LAURENCE DEBRAY, LA HIJA DE REVOLUCIONARIOS QUE JUGABA CON FUSILES DE ASALTO. La vástaga de los guerrilleros burgueses y bohemios Régis Debray y Elizabeth Burgos esboza en su autobiografía un relato familiar que retrata a toda una generación

Laurence Debray, hija de Régis Debray y Elizabeth Burgos posa en Cuba en 1986. 

Por Daniel Arjona-El Confidencial

Cuando Laurence Debray tenía diez años su padre le advirtió: “Ha llegado el momento de que elijas dónde te vas a situar políticamente”. Ella quería pasar el verano en casa de su amiga Jérémie pero el estricto progenitor tenía otros planes. Viajaría en julio a la comunista Cuba y en agosto a Estados Unidos, su némesis capitalista. Y cuando regresara a Francia en septiembre tendría que elegir con qué sistema se quedaba. La metieron sola con el estómago encogido en un vuelo a La Habana y allí nada más llegar le robaron todo su dinero y le instalaron en los destartalados barracones infestados de mosquitos de un campamento de pioneros en Varadero.

A aquella única niña rubia de ojos azules “entre centenares de niños latinoamericanos comunistas, simpáticos y alegres”, le sorprendió la extraordinaria competitividad que reinaba en un paraíso igualitario en el que por las mañanas les instruían en el tiro con fusil de asalto, por las tardes escuchaban interminables discursos grabados de Fidel Castro y al anochecer encendían hogueras en la playa y quemaban fotografías de Ronald Reagan. Un buen día le advirtieron que no iban a tratarla con privilegios por ser hija de quién era. ¿Y de quién era hija si se podía saber?

Laurence desconocía por completo que su padre, a quien sólo era capaz de imaginarse montado con torpeza en su bicicleta bajo la lluvia parisina, había sido uno de los guerrilleros de máxima confianza del Líder Máximo y su lugarteniente argentino Ernesto ‘Che’ Guevara, al que habría acompañado en su última peripecia en la selva boliviana en la que sería ajusticiado. Régis Debray fue apresado y torturado, condenado a treinta años de prisión y finalmente liberado en 1970 tras una campaña internacional en la que participaron Jean-Paul Sartre, André Malraux, Charles De Gaulle y el papa Pablo VI. Se acusó después a Régis de haber traicionado al Che durante la tortura y confesado los datos cruciales para que las tropas del general Barrientos le detuvieran y asesinaran. Pero en su autobiografía ‘Hija de revolucionarios’ con la que sacudió Francia el pasado año y que ahora edita Anagrama en España, Laurence Debray asegura que no es cierto.

‘Hija de revolucionarios’ somete al escáner de la memoria familiar la peripecia tan siglo XX de aquellos hijos de la burguesía europea que se rebelaron masivamente contra su Edipo capitalista. No fueron tantos, sin embargo, los que recorrieron el itinerario completo del cóctel molotov a empuñar la metralleta en una selva caribeña. “Nada quise saber durante mucho tiempo”, escribe Laurence Debray, “me la habían ocultado; era su historia. Cuando menos sabía, más protegida me sentía. ¿Para qué hurgar en el pasado? Demasiado peso para cargar con él, demasiado molesto. Tenía una infancia por vivir, una vida por construir: prefería seguir adelante. Y avancé por la vida dejando ‘eso’ de lado, en la orilla del camino”.

¿Hija de un delator?

El cajón de sastre habitual a la hora de arojar este tipo de confesiones que luce la etiqueta de “ajuste de cuentas” suena aquí un tanto desfasado y pueril. Es cierto que la ‘hija de revolucionarios’ se declara inmune a la revolución, anticastrista y antichavista furibunda, y relata la vida insurreccional de sus padres con irónico escepticismo cuando no con aridez: “¿Cómo es posible que mis padres aprobaran un proyecto político como aquel, fundado sobre la represión, la exclusión y el poder absolutos? ¿Cómo pudieron pensar que una economía establecida por funcionarios podía ser viable?”. Pero también es verdad que los progenitores ya hacía muchos años que había ejecutado su propio ejercicio de autocrítica a la usanza de su maestro Althusser mudándose, como tantos otros, de la revolución al Eliseo para asesorar al socialista Mitterrand. De escribir el manual clásico del comunismo foquista ‘¿Revolución dentro de la revolución?’ en 1967 a publicar en 2016 un cuasi lepeniano ‘Elogio de las fronteras’.

