HISTORIA: LO DIJO EL CAMPESINO- “FRANCO EN COMPARACIÓN CON STALIN ERA UNA HERMANITA DE LA CARIDAD-PRIMERA PARTE

Por, Julio Merino – Correo de España

La verdad es que cuando aquel día de 1978 se presentaron en “El Imparcial” mis ya amigos Adolfo Lucas Reguilón y Eduardo de Guzmán, con los que había quedado a comer, no reconocí  al caballero que venía con ellos y al que me presentaron enseguida. Increíble, pero cierto. ¡ Era Valentín González “El Campesino” en persona!… y no le reconocí porque el hombre que tenía delante no tenía nada que ver con “El Campesino” barbudo, desaliñado, con la gorra ladeada, guerrillero, miliciano, chuleta, malcarado y rechoncho de las fotos de la Guerra Civil en las que aparece. Era un tipo sin barba, quizás recién afeitado, delgado, frente amplia y pómulos muy fuertes… y curiosamente bien vestido.

Ya sentados en el restaurante, uno que había muy cerca del periódico, en  la Cruz de los Caídos de Ciudad Lineal esquina Alcalá, al que llamábamos “EL Gloria Bendita” por lo que decía siempre su dueño cuando se le preguntaba por la carta, supe enseguida que los tres habían sido buenos amigos durante la Guerra. Eduardo de Guzmán, como Director de “Castilla Libre”, el periódico de los anarquistas; Lucas Reguilón, como jefe de milicias de la zona de Gredos y “El Campesino” teniente coronel del famoso V Regimiento (luego sería general).

Ni que decir tiene que allí, durante dos horas y pico, sólo se habló de la Guerra y de las “batallitas” vividas por los tres. Bueno, eso sí, hubo un momento que yo les puse sobre el tapete la España actual (naturalmente cuando digo actual me estoy refiriendo a la España de aquel momento y con Franco recién muerto) y las palabras de los tres tenía que haberlas grabado, pues viniendo de un anarquista y dos comunistas (de los de verdad) sorprenderían a los antifranquistas de hoy.

Pues, todo lo que decís es poco — comenzó diciendo Valentín, así le llamaban sus amigos—, quizás porque nunca estuvisteis en la Rusia comunista… Vamos a ver, y lo digo yo, que conste, esta España en la que vivís, y a la que por fortuna he podido regresar, está claro que no es la nuestra, la de entonces, porque aquella era “la posá la estrella”, un patio de vecinos malavenidos y muertos de hambre, y esta…esta es ¡¡¡ UN PARAISO!!!…¡Ah, cabrones, si hubiérais vivido en “el Paraiso comunista”!… Os aseguro, que vuestro Dictador Franco al lado del GRAN PADRECITO STALIN es un alma de la caridad y vuestra policía ángeles de Dios en comparación con la NKVD… y vuestras cárceles en comparación con la LUBIANKA  son residencias veraniegas con piscina incluída. No sabéis vosotros cómo vive el pueblo ruso. ¿Libertad? ¿Igualdad? ¿Democracia?…¡¡¡ Mentira !!! Aquello es un infierno… Eso sí, los jerifaltes viven como faraones… Me gustaría que hubiéseis visto la Lubianka… a su lado las cárceles españolas son residencias para turistas alemanes en la Costa del Sol y ese policía del que tanto hablais, sí, ese “Billi el Niño”, allí habría sido enviado a Siberia acusado de seminarista.

— Anda, Valentín, no seas malo y cuéntale a nuestro amigo Merino cómo viviste tú  en Rusia y cómo conseguiste escapar –le dijo Lucas Reguilón,”El último guerrillero de España”, según el libro que acababa de publicar.

—  ¿Es verdad, compañero, que conseguiste salir gracias a vuestra Dolores y al Carrillito? — añadió con sorna el anarquista, el ya famoso autor de sus obras sobre la Guerra (“La muerte de la Esperanza”, Premio “Memorias de la Guerra Civil Española” 1973; “El año de la Victoria” y “Nosotros los asesinos”).

— Mira, Eduardito, si no quieres que me levante ahora mismo y me marche ni menciones a esos hijos de puta.

—  JÁ, JÁ, JÁ… y la carcajada de los amigos debió  retumbar hasta en la cercana Cruz de los Caídos.

—    No, y dejaros de cachondeos, que estamos hablando de cosas serias… y vosotros sabéis muy bien lo que fueron esos traidores que habéis mencionado… No, he pensado, que mejor que yo hable es que el Sr. Merino lea mi libro y por eso le he traído un ejemplar… — y sin esperar más sacó del bolsillo de su chaqueta un libro y me lo entregó: “YO ELEGÍ LA ESCLAVITUD” mis vivencias en el infierno comunista.

¡Dios, y les aseguro que aquella noche no pude dormir! … y el español que lo lea se llevará las manos a la cabeza incrédulo.  Pues, después de escuchar el relato del verdadero “Campesino” en persona se acaban las dudas.

Ahora, pasen y lean las páginas que les reproduzco. Son las que le dedica a su estancia en la LUBIANKA, la cárcel estrella de Moscú… y comprenderán por qué me preocupa el futuro si no se les pone freno a los comunistas de Pablo Iglesias y al “padrecito” Pedro Sánchez.

EN LA LUBIANKA, LA MUERTE ES UNA SUPREMA LIBERACIÓN

En torno a los famosos procesos de Moscú y a los que asistimos actualmente en las mal llamadas “democracias populares”, una cosa intriga particularmente a la opinión mundial: la explicación de las increíbles confesiones.    ¿Por qué se abruman a sí mismos los acusados con delitos que no son, que no pueden ser ciertos? ¿Por qué se condenan a sí mismos al deshonor y a la muerte? ¿Inyecciones…? ¿Hechicería…?

La respuesta me parece, a la vez, mucho más complicada y mucho más sencilla. Sin creer en la tesis del supremo sacrificio político hecho por esos hombres a la causa, al partido, a la disciplina -a esos dioses creados por ellos mismos y que han acabado siendo su única razón de ser-, he de decir que cualquiera que haya pasado por la instrucción de uno de esos procesos en la Lubianka -y en cada país satélite existe ya una Lubianka–, puede explicarse fácilmente el mecanismo de las confesiones. En el curso de esos procesos, la muerte acaba siendo suprema y anhelada liberación. La única posible. Continuará.

WordPress theme: Kippis 1.15