LECTURA PARA GENTE GRANDE: EL IUS SANGUINIS COMO NÚCLEO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA-CUARTA PARTE DE UNA SERIE. En el presente artículo, procederemos a analizar una cuestión que en no pocas ocasiones es tratada de manera superficial y completamente errónea por muchos “expertos”, algunos de los cuales no son más que simples peones conscientes o inconscientes, de la siniestra causa mundialista

El asesinato e Lincoln

Por, Sigfrido (R).-Alerta Digital

La “Naturalization Act” de 1870, supuso un ligero cambio en la tradición norteamericana en lo que al concepto de nacionalidad se refiere, ya que posibilitó la adquisición de la ciudadanía norteamericana a los negros africanos que emigraran a los EE.UU. Este cambio se debió indudablemente al hecho de que en 1868 hubiera sido aprobada la 14º Enmienda constitucional, que reconocía el derecho de los antiguos esclavos negros y de los “Freedmen” a adquirir la ciudadanía.

En cualquier caso, los efectos prácticos de esta ley de 1870, que al igual que la enmienda constitucional de 1868 fue aprobada por un Congreso y un Senado en manos de los republicanos radicales, durante el triste y brutal proceso conocido como la “Reconstrucción”, que siguió al asesinato de Lincoln tras la finalización de la guerra de secesión, fueron prácticamente nulos, puesto que en aquellos tiempos, África estaba empezando a ser colonizada por las potencias europeas, y la mayoría de los negros africanos vivían en tribus, no albergando prácticamente ninguno de ellos la menor intención migratoria transoceánica.

En relación a la cuestión de la abolición y de la ciudadanía concedida a los negros, no puede pasarse por alto la opinión que Lincoln tenía acerca de la misma. Lincoln era, como de todos es sabido, un convencido abolicionista, si bien no estaba adscrito a la línea radical, que él consideraba subversiva.

Pese a ello, estaba completamente en contra de conceder los mismos derechos a los negros y de concederles la ciudadanía norteamericana. Por eso, él apoyó el proyecto de colonización que se intentó llevar a cabo en Liberia, con gran vehemencia, pues creía que la solución más justa al problema negro consistía en que estos tuvieran su propia nación en aquellas tierras del oeste africano. Así, Lincoln dice literalmente en sus escritos: “Diré por lo tanto, que no estoy ni he estado nunca a favor de poner en plano de igualdad ya sea política, ya sea social, a las razas blanca y negra. No estoy ni he estado jamás a favor de convertir a los negros en miembros de jurados o en votantes, ni en concederles cargos públicos. Tampoco he sido ni soy favorable a permitir los matrimonios entre negros y blancos. A esto he de añadir que hay una diferencia física entre las razas blanca y negra que creo que impedirá a las dos razas de manera permanente, vivir juntas en términos de igualdad social y política. Y en vista de que no puedan vivir en un mismo plano, mientras vivan juntas deben persistir las posiciones de superior e inferior. Yo, como cualquier otro hombre estoy a favor de que la posición superior sea asignada a la raza blanca”.

En la actualidad, los jurados integrados mayoritariamente por negros, se caracterizan por su absoluta parcialidad, cuando el acusado es negro. No hay más que recordar, entre muchos otros casos, el famoso juicio a O.J Simpson, del que fue absuelto pese a existir evidencias más que suficientes de que él era el autor del asesinato que se le imputaba.

Esta visión que tenía Lincoln sobre la convivencia entre blancos y negros, explica por qué no hizo aprobar la Proclamación de emancipación de los esclavos hasta 1863, dos años después de que se hubiera iniciado la guerra de secesión, y fecha crítica para la Unión desde un punto de vista militar.

A partir del año 1880, y hasta el año 1914, fecha de inicio de la Primera guerra mundial, EE.UU, recibió la mayor avalancha de inmigrantes de su historia, llegando en alguna ocasión el flujo anual de inmigrantes a superar la cifra del millón y medio. La mayoría de estos inmigrantes, además de irlandeses e ingleses, eran alemanes, polacos, balcánicos, italianos meridionales, húngaros, checos, eslovacos, escandinavos, armenios, y judíos ashkenazíes procedentes del este de Europa y del Imperio austrohúngaro.

