LECTURA PARA GENTE GRANDE: EL IUS SANGUINIS COMO NÚCLEO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA-QUINTA Y ÚLTIMA PARTE DE UNA SERIE. En el presente artículo, procederemos a analizar una cuestión que en no pocas ocasiones es tratada de manera superficial y completamente errónea por muchos “expertos”, algunos de los cuales no son más que simples peones conscientes o inconscientes, de la siniestra causa mundialista

Foto: Inmigrantes mexicanos

Por, Sigfrido (R).-Alerta Digital

La ciudadanía americana siguió estando vetada a los no blancos, con la excepción de los negros. De este modo, el Tribunal Supremo, en el caso United States v. Bhagat Singh Thind, denegó la solicitud de nacionalidad hecha por Bhagat Singh, un sikh de la India que solicitaba le fuera concedida la nacionalidad alegando que era un ario de casta alta y del norte de la India, y por lo tanto de raza caucásica o blanca. El juez Sutherland fundamentó la desestimación de la petición formulada por Singh en que si bien era cierto que los arios se habían establecido en el norte de la India, en concreto en el Punjab y Rajputana, no era menos cierto que a lo largo de los siglos se habían mezclado en mayor o menor grado con las razas de color autóctonas.

Otro argumento interesante de la sentencia es que no basa el hecho de que sólo los blancos puedan acceder a la nacionalidad norteamericana en el hecho de que unas razas sean “inferiores” y otras “superiores”, sino en el hecho de que “las diferencias raciales entre los blancos y los indostaníes son tan grandes que la mayor parte del cuerpo social rechazaría la asimilación de los indostaníes”. El criterio a tener en cuenta por ende, se basa en la diferencia, y no en el binomio superioridad-inferioridad.

Y ya en el año 1924, bajo la presidencia de Calvin Coolidge, tuvo lugar la aprobación de la ya célebre “Johnson Act” o “Immigration Act”, que se caracterizó primordialmente por mantener la exclusión de la inmigración de todos los asiáticos así como de los “indeseables” a los que se hacía alusión en la ley de inmigración de 1917, y también por rebajar severamente el número de inmigrantes europeos que podrían ser admitidos en EE.UU. (Un máximo anual de 150.000). Además, se añadió una “Origins clause”, que dio lugar a que las cuotas de inmigrantes admitidos se correspondieran con el porcentaje de inmigrantes del país de origen que residían en América en 1890.

La única laguna que se detecta en esta ley, fue el hecho de que no se previera restricción alguna para la inmigración procedente del hemisferio occidental, es decir, de México y del resto de América Central y del Sur. Probablemente esto se debió a que en 1924, la mayoría del millón y medio de mexicanos que vivía en EE.UU, eran temporeros que trabajaban periódicamente en California, Texas, Nevada y Nuevo México. No obstante, a finales de los años 20, muchos de ellos empezaron a asentarse definitivamente en EE.UU y a traer consigo a sus familias. Durante la gran depresión, y bajo la presidencia de los presidentes Hoover y Franklin Roosevelt, las autoridades norteamericanas, tanto federales como estatales, ante los crecientes problemas generados por el problema del desempleo, procedieron a la expeditiva repatriación de muchos de estos inmigrantes mexicanos, con el sonoro apoyo de los sindicatos obreros autóctonos, si bien no existen cifras que acrediten el número de expulsados.

En 1954, bajo la presidencia de Dwight Eisenhower, fue implementada la llamada “Operation wetback”, u “Operación espaldas mojadas”. A resultas de la misma, entre 1954 y 1962 fueron expulsados varios cientos de miles de inmigrantes mexicanos de EE.UU, y otros tantos abandonaron voluntariamente el país.

