LECTURA PARA GENTE GRANDE: ARTE Y PUEBLO-SEGUNDA PARTE. Este opúsculo fue compuesto a pedido del grupo de amigos de La Musaranga, en lunfardo hacer gestos y guiños que solo el otro, como compañero, conoce y comparte

Por Alberto Buela (*)

Principios que fundan el juicio estético

Decían los antiguos filósofos que el juicio es el lugar de la verdad lógica porque en él, el hombre afirma o niega una relación entre dos términos, sujeto y predicado, que cuando es conforme expresa la verdad y cuando es inadecuada se transforma en un error.

Si hablamos de estética es entonces el juicio estético el lugar a partir del cual conocemos. Y ¿en qué consiste el juicio estético?

Es aquel que emiten tanto el creador o artista como el observador o crítico de arte. De modo que un juicio estético es el que permite hacer arte o reconocerlo como tal.

Este juicio no puede tener el carácter de universal y necesario como el juicio de las ciencias duras, física, matemática, química, etc., cuyos juicios son siempre unívocos. Esto es, no permiten más que una sola interpretación, así en todo el mundo y para todo el mundo: dos más dos son cuatro, el frío contrae el calor dilata, h2o es la fórmula del agua. Si hablamos de conceptos unívocos son aquellos términos que se aplican de manera idéntica a varios sujetos, vgr.: hombre a Juan, a Pedro o a Diego.

Tampoco el juicio estético puede quedarse en la vaguedad, la ambigüedad, la imprecisión del juicio equívoco, propio de la mera opinión a que hoy nos somete todos los días la “patria locutora” massmediática, donde no existe ningún criterio entre lo bello y lo feo, lo vulgar y lo delicado, lo kitsch y lo digno. En definitiva, el juicio equívoco implica desconocimiento. El término equívoco se aplica a diversos sujetos pero en un sentido totalmente diferente, vgr. el nombre toro se aplica tanto a la constelación celeste como al animal.

La única posibilidad que tiene, entonces, el juicio estético es ser analógico. ¿Qué quiere decir esto?, que se aplica a diversos sujetos en un sentido ni totalmente idéntico (unívoco) ni totalmente diferente (equívoco) sino en parte ídem y en parte diversa, vgr. El concepto de salud se aplica al alimento, al cuerpo y a la cara. Así el alimento la produce, el cuerpo la posee y la cara la expresa,  o la belleza en la pintura, donde el pintor la produce, el cuadro la posee y el observador la aprecia.

Históricamente el conocimiento por analogía, que nace con Aristóteles y recorre toda la filosofía perenne hasta nuestros días, fue dejado de lado por el racionalismo ilustrado por oscurantista, pues él muestra que no se debe sobrevalorar la razón humana, y hoy, por causa inversa, il pensiero débole postmoderno, desencantado de la modernidad, lo desprecia porque el conocimiento analógico defiende la razonabilidad.

En la práctica una concepción univocista del ente (de la realidad) lleva a una concepción rígida y despótica, mientras que una concepción equivocista desemboca en el desorden y el caos. Una vez más apreciamos como el equilibrio en las cosas de la vida es siempre la tensión más difícil de mantener.

El conocimiento analógico deja siempre algo incognoscible, en la oscuridad, pero permite sin embargo establecer algunos contornos que hacen posible determinar qué obra es bella y cual no lo es. Es que la idea de analogía está fundada en la metafísica como estudio de la naturaleza del ente en tanto ente y los atributos que como tal le pertenecen. Y es la genial intuición de Aristóteles que extrajo de la  índole más propia del ente la idea de analogía, pues el ente mismo es análogo. “El ente puede darse de muchas maneras[1] Puede decirse de muchas maneras, tiene muchos significados, como son diversas las maneras de conocer o de acceder a los distintos modos de ser del ente.

Así, todo lo que es (ente) en la medida en que existe (actus essendi) participa del ser (esse). El ser es el que hace ser al ente y el ente es el que tiene ser.