Con la salvedad de los escandinavos, muy similares étnica y culturalmente a los anglosajones, la mayoría de estos inmigrantes no se adaptaron fácilmente a su nuevo país, al ser sus costumbres y origen tan divergentes al de los fundadores de EE.UU. Además, en no pocos casos, las autoridades de los países de origen, aprovechaban la oportunidad que les brindaban las compañías navieras que buscaban desaforadamente inmigrantes para aumentar aún más sus ganancias, para “vaciar” a los elementos más indeseables de su población. Paradigmáticos a este respecto fueron los casos de Sicilia, Cerdeña, o de buena parte de los países del este de Europa. De hecho, EE.UU, que hasta ese momento había estado libre de la peste anarquista y revolucionaria, a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX empezó a experimentar serios problemas de orden público con los agitadores de origen italiano meridional, y sobre todo con los agitadores judíos. Grupos criminales mafiosos, estaban compuestos en su mayoría por irlandeses, sicilianos, y por judíos. Este tipo de fenómenos criminales habían sido hasta entonces desconocidos en EE.UU, al menos hasta el comienzo de la llegada masiva de irlandeses, allá por la década de los años 40 del siglo XIX.

En la actualidad, los EE.UU sufren en su frontera con México y en las grandes ciudades, unos problemas de crimen importados de México y de Centro América, unos problemas de delincuencia que hacen palidecer a los de aquellos tiempos.

Teniendo esto en cuenta, así como el hecho de que las grandes personalidades de la ciencia y cultura norteamericana, como los escritores Edgard Alan Poe, Nathaniel Hawthorne Wasington Irving o Waldo Emerson, científicos e inventores como Faraday o Edison, entre muchos otros, eran de origen wasp, o que universidades del prestigio de Harvard, Yale, Columbia, Princeton y otras de las que formaban parte de la prestigiosa Ivy League, fueran instituciones típicamente anglosajonas tanto por su ideario como por el origen de la mayor parte de los profesores que en ellas impartían sus lecciones, no era raro que a los norteamericanos no se les pasara por la cabeza la peregrina idea de que necesitaban vivir en una sociedad heterogénea para “enriquecerse”.

A partir de 1880, el fenómenos del melting-pot, que básicamente consistía en una amalgama de elementos bastante heterogéneos y por lo tanto en una muy imperfecta fusión de los mismos, vivió su gran apogeo. Los nuevos inmigrantes, especialmente los judíos ashkenazíes, pretendían imponer sus costumbres a la población autóctona aunque a la vez querían permanecer separados. A pesar del origen tan diverso de los europeos que llegaban a América, la asimilación rápida de los mismos hubiera sido viable (con la excepción de los judíos ashkenazíes), si su número hubiera sido muy inferior, habida cuenta de que al fin y al cabo, estos inmigrantes eran oriundos de Europa, y pese a las importantes diferencias étnicas que los separaban de los wasps, también pertenecían a la raza blanca.

Pese a la inconsciencia general de la población con respecto a este grave problema, en las postrimerías del siglo XIX hubo personas, sobre todo pertenecientes a los círculos académicos y a las familias patricias wasp, como Prescott Hall, Henry Cabot Lodge, Charles William Eliot, rector emérito de la Universidad de Harvard, o el célebre jurista Oliver Wendell Holmes, que se dieron cuenta del peligro que para la identidad del país suponía esta situación, y dieron la voz de alarma. Incluso el presidente Theodore Roosevelt alertó de las nefastas consecuencias que para la preservación de la identidad de América podría tener la llegada masiva de inmigrantes. En 1920, la población blanca de EE.UU era de 100 millones de, mientras que la de color, negra y mulata, superaba los 10 millones. De esos 100 millones de blancos, aproximadamente 85 millones eran de origen anglosajón, irlandés, alemán y escandinavo, mientras que los 15 millones restantes procedían de la Europa oriental, central y meridional.

Así las cosas, en 1917 se aprobó una ley de inmigración que prohibía la entrada en los EE.UU de homosexuales, criminales, retrasados mentales, alcohólicos, mendigos profesionales, personas con graves taras físicas, anarquistas y polígamos. Asimismo, esta ley prohibía la entrada a todos los asiáticos, desde Turquía y Armenia hasta las islas Filipinas e Indonesia, en aquel entonces colonia holandesa. Otro punto importante de esta ley, era que facultaba a las oficinas consulares sitas en los países de origen de los inmigrantes, para examinar a los candidatos dando o no su “visto bueno”, lo cual facilitaba enormemente la labor que posteriormente llevaban a cabo los inspectores de inmigración en Ellis Island.(Continuará)

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