La participación de Régis Debray en la guerrilla boliviana del Che no fue precisamente épica. En el mítico diario que llevó durante aquellos días de marchas, mosquitos y emboscadas el ídolo revolucionario argentino mencionaba así la llegada del filósofo francés al grupo de una treintena de hombres enfermos, perseguidos y aislados: “Danton [apodo guerrillero de Debray] viene a quedarse, pero yo le pedí que volviera a organizar una red de ayuda a Francia y de paso fuera a Cuba, cosa que coincide con sus deseos de casarse con su compañera. Yo debo escribir cartas a Sartre y B. Russell para que organicen una colecta internacional de ayuda al movimiento de liberación boliviano”. Y apostilla divertida Laurence: “Así pues, ocupo un pequeño lugar en el diario del Che, atrapada entre Danton y Sartre. Ahora estoy tranquila: no soy un accidente, sino fruto de la voluntad, un poco burguesa para un revolucionario, de formar una familia”.

El filósofo y guerrillero Régis Debray  (foto de arriba, con su hija Laurence en Paris)  fue el padre ausente, la antropóloga radical Elizabeth Burgos fue la madre independiente que “se negó a jugar el papel de esposa de intelectual comprometido”. Para Laurence el resultado fue una infancia austera, solitaria y viajera en  París, La Habana, Caracas, Londres o Sevilla donde un joven Alfonso Guerra ejercería de cariñoso padre adoptivo. Allí se entusiasmó -sorprendentemente- con el rey Juan Carlos I sobre el que más tarde escribió una biografía que tuvo la fortuna de publicarse en 2014, el año de la abdicación del monarca.

Laurence Debray

Y fue en Madrid, durante una entrevista con motivo de la salida del libro, cuando un periodista español le preguntó: “¿Es usted la hija del intelectual francés acusado de haber entregado al Che cuando fue detenido en Bolivia?”. “¿De dónde ha sacado esa información?”, respondió Laurence. “De Wikipedia”, tartamudeó el plumilla. Alarmada Laurence se preguntó si era en realidad la hija de un delator y, a su regreso a París, interrogó a su padre: “¿Podrías ser claro de una vez por todas sobre aquel asunto”? De las respuestas que obtuvo, y de la investigación familiar que inició a continuación, emergió esta autobiografía.

Después de izar y arriar banderas en Cuba en julio de aquel verano de 1986 y empacharse de hamburguesas en agosto en California, Laurence Debray regresó en septiembre a París. El tribunal paterno le esperaba. Bien, entonces, ¿qué elegía? ¿el comunismo o el capitalismo? “Pero yo opté por la vieja Europa, moderada y confortable: se come bien, se lee bien, se duerme bien. Desde mis once años no tenía intención de meterme en política para defender un modelo o su antítesis; quería establecer lazos con lugares, saborear un arte de vivir y disfrutar de una familia, aunque fuera defectuosa”.

Un Comentario sobre “LAURENCE DEBRAY, LA HIJA DE REVOLUCIONARIOS QUE JUGABA CON FUSILES DE ASALTO. La vástaga de los guerrilleros burgueses y bohemios Régis Debray y Elizabeth Burgos esboza en su autobiografía un relato familiar que retrata a toda una generación

  1. Hay un mal uso del término EDIPO en este párrafo: “la peripecia tan siglo XX de aquellos hijos de la burguesía europea que se rebelaron masivamente contra su Edipo capitalista”. Hijo y Edipo son equivalentes en esa leyenda usada también para caracterizar una relación conflictiva con el progenitor (como el complejo de Electra refiere al conflicto con la madre). Debería decir “la peripecia tan siglo XX de aquellos Edipos de la burguesía europea que se rebelaron masivamente contra su Padre capitalista”.

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