LECTURA PARA GENTE GRANDE: DRESDE, GENOCIDIO CON 72 AÑOS DE IMPUNIDAD-SEGUNDA PARTE Y FINAL. Los países aliados llevaron a cabo una serie de bombardeos de terror sobre la ciudad alemana de Dresde, entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, o sea, hace 72 años, cuando la II Guerra Mundial vivía su etapa final.

Bombardero B17 de la Fuerza Aérea de EUA. Foto: Wikipedia

Por: Jorge Santa Cruz- Periodismo Libre

El periodista argentino Arnoldo Rivera J. consignó en su trabajo difundido hace dos años por la página digital del diario argentino La Nación que la población de Dresde se disponía a festejar el Día de San Valentín:

Aquel 13 de febrero de 1945 era un martes de carnaval, por eso había bastante gente en las calles de Dresde.

La noche se vio interrumpida por la incursión de ocho bombarderos Mosquitos, que se encargaron de señalar con bengalas el marco de acción de los 244 bombarderos que los seguían.

A las 8:14, el infierno cayó del cielo en forma de 525 toneladas de bombas explosivas y 350 toneladas de bombas incendiarias. Ese ataque duró solo 120 segundos.”

El sitio sobrehistoria.com habla de 245 bombarderos; el periodista Arnoldo Rivero, del diario argentino La Nación, de 244.

El número de muertos por los bombardeos a Dresde nunca se conocerá. Los aliados lo estimaron en 35 mil; los alemanes, en más de 300 mil.

Regresemos a la investigación del colega de La Nación:

En los primeros años se llegó a hablar de 350.000; con el paso del tiempo y de acuerdo con las investigaciones históricas más rigurosas, se fijó en 35.000 la cifra.

“Cada año, se baja el número de muertos. La cifra de 35.000 es inaceptable para mí”, se lamenta Leandro Karoly en El drama de Dresde.

Para el momento de los ataques, Dresde tenía una población de 640.000 habitantes; sin embargo, estaba repleta de refugiados, la inmensa mayoría sin registro.

También se calcula que las temperaturas debido a los ataques nocturnos alcanzaron los 1.000 grados centígrados, suficientes para reducir a cenizas un cuerpo.

Además, cientos y cientos de cadáveres se apiñaban en rejillas metálicas y eran cremados con lanzallamas. Se necesitaron dos semanas para esa penosa tarea.

“Todos sufrimos con la guerra. Inglaterra también sufrió mucho con los bombardeos alemanes”, reflexionó Helmut Camphausen, sobreviviente del espanto.

Necesario o no, el bombardeo de Dresde castigó a la población civil de una forma cruel: un parlamentario inglés no dudó, entonces, en calificarlo como el peor crimen de guerra cometido jamás por Inglaterra.

Donald Nielsen, piloto estadounidense que participó en los bombardeos sabe muy bien lo que siente: “Todos los días le pido perdón a Dios”.

El Hufftington Post calculó el 12 de febrero de 2015, que el ataque a Dresde dejó 25 mil alemanes muertos.

Dresde, convertida en un infierno. Foto: Especial

El análisis de sobrehistoria.com reconoce, por otra parte, los aliados efectuaron otros bombardeos letales sobre ciudades alemanas y japonesas:

Hay que decir que el bombardeo a la ciudad de Dresde no es el mayor que realizaron los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, aunque en este sentido hay muchas dudas acerca de las cifras de muertos (que como ya vimos oscilan entre los 30.000 que dicen los aliados a los 300.000 que dicen los alemanes). Si atendemos a las cifras oficiales, otras ciudades sufrieron bombardeos aún más virulentos, como Tokio, donde fallecieron más de 100.000 personas. Incluso algunas ciudades alemanas tuvieron más bajas que Dresde como consecuencia de los bombardeos, por ejemplo Hamburgo, en la que los aliados afirman que los bombardeos dejaron unos 60.000 fallecidos.”

El Dr. Jacques R. Pauwels publicó hace siete años, en el portal Global Research, que dirige el profesor Michel Chossudovsky, que los comandantes aliados sabían perfectamente que los bombardeos sobre las ciudades alemanas no provocarían el amedrentamiento de los alemanes:

Dresde no era un centro industrial o militar importante y, por lo tanto, no era un objetivo que mereciera el considerable e inusual esfuerzo conjunto estadounidense y británico que supuso el ataque. La ciudad tampoco fue bombardeada como represalia por anteriores bombardeos alemanes de ciudades como Rotterdam y Coventry. En venganza por la destrucción de estas ciudades, bombardeadas despiadadamente por la Luftwaffe en 1940, Berlín, Hamburgo, Colonia y otras muchas ciudades alemanas grandes y pequeñas ya habían pagado un alto precio en 1942, 1943 y 1944. Además, a principios de 1945 los comandantes aliados sabían perfectamente que ni siquiera el bombardeo aéreo más feroz lograría “aterrorizar [a los alemanes] hasta rendirse” [2], por lo tanto no es realista pensar que quienes planearon la operación tuvieran esta motivación. El bombardeo de Dresde parece, pues, que fue una masacre sin sentido y aparece como una tarea más terrible incluso que la devastación atómica de Hiroshima y Nagasaki que, por lo menos, se suponía habían llevado a la capitulación de Japón.”