Lothrop Stoddard, uno de los más influyentes académicos en la América de los años 20, estrecho colaborador del presidente Harding, y prolífico escritor, que además de haber influido notablemente en la aprobación de la “Johnson Act”, fue una mente profética que vaticinó el peligro que para Occidente suponían tanto el aumento demográfico de las poblaciones de color, como el paulatino auge del Islam en el mundo, describía así el problema de la inmigración mexicana a finales de los años veinte. “México tiene una población de aproximadamente 15 millones de habitantes, en su mayoría indios y mestizos de condición inferior. El hecho de que México posea una clase alta inteligente y cultivada de raza blanca, de origen español, es completamente irrelevante, porque los inmigrantes que México nos envía son los elementos más pobres y más bajos de su población. Estos inmigrantes mestizos e indios traen consigo su ignorancia, suciedad, enfermedades,y delincuencia, que infectan nuestras sociedades con la plaga de los barrios bajos hacinados, tiran los salarios a la baja, y bajan el tono general de la comunidad”.

Reflexionemos por un momento. En 1928, México tenía 15 millones de habitantes. En el año 2016, la población total es de 115 millones. Eso sin contar a los más de 40 millones de mexicanos (legales e ilegales) que residen en los EE.UU, y a los centroamericanos que también se han establecido en los EE.UU. Los problemas de criminalidad generados por ellos, y en particular por los cárteles de la droga mexicanos que operan en la frontera, son muy superiores a los que desencadenaban los mexicanos que vivían en los EE.UU durante la Gran Depresión. ¿No es lógico que muchos norteamericanos se lleven las manos a la cabeza y digan que están siendo invadidos, sobre todo cuando asociaciones chicanas que reciben fondos públicos como “la Raza”, dicen sin tapujos que “están recuperando los territorios que pertenecen a México”, en un proceso al que denominan Reconquista? Un argumento este, el de la “recuperación de territorios robados”, empleado hasta la extenuación por los izquierdistas y por los anti-americanos en general, que es absolutamente falaz.

México perdió los territorios de California y Nuevo México en la guerra librada en el año 1848 con los EE.UU. El país mexicano vivía en pleno caos, los colonos norteamericanos se estaban expandiendo hacia el oeste, y el choque era inevitable. Pese a contar con un ejército menos numeroso que el mexicano, los norteamericanos derrotaron a México sin dificultad, y llegaron a ocupar la ciudad de México. Si los americanos no se anexionaron México fue porque primó su tradicional sentido identitario de nación, y porque políticos como el caroliniano del sur John Calhoun, sostuvieron con vehemencia que la población mexicana, mayoritariamente mestiza e india, no era “amalgamable” a la población norteamericana. Los territorios ocupados tras este conflicto bélico, apenas estaban poblados, y en general, los habitantes de los mismos eran españoles de origen, que se sentían más a gusto bajo la administración norteamericana que bajo la desastrosa administración mexicana, que además los miraba con recelo por su origen europeo. El caso de Texas fue similar, si bien los texanos ganaron su independencia en solitario, tras la batalla de San Jacinto, en la que los texanos de origen norteamericano, que habían comenzado a instalarse en Texas, un territorio de México casi despoblado, cuando Stephen Austin fue invitado por el gobierno mexicano a colonizarlo, pese a ser muy inferiores en número destrozaron al ejército mexicano.

A propósito, estas organizaciones chicanas han pedido y conseguido en muchos casos la retirada de estatuas de conquistadores españoles como Ponce de León, Hernando de Soto o Coronado por considerarlas “ofensivas”.

La sensata política migratoria que hasta el momento había llevado a cabo la Administración federal de los EE.UU, empezó a cambiar en 1943, cuando la Magnuson Act derogó la legislación que impedía a los asiáticos tanto emigrar a los EE.UU como adquirir la nacionalidad norteamericana.

El cambio de rumbo definitivo se produjo bajo la presidencia de Lyndon Johnson, cuando se aprobó en 1965 la Immigration and Nationality Act, cuyo proyecto de ley fue elaborado por los judíos Norbert Schlei, y por el también judío Emmanuel Cellar, que abrió la posibilidad a cualquier persona, independientemente de su procedencia, de emigrar a los EE.UU, una vez que hubiera cumplido con una serie de requisitos. Esta ley fue sonoramente apoyada por la práctica totalidad de las asociaciones judías. Hasta aquellos momentos la inmigración recibida por los EE.UU, excluyendo a los chicanos y a los puertorriqueños o boricuas, había sido exclusivamente europea. Sin embargo, entre los años 1971 y 1991, los inmigrantes chicanos, colombianos y centroamericanos, alcanzaron el 48% del total de los inmigrantes llegados a las costas norteamericanas, siendo el porcentaje de asiáticos de un 35%. la inmigración europea se ha convertido en una inmigración ostensiblemente minoritaria, mientras que la inmigración procedente de África ha aumentado llamativamente. Pese a que los EE.UU siguen siendo la primera potencia mundial, esta situación es engañosa y debida a la inercia de otras épocas mejores.

