INFIERNO DE TRAIDORES: ESPAÑA EN LOS CÍRCULOS DE DANTE. Diga lo que diga Bergoglio, el infierno existe. Es más, tenemos a nuestra disposición muchos infiernos, aunque, como diría Paul Eluard, están en éste: es decir, en España.

Quema de contenedores en Cataluña.

Por Laureano Benítez Grande-Caballero

A ellos se accede por puertas, llamadas «hellgates», que pueden semejar igual un tendido taurino que un vomitorio tipo Coliseo. Al entrar por ellas, los condenados dan un salto al hiperespacio estilo «hell wars», y aparecen allí, en, giro, pozo, fosa, o zona de algún círculo infernal de los que Dante describió en su «Divina Comedia».

Infierno típico de la latitud española ―que además lo tenemos encajado en el paralelo 155― es el que se abre en las finales de la Copa del Rey, cuando la turbamulta de zombies catalanitas silban al himno de España y al Rey, ante la completa inacción de las autoridades competentes, y ante el estupor de todo el mundo mundial, donde hechos como éste acarrean la inmediata suspensión del partido.

Incluso se podría hablar del «infierno de la banderita», pues no hay problema en que los catalanitas lobotomizados hagan tremolar su infernal estelada, por aquello de la «libertad de expresión», típica puerta a los infiernos españoles, custodiada además por un Caronte que en su horrible rostro exhibe impúdicamente la sonrisa sardónica de un Artur Mas de esos, custodio de alguna puerta infernal, sin duda.

Arriba: El infierno de Dante.

todo infierno, éste ―cuya portada también se abre cuando se queman banderas y se denigra cualquier vestigio de hispanidad― tiene ―como diría el mismo Dante― varios círculos, que podemos catalogar también como verdaderos infiernos.

Por supuesto, el primer círculo sería el formado por los cobardes, forjadores de un infierno de muchos quilates, que son aquellos que contemplan el insulto a España sin cometer méritos ni infamias, según afirmación dantesca. No solamente son condenados a este círculo las autoridades que, pudiendo evitar el escándalo hispanófobo, se lavan las manos, sino que también son arrojados a este infierno de cobardes todos los que asisten a estos espectáculos de silbatinas y piras sin oponer la tremolación de banderas españolas y aplausos al himno, para enfrentarse a los impresentables estelados.

Celebración de la Diada en 2015

Según Dante, penan en este infierno los inútiles, los indecisos, aquellos que a su paso por el mundo no habían dejado huella. Su tormento consistía en correr desnudos, sin reposo, acosados por insectos y avispas ―muy posiblemente cuatribarrados― que les pican en todo el cuerpo. Pero lo más tremendo es que, como carecen de voluntad para tomar cualquier decisión, jamás podrán cruzar el río Aqueronte, permaneciendo en tierra de nadie por toda la eternidad. Un ejemplo típico de personaje de este infierno es Poncio Pilatos ―del que, por cierto, hay gente que dice que nació en España. Pues le cuadra bastante, todo hay que decirlo―. Estos inútiles e indecisos suelen decir que el gobierno les ha abandonado en Cataluña, dejándolos a merced del infierno separatista durante 40 años. Es así como, con esta justificación, no se han opuesto combativamente a la inmersión lingüística, a la persecución contra los españolistas, al horrible lavado de cerebro perpetrado por los medios de comunicación del secesionismo, apesebrados por la Generalitat con fondos públicos. Si se hubieran echado a las calles como en octubre pasado, pues posiblemente todo habría sido diferente.

Es así como han estado 40 años sin atreverse a cruzar el Aqueronte, para intentar cerrar las puertas del infierno que se les tragaba sin remisión. Mientras las «Diadas» reunían a más de 1 millón y medio de personas, ellos no congregaban a más de 15.000 personas en alguna plaza de Cataluña.

Tampoco se movilizaron contra la escandalosa manipulación de la historia que se ejecutó en los centros de enseñanza, en donde se abrió una puerta que llevaba al infernal círculo de la hispanofobia.

Este infierno de los cobardes lo ubica Dante en el pantano de la Estigia, donde aquellos que gastaron su vida en la inmovilidad del espíritu son privados de aire y palabra, del mismo modo que se privaron de las obras en su vida perezosa.