Y como la noción de ente se aplica a todo lo real y posible, tanto a la sustancia como al accidente pero de manera diversa. Así, el ente en lo real existe en acto y en lo posible en potencia. En la sustancia en sí y en el accidente en otro.

Además, en el dominio de nuestra experiencia comprobamos que todos los seres son, pero son diversos, distintos. Todos para llegar a ser participan del ser (existen) pero participan de diversa manera, sea como sustancia o accidente, como acto o potencia.

El juicio estético está fundado sobre la noción de ente que además de analógico es parcialmente incognoscible por aquello afirmaba Nicolai Hartmann: “el ente tiene  un plus no conocido que el hombre ignora y no puede conocer”.  Es que la realidad no es blanca o negra sino que pinta gris sobre gris y eso nos enseña la universalidad de la analogía del ente.

Criterios estéticos

Mucho se ha discutido y desde siempre si existen o no criterios o pautas para determinar el carácter de lo bello.

El primer aspecto que se destaca es el puramente formal de la “normatividad artística” en donde la simetría, el orden, la armonía, la claridad, la proporcionalidad, el equilibrio, la unidad en la multiplicidad o integridad, hacen a la construcción formal de toda obra de arte. Pero esto no alcanza, pues hay arte más allá de estos criterios formales, útiles sólo en la configuración sensible de la obra de arte. Sirven, en todo caso para “poner en obra” pero no especifican a la obra como bella. En una palabra, estos rasgos no alcanzan para definirla. Así lo afirma también el eminente filósofo Juan Luis Guerrero: “no pretendemos convertir, como tantos tratadistas modernos del clasicismo, a este esplendor estético en una claridad conceptual”[2].

Realizar una obra de arte utilizando, incluso adecuadamente, los instrumentos que le son dados al artista para “ponerla en obra”, no nos garantiza por sí mismos la belleza de la obra. Así, todas las pautas que la historia del arte nos ofrece en su decurso son condiciones necesarias para el establecimiento de un producto estético, pero, no son condiciones suficientes, no alcanzan para lograrlo. Es que el splendor veri no se deja reducir totalmente a la definición conceptual.

En este sentido cabe recordar acá la definición de lo bello según Kant como aquello que gusta sin conceptos. Esto es, aquello que produce placer ajeno a todo interés. Así el juicio del gusto como facultad de juzgar lo bello se apoya en el sentimiento de agrado o desagrado experimentado por el sujeto. Pero, aclara Kant, que una cosa no es bella porque me agrade (por el propio y personal gusto de los sentidos) sino que me agrada porque es bella (cuando el sujeto atribuye a los demás el mismo placer). Y así entonces, se habla de la belleza como una cualidad de las cosas.

Como ya hemos visto en el juicio estético lo bello no se deja asir fácilmente y de manera unívoca, sino que hunde sus raíces como todo lo que es, en el ser. (Cfr. Crítica del juicio, Analítica de lo bello, parágrafo 7).

Esta compenetración entre ser y belleza viene siendo estudiada desde la época de Platón hasta nuestros días por infinidad de autores entre los que se destacan, para sólo citar algunos, Aristóteles, Plotino, Agustín, Tomás de Aquino, San Buenaventura, Leonardo da Vinci, Hegel, Scheler, Roig Gironella y Heidegger.

Al sostener que lo bello y el ser se compenetran de tal manera que se convierten (ens et pulchrum convertuntur), lo bello adquiere por sí mismo el carácter trascendental, esto es, va más allá de toda categoría, no es un género, como no lo es el ser, y por lo tanto no puede ser lógicamente definido. La definición lógica es la que se realiza por género y diferencia específica y en ella se capta la esencia del ente, pero el ser no se confunde con el ente y no puede ser definido por la esencia. Error este último del esencialismo. De modo tal que podemos describir, barruntar, mostrar  la presencia de lo bello pero no podemos definirlo conceptualmente. Así como no podemos saber todo acerca del ser del ente.

