LA HISTORIA EN LA MEMORIA: UNA SERIE QUE ASOMBRA AL ASOMBRO- CUARTA PARTE: JULIO ANTONIO MELLA, NATASHA MELLA, MI SALIDA DE CUBA Y EL MARTIRIO DE LOS KENNEDY

En la foto de noviembre de 1955: Fidel Castro hace uso de la palabra. Preside la mesa Luis Conte Agüero, en el teatro Flagler de Miami, recolectando dinero para financiar la expedición para desembarcar en Cuba (Pies de fotos: Nuevo Acción)

Por, Luis Conte Agüero

CASTRO: A Conte Agüero lo conocí yo en la Universidad. Me recuerdo que la primera vez, el primer año que ingresé en la Universidad, él aspiró a Presidente de la FEU, y yo lo apoyé.

Lo había oído hablar; me pareció una persona inteligente. Hablaba bien, hablaba “bonito” y me pareció que estaba bien inspirado. Yo no podía tener en aquella época demasiado elementos de juicio ni demasiada capacidad para analizar las personas, pero tenía la opinión de que estaba actuando bien… Después, salió de la Universidad, se dedicó a la vida pública. Siempre fui amigo de él; no sé si él fue amigo mío (¡Increíble!) En aquella época él era Luis Conte Agüero, yo no era nadie. Él hablaba mucho por radio, tenía un prestigio y siempre mantuve ese buen concepto de él; siempre mantuve amistad hacia él, aun cuando él era, como dije antes, un personaje.

Después, en el Partido Ortodoxo, pues también mantuve esa amistad y esa vinculación, más o menos, dentro de la misma línea, dentro del Partido, y así más o menos, se mantuvo la relación hasta que se produjo el 10 de marzo de 1952.

El 10 de marzo de 1952 el tiempo que él tuvo… entiendo, a reserva de que alguien pueda demostrar lo contrario, entiendo, que tuvo una postura correcta. Fue, habló… en Santiago hubo un conato de resistencia en aquellos días. Después de aquel incidente vino lo del Moncada, vinieron los asesinatos del Moncada, y entonces creo en aquello días él pudo hablar, no sé si en Santiago, no sé si en La Habana; y habló y dijo algo como una despedida de duelo de los que habían sido asesinados por la tiranía. Es decir, que desempeña un papel que para nosotros fue un motivo de reconocimiento y de gratitud, en aquellos momentos en que vivíamos bajo la amargura de los crímenes que se habían cometido. Bajo la confusión aquella, la falta de información, nosotros realmente considerábamos que había sido con agradecimiento el papel que él había desempeñado diciendo algunas palabras a favor de aquellos compañeros. Eso naturalmente lo identificó con nosotros y nos identificó a nosotros con él.

Y en los meses posteriores, cuando ya había transcurrido el juicio del Moncada, y estábamos nosotros en la Isla de Pinos cuando él volvió a hablar por radio, se constituyó en un defensor de nosotros y nosotros lo oíamos todos los días cuando estábamos en las prisiones, sus editoriales, sus escritos favorables a nosotros, defendiéndonos.

En fin, se había identificado con lo que nosotros habíamos hecho y nos defendía, lo cual era un motivo de gratitud y de reconocimiento por parte nuestra, porque en realidad, en aquellos momentos en que no se podía escribir, aquellos momento de ambiente de política y en aquellas circunstancias, cualquier palabra – aunque entiendo que es un deber defender lo que es justo, lo que tiene razón de ser- casi tenía que convertirse en un motivo de gratitud y de reconocimiento para el que lo hiciera, porque no eran muchos los que lo hacían.

De ahí nace aquella consideración tan especial que yo tuve por él, que cuando iba a hacer algún manifiesto se lo mandaba, muchas cuestiones de comunicación con el exterior se las enviaba a él. Le escribía expresándole esa gratitud alentándolo a que siguiera trabajando. Es decir, que yo reaccioné de acuerdo con la forma en que él se había comportado. Entendía que se había comportado bien, que nos había defendido y quizás en una gratitud excesiva para lo que estaba haciendo, se lo expresé en las distintas cartas que le escribí en las distintas comunicaciones que hice. Y entiendo realmente que fueron excesivos mis reconocimientos para su trabajo, pero de todas formas, se explica en la situación de una persona que está presa, que no tiene comunicación, que estuvo aislado casi todo ese tiempo, y es la gratitud lógica de todo el que en una circunstancia como esa reciba de alguien un favor o reciba de alguien una ayuda.