Entonces, ¿por qué este crimen en específico de los buenos? Lo explica Pauwels:

Era de una importancia crucial dejar claro a Stalin que no se debía subestimar el poder militar de los aliados occidentales a pesar de los recientes reveses en las Ardenas belgas. Había que reconocer que el Ejército Rojo disponía de enormes masas de soldados de infantería, de excelentes tanques y de una artillería formidable, pero los aliados occidentales tenían en sus manos una baza militar que los soviéticos eran incapaces de igualar. Esta baza era su fuerza aérea, que contaba con la más impresionante colección de bombarderos que jamás había visto el mundo. Esta arma hacía posible que estadounidenses y británicos lanzaran los más devastadores ataques aéreos sobre objetivos que estaban muy lejos de sus propias líneas. ¿No resultaría más fácil negociar con Stalin en Yalta si se pudiera conseguir que fuera consciente de esto?

Fue Churchill quien decidió que la destrucción total de la ciudad alemana en las narices de los soviéticos, por así decirlo, enviaría el mensaje deseado al Kremlin. Durante cierto tiempo la RAF y la USAAF habían sido capaces de infligir golpes devastadores a cualquier ciudad alemana y se habían preparado meticulosamente planes detallados para esta operación conocida como “Operación Trueno”. Sin embargo, durante el verano de 1944, cuando el rápido avance desde Normandia hizo probable que la guerra se ganara antes de fin de año y ya se empezaba a pensar en la reconstrucción de posguerra, una operación al estilo de la Operación Trueno se había empezado a ver como un medio de intimidar a los soviéticos. En agosto de 1944 un memorandum de la RAF señalaba que “la devastación total del centro de una vasta ciudad [alemana] […] convencería a los aliados rusos […] de la eficacia de la potencia aérea anglo-estadounidense”.

Lo cierto es que hubo tripulaciones aliadas que se oponían al ataque a Dresde. Eso motivó al alto mando aliado a dar órdenes falsas, con tal de asegurarse de que sus pilotos y artilleros cumplieran con lo que se les ordenaba. Citamos, otra vez, a Pauwels:

Y así se instruyó a los comandantes regionales y los maestros bombarderos para formular otros objetivos, que se esperaba fueran creíbles, por el bien de sus tripulaciones. En vista de ello podemos entender por qué las instrucciones dadas a las tripulaciones respecto a los objetivos eran diferentes de una unidad a otra y por qué a menudo fueron descabelladas e incluso contradictorias. La mayoría de los comandantes hicieron hincapié en los objetivos militares y citaron “blancos militares” indefinidos, hipotéticas “fábricas vitales de munición” y “depósitos de armas y suministros”, el supuesto papel de Dresde como “ciudad fortificada” e incluso la existencia en la ciudad de algún “cuartel general del ejército alemán”. Con frecuencia se hicieron también vagas alusiones a “importantes instalaciones militares” y a “depósitos de vagones y máquinas de tren” . Para explicar a las tripulaciones por qué se atacaba el centro de la ciudad y no los barrios periféricos industriales, algunos comandantes hablaron de la existencia en el centro de “cuarteles generales de la Gestapo” y de “una gigantesca fábrica de gas”.

Seguramente a los lectores que hayan llegado hasta aquí, esa metodología basada en mentiras les resultará familiar, al evocar las invasiones a Afganistán e Irak, ordenadas por el entonces presidente de los Estados Unidos, George Walker Bush, y el que era primer ministro británico, Tony Blair.

Mujer caminando en las ruinas de Dresde. Foto tomada de Deutsche Welle

Cerremos por esta ocasión con otro argumento de Pauwels:

Algunos oradores o bien fueron incapaces de inventarse esos objetivos imaginarios o bien por alguna razón no deseaban hacerlo y dijeron escuetamente a sus hombres que se iban a arrojar las bombas en el “centro construido de la ciudad de Dresde” o, simplemente, “en Dresde”. Destruir el centro de una ciudad alemana con la esperanza de provocar tanto daño como fuera posible a las instalaciones militares e industriales, y a las infraestructuras de comunicaciones resultó ser la esencia de la estrategia aliada, o al menos británica, de “bombardear una zona”. Las tripulaciones de los bombarderos habían aprendido a aceptar este desagradable hecho de la vida, o más bien de la muerte, pero en el caso de Dresde muchos de ellos se sintieron incómodos. Cuestionaron las instrucciones respecto a los objetivos y tuvieron la impresión de que este ataque implicaba algo inusual y sospechoso, y de que sin lugar a dudas no era un asunto “de rutina”, tal como Taylor lo presenta en su libro. Por ejemplo, el radio-operador de un B-17 declaró en una comunicación confidencial que “ésta era la única vez” que “a [él] (y a otros) les parecía que la misión era inusual”. La angustia que experimentaron las tripulaciones quedó también ilustrada por el hecho de que en muchos casos unas órdenes del comandante no provocaron los tradicionales vítores de las tripulaciones sino que se recibieron con un silencio gélido.”

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