Hace ya muchos años sosteníamos que lo bello como esplendor de la verdad, manifiesta no sólo la , la presencia del ser sino que lo hace en tanto acabado o perfecto, esto es, en tanto que bueno  , como objeto de deleite [3].

Lo bello está más allá de una relación intelectual como la que nos proporciona la verdad sino que además es una relación que nos produce goce y placer.

Es así que lo bello trascendental desasosiega al artista como una aspiración que se esfuerza en realizar, siempre supera sus capacidades por eso no le satisface muchas veces lo que realiza. Hoy para el artista no-representativo el mundo físico le es insuficiente, intenta superar la forma y la materia. Esa insatisfacción lo lleva a buscar,  búsqueda que se aquietará cuando encuentre la expresión acabada.

Y este es el misterio del arte.

Apéndice sobre la estética operatoria

Con seguridad la Estética operatoria de Luis Juan Guerrero fue junto con Ente y Ser de Nimio de Anquín (foto de la izquierda) las dos obras de filosofía más importantes que se escribieron en Argentina.

En ella Guerrero va a sostener que los tres componentes fundamentales del hombre hacia la obra de arte son: a) el comportamiento hacia el ser de la obra de arte donde se ocupa de las manifestaciones artísticas de la obra ya producida. Esto lo trata en el primer tomo de su voluminoso trabajo titulado Revelación y acogimiento.

  1. b) el comportamiento hacia la esencia de la obra de arte donde estudia las potencialidades artísticas, en el segundo tomo denominado creación y ejecución de la obra de arte.
  2. c) el comportamiento hacia la misión de la obra de arte, que corresponde al tercer tomo titulado Promoción y requerimiento de la obra de arte.

 Para el análisis de estos tres comportamientos Guerrero propone estudiarlos a través de cuatro momentos particulares: a) el de entonación, que tiene que ver con el valor estético que tiene una obra de arte para la sensibilidad del contemplador, su época y su medio. b) el de constitución, concerniente a la comprensión del sentido y el significado de la obra de arte. c) el de instauración, que tiene que ver con la proyección e integración de la obra en el mundo por su capacidad de invención y d) el de orientación, referido a la dirección estilística de la obra misma.

El arte es para Guerrero “no es edificante en sentido curialesco de antaño. Pero es tal, indudablemente, en tanto promueve la tarea “edificadora” de un ámbito imaginario de posibilidades reales para una necesaria metamorfosis de la existencia humana….en el fondo pretendemos que las obras de arte nos hablen por sí mismas; para escuchar la lección que nos brindan como tales obras de un destino humano.”[4]

(Continuará)

[1] Aristóteles: Metafísica, 1003, a 33. También en Tópicos 107 a 3-17.

[2] Guerrero, Juan Luis: Qué es la belleza, Bs.As., Ed.Columba, 1954, p.64. Filósofo argentino (1896-1957).Doctorado en la universidad de Zurich (1926) se destacó por su meditación continuada sobre la obra de arte. Su principal trabajo es Revelación y acogimiento de la obra de arte (Ed.Losada, 1956, 475pp). Las autoridades culturales del golpe de Estado que derrocó a Perón en 1955 lo dejaron cesante de su cátedra  junto a destacados filósofos como Diego Pró, Miguel Ángel Virasoro, Nimio de Anquín, Leonardo Castellani, Carlos Cosio, Eugenio Pucciarelli y tantos otros, perseguidos por José Luis Romero, el Catón de la Revolución Libertadora, hermano del capitán filósofo Francisco Romero y padre del “progresista” historiador homónimo, apoltronado desde niño en la Universidad de Buenos Aires.

[3] Buela, Alberto: El ente y los transcendentales, Bs.As., Ed. Cruz y Fierro, 1972, p.26.-

[4] Guerrero, Luis J.: op. Cit. tomo I, prólogo, p. 21

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