LA OPERACIÓN “WALKIRIA” CONTADA DESDE EL OTRO LADO: EL GOLPE DE ESTADO, POR OTTO SKORZENY, EN SU LIBRO “MISIONES SECRETAS”- SEGUNDA PARTE

Schellenberg (Walter Schellenberg, foto de la izquierda), ascendido a jefe de brigada de las S.S me recibió y me contó ciertos detalles. Según él, en centro del pronunciamiento estaba en la Benderstrasse, es decir, en la jefatura de las oficinas del Ejército de Interior. Schellenberg estaba muy pálido y anhelante. Sobre su mesa, al alcance de la mano, se veía un gran revólver.

-La situación es confusa y está llena de peligros—me explicó–.En todo caso, si ellos llegan hasta aquí, me defenderé. Ya he mandado a distribuir pistolas ametralladoras a todos mis funcionarios. ¿No podría Ud. mandar a venir—pero tendría que ser enseguida—una de sus compañías para asegurar la protección del edificio?

Lo cierto es que, en mi agitación, me había olvidado por completo de llamar a mis tropas. Por fortuna las comunicaciones telefónicas funcionaban perfectamente. Pronto obtuve comunicación con Friedenthal  y pregunté por el capitán Foelkersam.-Ponga al batallón en estado de alerta. El capitán Fucker asumirá el mando, y esperará las órdenes, que no podrán venir más que de mí personalmente. Envíe inmediatamente a la primera compañía a la oficina central de las SS, dónde yo estoy en este momento. Usted y el cadete Ostafel, a quien nombro provisionalmente mi ayudante de órdenes, cogerán una ametralladora y saldrán a todo gas para llegar aquí los primeros.

Colgué y me volví de nuevo hacia Schellenberg- Yo creo, le dije, que debería Ud. desarmar a sus funcionarios. Me da miedo ver a esos chupatintas gesticulando con las pistolas. Por otra parte, he tenido que zurrar un poco a un escribientillo, al llegar; lo encerré en el sótano y no fue capaz de salir del atolladero con su juguete. De todas maneras, si “ellos” llegasen aquí antes que mi compañía, lo mejor que podrá Ud. hacer es huir, porque con el revólver no los mantendrá a raya.

Le abandoné a sus sombrías reflexiones y salí a la calle. Con febril impaciencia esperaba a von Foelkersam y Ostafel, quienes, al cabo de una media hora parecieron en medio de una nube de polvo. Habían debido de arrear como locos. Como carecía de órdenes resolví ver lo que pasaba por Berlín. Foelkersam se quedó en las oficinas centrales de las SS y yo le prometí llamarle de vez en cuando para tenerle al corriente.¡Que lástima que no estuviésemos equipados con esos pequeños aparatos de radio—los walki talki—que usaba el ejército americano.

Me metí en el coche y fui directamente al barrio de los Ministerios, dónde todo parecía completamente tranquilo. Quise llegar luego a la Plaza de Fehrbellin donde estaba el cuatel del general de las fuerzas acorazadas Bolbrinker, a quién conocía personalmente. Allí ofrecían las calles un aspecto menos pacífico; una gran avenida que desembocaba en la plaza estaba obstruida por dos enormes carros, pero bastó que dirigiese el coche  hacia allí para que me dejasen pasar. Realmente “la revuelta” no era tan grave como decía Schellenberg. El general Bolbrinker me recibió inmediatamente. No sabía gran cosa y se preguntaba lo que debía de hacer.  Por orden del comandante en jefe del Ejército del Interior había traído sus unidades acorazadas en Wunsdorf, a Berlín, y las había concentrado en los alrededores de la plaza de Fherbellin, para tenerlas a mano. A la saz162n aguardaba los acontecimientos.

-Además, me dijo, he decidido no obedecer más órdenes que las de inspector de las fuerza acorazadas, o sea, el general Guderian en persona. ¡ El diablo que entienda ese lio! Mire Ud., me han pedido, por ejemplo, que envíe destacamentos armados de reconocimiento contra los cuarteles de las Waffen SS. ¿Qué opina usted eso Skorzeny?- Bueno—dije encandilado con aquello—no estamos en guerra civil. Yo creo que sería muy imprudente obedecer una orden tan insensata. S Ud. le parece, mi general, voy a llegarme al cuartel de Lichterfelde para ver lo que pasa allí. Le llamaré desde el cuartel mismo. A mí me parece que nuestro deber consiste en conservar la sangre fría. (Continuará)

Si le interesa leer la primera parte, pinche el siguiente enlace:

LA OPERACIÓN “WALKIRIA” CONTADA DESDE EL OTRO LADO: EL GOLPE DE ESTADO, POR OTTO SKORZENY, EN SU LIBRO “MISIONES SECRETAS”- PRIMERA PARTE

 

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