En la foto: Felipe González y Jordy Pujol

Hay luego círculos, fosas y zonas del infierno especializados en malversadores, en ladrones, en consejeros fraudulentos, en falsificadores, etc… como vemos, todos muy españoles, pero entre ellos destacan sobremanera dos: la novena fosa del octavo círculo, donde son atormentados los sembradores de discordias, tanto civiles como religiosas, cuyo castigo llama la atención, ya que son mutilados por un diablo que, tan pronto como cierran sus heridas, las vuelve a abrir, simbolizando con la separación de sus órganos las nefastas divisiones que causaron a la humanidad. Así que, ojo al dato, porque esto es aviso para navegantes.

Miembros europeos del club Bilderberg.

Más la apoteosis infernal «made in Spain» tiene lugar en el último círculo, donde son confinados los traidores, encerrados en un inmenso lago de hielo llamado «Cocito». Da igual que la felonía fuera contra los parientes o contra la Patria, pues frecuentemente incurrieron en su vida en más de una traición. Ni que decir tiene que las estrellas de este círculo son Caín, Judas, y Bruto. Aunque, si se actualizara, ya sabemos a quiénes podríamos arrojar a él.

Llama la atención que Dante sitúa en este infierno más profundo ―castigados por el mismo Lucifer, el primer gran traidor― a los traidores a las más altas instituciones, insertándolos en el hielo como si fueran mamuts protohistóricos, pero en diferentes posiciones, según a quién hubieran traicionado.

¿Qué personajes tendríamos en el «Cocito»? Pues ahí tendríamos hibernados a la flor y nata de todos nuestros gobiernos democráticos, encerrados en régimen de esclavitud en el «Círculo Bilderberg», felones que destrozaron España incluyendo el concepto de «nacionalidades» en una malhadada Constitución, que empapeló nuestros infiernos, que dio salvoconducto a los traidores, que exculpó a los cobardes, que concedió la educación, la seguridad y los medios de comunicación a dantescos catalanitas, que ejercieron una demoníaca complicidad con los golpistas desde la Transición.

A estas alturas de la película, ¿puede haber algún español ignorante del hecho de que Bilderberg pilotó nuestra Transición y nuestra democracia con el exclusivo propósito de debilitarnos como nación, arrasando nuestra industria y conspirando para llevarnos a una España Federal pasto del NOM?

Porque lo diré más claro y más alto, y todas las veces que sea necesario: la escandalosa pasividad de los gobiernos con el separatismo catalán, culminada con una inacción de juzgado de guardia con el golpe del otoño pasado, no se debe a la cobardía, ni a la indecisión, ni a la ineptitud, sino a la complicidad: la vista gorda ante la construcción en Cataluña de estructuras de Estado, las leyes de desconexión del 6 y 7 septiembre, el referéndum del 1-O, la fuga de golpistas, la impunidad de la que gozan en Europa, el increíble silencio del Gobierno en los medios de comunicación a la hora de oponerse a la propaganda sediciosa, y el monstruoso apoyo de Rajoy y Montoro a la humillación judicial alemana son pruebas incontrovertibles de que este infierno está pactado, de que los golpistas actúan en connivencia con el Gobierno, formando una infernal confabulación de felones que sumirá a España en el más profundo de los círculos dantescos.

Pero, aunque no merezcamos que nos cite Dante por ser personas sin especial relevancia, también seremos condenados al lago «Cacito» todos aquellos españoles que, a la vista del insoportable hedor a azufre que emana de estas puertas infernales, hemos permanecido impávidos, indiferentes, perezosos, pasotas, inactivos, frente a la apocalíptica marea secesionista. Porque nadie puede alegar ignorancia, desconocimiento de este maquiavélico complot, ante la magnitud y profundidad de las pruebas que lo demuestran.

No podemos, pues, excusarnos, diciendo aquella frase machadiana de que «el vacío es más en la cabeza», porque la desolación está más bien en los corazones, helados por una pasmosa indiferencia que desemboca en una alevosa complicidad con la hispanofobia. Y así, del infierno de cobardes hemos pasado al infierno de los traidores.

Puigdemont a su salida de la cárcel alemana.

Hay muchas frases descollantes que ponen de relieve cómo la inacción borreguil de la «mayoría silenciosa» alienta a los perversos: «Los tontos se multiplican cuando los sabios guardan silencio» (Mandela); «Debemos tomar posturas. La imparcialidad ayuda al opresor, nunca a la víctima. El silencio alienta al verdugo, nunca al torturado» (Elie Wiesel).

Y la más dantesca de todas: «El lugar más caliente en el infierno está reservado para aquellos que permanecen neutrales en tiempos de gran conflicto moral» (Dante Alighieri).

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