LA OPERACIÓN “WALKIRIA” CONTADA DESDE EL OTRO LADO: EL GOLPE DE ESTADO, POR OTTO SKORZENY, EN SU LIBRO “MISIONES SECRETAS”- TERCERA PARTE

En la foto: General Kurt Student, Jefe del Cuerpo de paracaidistas alemanes

Notoriamente aliviado el general aceptó mi propuesta y yo partí. En Lichterfelder, mi antiguo cuartel todo estaba tranquilo aunque el batallón de reserva y las otras unidades se mantenían en estado de alerta. Tuve una breve conversación con el teniente coronel que mandaba las tropas y le sugerí encarecidamente que diese una prueba de prudencia, es decir, que se abstuviera de acción alguna, pasara lo que pasara. A continuación llamé al general Bolbrinker para anunciarle que las SS no pensaban intervenir. Luego llamé a Foelkersam, que me participó la llegada de mi compañía. Le ordené que la tuviese a su disposición en el patio grande de las oficinas de las SS.

Solo entonces pude darme cuenta de la situación. A decir verdad aún no la comprendía muy bien. Era posible que una orden del general que manda el Ejército del Interior, hubiera puesto en marcha algo así como un dispositivo de alerta, sin duda hacia el mediodía. Pero al mismo tiempo de haber habido en varios sitios, fluctuaciones, órdenes y contraórdenes, que, manifiestamente no respondían a un plan de conjunto. En resumen, el asunto no me parecía serio. Sería una equivocación tomarlo por lo trágico, puesto que las unidades acorazadas estaban arma al brazo y las Waffen SS no habían recibido órdenes.

En suma: No se había quién se había sublevado ni contra quién. Pero por pueril que pueda parecer la intención no dejaba de ser criminal en el momento, en que, tanto en el Este como en el Oeste, nuestros soldados se batían con el valor que da la desesperación. Mientras iba rumiando tan poco regocijados pensamientos, me acordé de repente de que el general Student debía encontrarse también en Berlín. Rápidamente me dirigí hacia el Wannsee, uno de los muchos lagos que rodean la ciudad, y a cuyo borde estaba instalado el Estado Mayor de las tropas aerotransportadas. Los oficiales no sabían nada. No habían recibido instrucciones. Solo supe que el general pasaba la velada en su casa en Lichterfelde. Arranqué de nuevo llevando en mi coche al ayudante de órdenes del general, que me acompañaba para recibir, llegado el caso, sus órdenes.

Entretanto, había caído la noche, hacia las dos llegamos a la pequeña quinta, donde nos esperaba un apacible cuadro. En la terraza y envuelto en una amplia bata de casa, el general estudiaba una montaña de expedientes a la luz de una lámpara. Cerca de él, bordada su mujer. No pude evitar en pensar en lo cómico de la situación: Uno de los grandes jefes militares de Berlín se balanceaba tranquilamente en una mecedora de mimbre mientras los conspiradores intentaban un golpe de Estado.

Aunque desde luego, asombrado por la intempestiva hora de mi visita, el general me recibió muy amablemente; sin duda existían aún los lazos que se habían formado entre nosotros el año anterior cuando la liberación de Mussolini. Como anuncié que había ido para un asunto de servicio, su mujer se eclipsó discretamente. En cuanto empecé a poner al general al corriente de lo que había visto y oído. Me interrumpió:–Vamos querido Skorzeny, ¿Qué es esto que me cuenta usted? ¿Una sedición? No, no, es completamente imposible.

Me costó mucho trabajo convencerle de la gravedad de la situación. Por fin consintió en dirigir a los comandantes de paracaidistas una orden concebid en estos a parecidos términos: “Estado de alerta. No cumplir otras órdenes que las emanadas del general Student en persona”.

En ese momento sonó el teléfono. Era el general Goering, que confirmó mi informe añadiendo algunos detalles nuevos: que el atentado contra Hitler había sido perpetrado probablemente por un oficial del estado Mayor del Ejército del Interior. La Benderstrasse—sede de dicho estado Mayor—también había difundido la noticia de la muerte del Fuhrer, y tomado, a la vez, algunas medidas de urgencia. Goering precisó que el único autorizado para dar órdenes era el Gran Cuartel general, o sea El Alto Mando de la Whermacht.  Oí que el general repetía la última frase de las instrucciones dadas por el mariscal del Reich: “Calma y sangre fría para evitar a toda costa incidentes que pudieran degenerar en guerra civil. Comprendido, mariscal”.

Entonces el general no dudó más de mi relato. Después de prometerme mantenerse en contacto conmigo y con el general Bolbrinker llamó uno por uno a todos sus batallones para darles instrucciones. Me despedí y volví,  con toda la rapidez posible a la oficina central de la SS. (Continuará)

Para leer la primera y segunda parte, oprima los siguientes enlaces:

LA OPERACIÓN “WALKIRIA” CONTADA DESDE EL OTRO LADO: EL GOLPE DE ESTADO, POR OTTO SKORZENY, EN SU LIBRO “MISIONES SECRETAS”- PRIMERA PARTE

http://nuevoaccion.com/noticias/la-operacion-walkiria-contada-desde-el-otro-lado-el-golpe-de-estado-por-otto-skorzeny-en-su-libro-misiones-secretas-segunda-parte/

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15