La deslocalización industrial a México, China y a otros lugares del tercer mundo ha aumentado exponencialmente, con el consiguiente daño para la industria norteamericana. La agricultura, y no sólo la industria, se ha visto también muy perjudicada tras la entrada en vigor del NAFTA oTratado de Libre Comercio de América del Norte, firmado en 1992 por EE.UU, Canadá, Y México. Este Tratado podría funcionar bien entre dos países similares como son EE.UU y su vecino del Norte, pero jamás con un país tan diferente en todos los aspectos como México. Por no hablar de los cada vez más graves problemas de convivencia que generan los disturbios raciales, habitualmente iniciados por los revoltosos integrantes de la progresía blanca y de las minorías raciales, que dicen “ser discriminadas”. No es casual que movimientos como “Black lives matter” o los “Black panthers”, apoyados por individuos siniestros como el pastor baptista negro Al Sharpton, huésped habitual de Barack Obama en la casa Blanca, y financiados por uno de los más destacados integrantes del lobby judío en América, George Soros, desencadenen disturbios con la mayor impunidad.

¿La diversidad procedente de países del Tercer Mundo o de países en vías de desarrollo fortalece o debilita?. Evidentemente, la pregunta es retórica, y la respuesta es evidente.

Por todo lo que hemos expuesto, está claro que no son los defensores del “America First” o del “Make America Great again” los enemigos de la idiosincrasia tradicional norteamericana, sino los que proponen la apertura de fronteras y la nacionalización indiscriminada de personas, independientemente de su origen. Si algo se puede echar en cara a los primeros es “quedarse cortos”, y no comprender que únicamente un retorno integral a los principios defendidos por los padres fundadores y por los promotores de las leyes de 1917 y de 1924, puede salvar a su país.

Esperemos, por su propio bien y por el bien de Occidente, que América no despierte demasiado tarde.

Un Comentario sobre “LECTURA PARA GENTE GRANDE: EL IUS SANGUINIS COMO NÚCLEO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA-QUINTA Y ÚLTIMA PARTE DE UNA SERIE. En el presente artículo, procederemos a analizar una cuestión que en no pocas ocasiones es tratada de manera superficial y completamente errónea por muchos “expertos”, algunos de los cuales no son más que simples peones conscientes o inconscientes, de la siniestra causa mundialista

  1. #*DONALD TRUMP

    MÍSTER GOLDEN’S PRESIDENT
    IN THE UNISERS :

    PLEASE
    PLEASE
    PLEASE

    -“MAKE AMERICA GREAT AGAIN !!!

    -“AMERICA FIRST !!!

    -“NOT OPEN FRONTIER !!!

    -“CLOSE BORDER RIGHT NOW !!!

    …….OOOOHHHHH , MÍSTER
    PRESIDENT,
    #*DONALD TRUMP

    IS, RIGHT NOW,
    URGENT
    AND NECESSARY
    AND PRECISE
    AND URGENT
    AND OBLIGATED
    AND EXCELLENT TIME FOR
    EXTEND UP ,
    ( RIGHT NOW !!!)…..
    ……ALL AMERICAN PEOPLE, MAKE AMERICA GREAT AGAIN, BECAUSE MAYBE TOMORROW
    IS DEFINITELY OUT TIME !!!.

    THE DIABOLICAL PHILOSOPHY MARXISTA-LENINISTA AND
    ZIONS” MENTALITY WANT TO
    DESTROY OUR GREAT NATION !!!

    MAKE AMERICA GREAT AGAIN,
    RIGHT NOW, BECAUSE
    THE DAY AFTER TOMORROW, MAYBE
    TURNED IMPOSSIBLE !!!.

    .

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