Bien yo tenía un motivo de gratitud con Conte y un motivo de reconocimiento y un motivo de amistad. Yo no he traicionado esa gratitud ni ese reconocimiento, sino por el contrario, ese hecho que motivó esa amistad grande y ese reconocimiento de agradecimiento grande por nosotros, lo he mantenido yo, a través de los años, aun cuando hacía mucho rato habían desaparecido la identificación de tipo político entre Luis Conte y nosotros.(Castro fue quien quebró la identificación buscando una revolución sólo para él)) Y esa consideración se la he tenido muy por encima de toda una serie de divergencias, de toda una serie de actos suyos que en momento dado fueron dañinos, que fueron incluso muy dañinos, hasta este momento en que ya no puedo por ningún concepto, ni estoy obligado porque yo tengo obligación con algo que está por encima de todo lo demás, y tengo una obligación con la revolución, y tengo una obligación con Cuba. Y ese sentimiento mío prevalece por encima de cualquier otra obligación. Mientras el daño que había hecho Luis Conte era un daño que podía superarse, mientras el daño que había hecho Luis Conte era un daño personal, si se quiere, pero no un daño que pudiera ser de gran perjuicio para la revolución, se le podía pasar por alto, pero no podía ser lo mismo cuando ya tenía la envergadura del daño, el daño hecho a la revolución y de la intención que Luis Conte le estaba haciendo. Cuando nosotros salimos de las prisiones, allí estaba Luis Conte. Era natural, nuestro amigo más distinguido. También con él fuimos a su estación porque en todo momento, le respondimos con esa amistad y con esa consideración (Castro piensa que me hace un favor porque participa en mi programa radial) a lo que había hecho por nosotros, y todo el mundo lo sabe, e incluso cuando dimos después algunos actos después en el extranjero lo invitamos a que fuera y que escribiera. Pero en el momento en que nosotros salimos de la prisión ya Luis Conte no pensaba igual que nosotros.

Él pensaba igual que nosotros o parecía pensar igual que nosotros, mientras que nosotros estábamos en las prisiones. El entonces seguía la línea de defendernos, de defender nuestros intereses, en fin, de hacer causa común con nosotros, hasta el mismo día en que salimos de la prisión.

(Era mi deber defender a los presos coincidiera con ellos o no. Hice lo mismo en menor grado con los militares de Barquín. ¿Debe coincidirse ideológicamente con los presos patrióticos para defenderlos?)

Los primeros días hubo, si acaso, una actividad paralela. Yo no creía que en Cuba se pudiera resolver los problemas por las vías normales de las urnas y del voto y de la política; no lo creía. Más sin embargo, cuando salí de la prisión lo primero que me propuse fue no actuar de la forma en que quería … Así no fue quedando nada más que “Bohemia”, y publicar un artículo  en el periódico La Calle donde escribía de vez en cuando. (¿Le parece poco la revista Bohemia?)  La tiranía de Batista, como parte de su sistema politiquero de siempre, permitía la oposición, es decir, una oposición suya, sola, hecha a la medida de sus intereses  (Insulta a la oposición que lo liberó. Y no permite hoy oposición alguna)

Lo que no permitiría jamás la tiranía batistiana es que le discutieran el poder mediante el sistema político de elección popular. (Retrata el presente) Quien estuviera en aquella línea estaba renunciando a las conquistas del poder y estaba sencillamente, haciéndole el juego a la tiranía, estaba luchando por ventajas de tipo personales, ventajas del tipo de representantes, de alcaldes, de senadores, de aquellas cosas que antes eran los valores que movían aquí las aspiraciones de las personas, de los políticos.

En la foto: parte de la plana mayor del PPC (Partido del Pueblo Cubano) “Ortodoxo”. Fidel Castro detrás de Eduardo Chibás y Roberto Agramonte. A la derecha de la foto: Luis Orlando Rodríguez, Manuel Bisbé y Francisco Carone Dede.

(Castro aspiró a Representante a la Cámara. Fue el Partido Ortodoxo el que rehusó toda solución electoral que no fuera de fondo, de ahí su abstención.)

Fue la declaración que hice al salir. Ya en ese momento, Conte Agüero estaba en absoluta discrepancia con nuestro modo de opinar .

(Absoluta discrepancia y me invitaba a sus actos? ¿Olvidó su elogio en el Teatro Flagler, Miami, a dos “hombres sin miedo?).

Luis Conte Agüero pensaba que eso era una cosa romántica, errónea por completo, que la época de los mambises se había acabado aquí para siempre, que las ideas mías en materia de insurrección, eran propias de las caballerías y el machete, que era absolutamente imposible, que el camino correcto era el camino de él. A Luis Conte no lo clausuraban. (Sí me clausuraban) ¿Por qué no clausuraban a Luis Conte? ¿Por qué lo dejaban hablar y lo dejaban escribir, y no le quitaban de la televisión y no le quitaban nada? Y ¿Por qué no le quitaban nada? Sencillamente porque no constituía ningún peligro para la tiranía. (Ningún peligro ¿y lo saqué a él de la prisión?) Desde aquel momento comenzamos a distanciarnos políticamente aunque se mantenía la amistad. Lo invitábamos cuando teníamos algunos actos en Estados Unidos. El mantenía sus puntos de vista político; nosotros el nuestro.  Se mantenían las consideraciones personales. Sin embargo, aquella relación de tipo personal se fue enfriando mucho, en la misma medida en que su línea chocaba con la línea de los compañeros que como Ñico (López), y todos aquellos compañeros que fueron fundadores del Movimiento se dedicaron a trabajar aquí, en la clandestinidad y en la misma medida en que las posiciones de nuestra gente dentro del Partido Ortodoxo eran distintas a la posición de Luis Conte Agüero aquí en La Habana.

