajes da dolor de cabeza a conservadores como yo. La campaña primarista de Donald Trump fue impresionante por su efectividad, pero preocupante por la división que ha despertado incluso en el Partido Republicano. Estrategas políticos de la campaña de Trump buscando el triunfo en noviembre la basan en varios supuestos, destacando entre ellos el nivel de la participación electoral y que después de las primarias el partido se uniría alrededor de la candidatura de Trump por el rechazo colectivo a Hillary Clinton. Por ahora, esta estrategia al parecer está flaqueando , pero falta más algo menos de 3 meses para las elecciones y eso en política es toda una eternidad.

La visión negativa del electorado sobre Hillary Clinton es casi tan mala como la del mismo Trump. No cabe duda de que la candidatura de Hillary Clinton no despierta mucha energía positiva y renovadora en claro contraste con lo sucedido en 2008 con el entonces candidato Barack Obama. Este negativismo supuestamente beneficiaría a Trump porque la baja participación electoral suele afectar grupos que mayormente votan por los demócratas en las elecciones.

Pero hoy hablamos de unas elecciones fuera de lo común, que han roto el molde y no parecen encajar en ninguno de los patrones conocidos por los “expertos”. Lo que serían “claras ventajas” para la candidatura de Donald Trump podrían no serlo ya que si la percepción de Clinton es muy negativa, la de Trump va por ahí también. Si le hiciéramos caso a las encuestas de agosto, Trump perdería si las elecciones se celebraran hoy. Lo mismo le dijeron en agosto de 1979 a Ronald Reagan  en su campaña contra Jimmy Carter.

A esto hay que sumarle el rechazo que Trump despierta en cierta parte del establishment político que ve amenazada su posición en una presidencia Trump. También está la profunda aversión de los medios de comunicación por Trump, sobre todo los medios hispanos claramente posicionados en favor de Clinton. Y tampoco podemos olvidar a esos conservadores, como yo, que se resisten a votar a Trump porque su posición en varios temas de política pública difieren mucho de lo que siempre hemos defendido.

Casi un 35% del electorado de Estados Unidos se considera conservador, una proporción mayor a aquellos que se consideran progresistas. Según una encuesta de CBS, el apoyo a Trump por parte del electorado que se considera conservador es de 64% — muy pobre si comparamos con pasados candidatos presidenciales del Partido Republicano.  Esta aparente falta de apoyo de los conservadores a la candidatura de Trump se debe a diversos factores como, por ejemplo el estilo de su campaña o su perfil ideológico:  Derechista en temas como la inmigración e izquierdista en temas económicos. Por ejemplo en estos días Trump anunció su plan de infraestructuras para el país en donde promete gastar casi el doble que Clinton, sin tomar en consideración los problemas fiscales del gobierno federal. O su respaldo total a seguir gastando sin reformas en el Seguro Social, Medicare y Medicaid, que son los tres rubros de gasto que están arruinando las finanzas de la nación. Pero Trump dice ser “flexible” y que está dispuesto a hablar y negociar en caso que haya que cambiar de opinión. Esto hace que muchos lo vean como alguien listo a vender sus principios si hace falta mientras otros más bien lo consideran un hombre “pragmático”.

Hay gente muy ilusionada con sus candidatos y son los que llenan las arenas para oír sus promesas. Pero también hay cierta insatisfacción con ambos candidatos presidenciales. Hay gente desesperada en ambos bandos hasta tal punto que gente conservadora está dispuesta a llegar al extremo de apoyar a Clinton. También hay gente progresista dispuesta a votar por Trump ya que encuentran repulsivo votar por Clinton. Siempre queda votar por el libertario Gary Johnson o por la ecologista Jill Stein, o cualquiera de los otros candidatos que nunca faltan: Hasta el 1 de agosto de 2016, ¡hay 1,817 candidatos en total para escoger!

Todo lo que parece decidido en agosto irá fluctuando en las semanas venideras a medida que nos acerquemos al día de las elecciones y seguramente se reflejará en las encuestas. Sin embargo, la verdadera encuesta con su respuesta definitiva la responderá el pueblo americano en noviembre aunque vaya a votar tapándose la nariz. Créanme que eso es mejor a matarse por alcanzar el poder como sucede en otros países. Además, no olvidemos que en democracia, se suele votar por el menos malo, no necesariamente por el mejor. Alea jacta est.

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