LA “GUERRA DE RELIGIÓN” Y EL ASESINATO DEL PADRE JACQUES HAMEL. “La verdadera palabra es «guerra» (…) Cuando yo hablo de guerra, hablo de guerra en serio, no de una guerra de religión, no (…) Alguno puede pensar: «está hablando de guerra de religión». No. Todas las religiones queremos la paz. La guerra la quieren los otros. ¿Comprendido?”

PADREJACQUESHAMELASESINADOPORISIS

Por, Ernesto Alonso

Estas son algunas de las palabras que dijo el Papa Francisco a los periodistas mientras viajaba en el avión que lo transportaba hasta Cracovia, Polonia, para participar de la Jornada Mundial de la Juventud. La ocasión fue, precisamente, el asesinato del P. Jacques Hamel en su iglesia parroquial de Saint-Etienne-du-Rouvray (Normandía), acuchillado por dos terroristas islámicos mientras celebraba la Santa Misa. El asesinato se produjo el martes 26 de julio y las palabras del Papa un día después.

El Papa dijo haberse sentido “particularmente turbado por este hecho de violencia que ha tenido lugar en una Iglesia durante la liturgia de la Misa y ha implorado la paz de Dios sobre el mundo”. Turbado, sí ciertamente, pero da la impresión de que no ha querido definir las cosas por su nombre. No ha querido llamar por su nombre a los terroristas ‒¿acaso por temor a que el Islam asuma posiciones más enconadas ahora que ha consumado su primer sacrificio en tierra europea?‒; no ha querido llamar ´martirio´ al asesinato del Padre Hamel, cuando sí ha hablado de mártires con ocasion de las incontables matanzas de católicos en Medio Oriente a manos de musulmanes también. No ha querido, por último, referir los categóricos términos “guerra de religión”.

No son omisiones inocuas que ahorrarán vidas o que mantendrán la ilusión del ecumenismo con el Islam. El Islam, y lo ha de saber bien el Papa Francisco, es un enemigo histórico del Cristianismo y de la Iglesia y la ha perseguido cuanto ha podido. Y hoy lo está haciendo sino con más saña sí con mayor ventaja pues cuenta a su favor con la indefensión voluntaria del Catolicismo. Los asesinos han sacrificado al Padre Hamel no por cuestiones políticas, estratégicas o por el “dominio de un pueblo sobre otro”. A ellos los anima una inspiración religiosa, tan tenaz cuanto perversa, que no acaba de cristalizar en guerra abierta porque la contra-parte no replicará los ataques.

Pero el Islam está en guerra contra el Catolicismo y en “guerra religiosa” desde hace siglos. Es necedad o defección no ver claramente esa realidad. Las omisiones del Papa Francisco se conjugan, lamentablemente, con las presuntas y oscuras intenciones de las autoridades religiosas del Islam que no han denunciado ‒ni parece que lo harán‒ con voz clara, firme y unánime las atrocidades cometidas en nombre de Alá por parte de sus correligionarios.

Ninguna voz del Islam se ha alzado para declarar con firmeza que los degüellos de cristianos nada tienen que ver con la pacífica religión del profeta Mahoma y del grande Alá. “Si el Papa Francisco anunciase el inicio del proceso de canonización del padre Hamel daría al mundo una señal inequívoca, vigorosa y elocuente, de la voluntad de la Iglesia de defender su propia identidad”, ha dicho con lucidez y valentía Roberto di Mattei en su artículo “I primi martiri dell´Islam in Europa” (Il Tempo, 27/07/2016, reproducido en “Corrispondenza Romana” del mismo día).

Mientras tanto sigo confirmando que la revolución del lenguaje no consiste solo, ni principalmente en ocasiones, en la transmutación de los significados sino en la omisión de palabras que evocan significados que debieran estar pero que no conviene que estén presentes.

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