Y las diferencias políticas se iban convirtiendo ya incluso en una hostilidad de tipo político. .. Aquella hostilidad hizo crisis en aquella junta, en aquel embarco del Granma, (De qué habla? ¿Por qué mentir tan gratuitamente?) e hizo crisis en aquella junta, en aquella reunión de los yesistas, del Palacio de los yesistas, tengo entendido.

(¿”Tengo entendido”? ¿Y era decente tratar de romper por la fuerza la reunión de un Partido político?)

Allí, pues, la posición de Luis Conte junto con Millo Ochoa y otros líderes del Partido era una posición diametralmente opuesta a la posición insurreccional, era una posición electoralista

(Miente. Se prefería la salida pacífica. Sin embargo, no se vaciló un instante en apoyar la insurgencia militar. Fue Castro quien la rechazó porque si no era su obra no era de nadie. El poder tenía que ser para él.)

Conte era de los que contemporizaba con aquella situación… aquel poder impresionaba demasiado, a Luis Conte Agüero

(No me cansé de desafiar ese poder con la palabra y con los puños en el riesgo diario, mientras Castro leía volúmenes en la Sierra)

El hacía una cómoda oposición, bastante cómoda (Bastante incómoda) Alguna vez se lo llevaban preso, posiblemente en represalia por sus pronunciamientos antigubernamentales (¿Posiblemente?) Nosotros teníamos noticias de Conte Agüero. Conte Agúero seguía hablando por radio y escribiendo.  (Beneficiaba a Castro. Sin los medios de prensa, Castro no existía)

Todavía podíamos seguir teniendo un recuerdo de gratitud por lo que había hecho cuando estábamos presos; alguna consideración personal, por lo que había hecho; perdonarle (El dios perdonador) en el orden personal las diferencias políticas, pues aunque él no creyera en eso, y creyera en otra línea, eso no iba a ser decisivo, con eso no se iba a decidir la guerra. La guerra iba a depender de otros factores y, por lo tanto, se le podía perdonar. Había muchos que no creían tampoco y en definitiva, ellos no incurrían sino en el error en que incurrían muchos, aunque, desde luego, su línea política era diametralmente opuesta a la línea mantenida por nosotros.  (No cesa de mentir. La policía de Batista me calificaba oficialmente de “enemigo acérrimo” y yo no hacía concesiones al régimen)

Estábamos empezando el año 58 … la tiranía tenía ya que implantar, casi consuetudinariamente, el sistema de la represión, el sistema de la persecución, el sistema de ahogar toda manifestación de oposición en el pueblo, en los trabajadores. (¿Describe su régimen actual?)  ¿Y dónde estaba Conte? Conte, tuvimos noticias de él. Conte, tuvimos noticias de Conte … que me escribió aquella carta … Y entonces tuvimos noticias de Conte.

¿Qué noticias tuvimos de Conte? Ese Conte que nos había defendido cuando estábamos en la prisión? En vez de exhortarnos a seguir luchando, este señor Luis Conte, pretende lograr para él lo que no habían logrado todos los regimientos de la tiranía, y lo que no había podido conseguir con sus tropas y sus regimientos, lo intenta conseguir este señor. Y entonces Luis Conte Agüero la primer gran falta, falta que él dice incluso ahora que no se arrepiente de ella y que fue aquella “Carta al Patriota”.

(Me visitaron en Radio Progreso y se dijeron emisarios de Castro un Teniente Hernández, y Gregorio Isaac, de 20 años de edad, miembro de la Juventud Ortodoxa y que estudió en la Escuela Pública # 4 de Palma Soriano.  ¿Quién los envió? Manifestación horrenda de perfidia. No exigí un documento manuscrito de Castro porque lógicamente él no hubiera dejado esa constancia. Obsérvense entrevistas concedidas por Castro a periodistas norteamericanos donde hace planteamientos como que le dejen la provincia de Oriente para negociar desde esa posición. Castro dice que hacía esas peticiones exageradas que impedían la negociación. O sea, las hacía. Es muy fácil hoy desde la victoria negar que entonces tanteó arreglos.  Castro lee y califica de traidora la Carta al Patriota, no pensando en el pasado cuando la escribí sino evidentemente enloquecido porque en este presente se dificultan sus planes de llevar el país al comunismo sin que el país lo advierta. Quiere comunizar a un pueblo rendido sin reservas a un sueño de felicidad. ¡Paredón a quien se atreva a despertarlo!)

Este señor no sé cómo se las arriesga para dejarse engañar, porque se engaña el que quiere,  porque mucha casualidad que el único engañado fuera él… el único engañado fue Luis Conte…Este es un mentiroso y un descarado y basta ya de farsa… Llegamos a La Habana y nos encontramos al señor Luis Conte Agüero. Era el mismo Luis Conte Agüero de la Carta al Patriota,  era el mismo Luis Conte Agüero del Teniente Hernández, era el mismo Luis Conte Agüero del otro mensajero, era el mismo Luis Conte Agüero de toda aquella campaña que, en fin, nadie hizo más que él porque esta guerra no se llevara adelante. (Continuará)

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