LECTURA PARA GENTE GRANDE: EL IUS SANGUINIS COMO NÚCLEO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA-SEGUNDA PARTE DE UNA SERIE. En el presente artículo, procederemos a analizar una cuestión que en no pocas ocasiones es tratada de manera superficial y completamente errónea por muchos “expertos”, algunos de los cuales no son más que simples peones conscientes o inconscientes, de la siniestra causa mundialista

Foto: La conquista del oeste

Por, Sigfrido (R).-Alerta Digital

Pues bien, en el año 1776, año de comienzo de la Guerra de Independencia, nos encontramos con que la población total de los EE.UU era ya de 2 millones y medio de personas, de las cuales, 2 millones eran colonos blancos y 500.000 eran esclavos y libertos negros. De esos 2 millones de blancos, aproximadamente 1.500.000 eran de origen inglés, 300.000 de origen “Ulster-Scot” y escocés, y 200.000 eran principalmente holandeses, alemanes, hugonotes y suecos, con un pequeño porcentaje de españoles, italianos del norte y portugueses que residían en la ciudad de Nueva York. Por consiguiente, de esos 2.000.000 de ciudadanos norteamericanos, nada menos que un 90% eran de origen anglosajón, siendo el 10% restante un componente poblacional europeo fácilmente asimilable, especialmente los holandeses y los hugonotes, tanto por la religión que profesaban como por su vecindad geográfica con Inglaterra.

Pese a que se ha dicho y se dice que los primeros colonos norteamericanos eran la “escoria” de Europa y además unos criminales en su mayoría, los hechos demuestran todo lo contrario, como hemos visto en los casos de Nueva Inglaterra y de Virginia. Por lo que a los Ulster-scots, hugonotes, alemanes y holandeses se refiere, puede decirse que la gran mayoría de ellos eran también personas de grandes inquietudes intelectuales, así como laboriosos y emprendedores granjeros. Es cierto que dentro del componente poblacional anglosajón, hubo criminales de toda laya deportados por orden del gobierno de Su Graciosa Majestad, que debían cumplir sus penas como “indentured” o trabajadores forzados en las plantaciones a cuyos dueños eran vendidos. Sin embargo, no es menos cierto que este elemento “indeseable” formaba parte de un porcentaje muy minoritario dentro de los linajes anglosajones que se habían establecido en América. Y buena parte de ellos, los que habían sido condenados en Inglaterra por hurtos famélicos, por motivos religiosos o políticos, por cazar furtivamente en propiedades o por haber llevado a cabo alguna falsificación documental, se integraron perfectamente en sociedad una vez que cumplieron sus condenas. Los elementos más degenerados, como los antiguos asesinos o ladrones incorregibles, acabaron estableciéndose en los Apalaches y sus descendientes son conocidos hoy en día como “hillbillies” o “palurdos”.

Otra falsedad comunmente repetida, especialmente en España y en los países de habla hispana, es la de que los ingleses “exterminaron a los indios”. Nada más lejos de la realidad. En el año 1763, el parlamento británico aprobó una ley en virtud de la cual se prohibió a los colonos anglosajones que vivían en Norteamérica establecerse al oeste de los montes Apalaches, considerando todos los territorios situandos al oeste de esta cadena montañosa como “Territorio indio”. La aprobación de esta ley, junto con la Townshend Act, que gravaba a los colonos con impuestos sobre el cristal, el té, o los sellos, fue uno de los principales motivos por los que se desencadenó la revolución americana, al sentirse los colonos totalmente desamparados frente a las decisiones del parlamento de Westminster, que no tenía en cuenta sus opiniones, ni les otorgaba representación alguna, desoyendo de este modo tanto el secular principio del Common law según el cual, “There are no taxes without representation”, como las normas aprobadas por las asambleas legislativas existentes en cada una de las 13 colonias.

Ni siquiera puede decirse que tras la independencia de los EE.UU y la llamada “Conquista del oeste”, hubiera habido un “genocidio” de los indios. No debe olvidarse que desde sus inicios a comienzos del siglo XVII, los asentamientos creados en Norteamérica, así como los colonos que se adentraban en los inmensos bosques de la costa este, sufrieron el brutal hostigamiento de los indios, que los atacaban, torturaban y mataban de manera frecuente. Los colonos, que en su mayoría no eran seguidores de las doctrinas pacifistas predicadas por la minoría religiosa cuáquera, respondían a estas agresiones con las correspondientes acciones de castigo. Por otro lado, el modo de vida primitivo de los indios, el avance de la civilización hacia el oeste y el exponencial crecimiento demográfico de las sanas familias de los colonos, hicieron inevitable el decrecimiento poblacional de los indios. Sin duda fue un proceso con episodios trágicos e injustos para los indios, pero en modo alguno un “genocidio”.

Padres fundadores de la nación norteamericana

Aclarados ya los extremos principales necesarios para desarrollar la tesis principal de este escrito, veamos qué decían algunos de los más renombrados “Founding fathers” o padres fundadores de la nación norteamericana acerca de su concepto de pueblo. ¿Creían en un concepto de nacionalidad abstracta, donde cualquier individuo podría convertirse en ciudadano norteamericano independientemente de cuales fueran sus orígenes, con tal de que residiera o hubiera nacido en los EE.UU , o por el contrario, creían en un concepto de nacionalidad basado en el Ius sanguinis y en el origen de los solicitantes de la nacionalidad estadounidense?.

John Jay, primer presidente del Tribunal Supremo de los EE.UU, y autor junto con James Madison y Alexander Hamilton de los célebres “Federalist papers”, dice precisamente en esta obra lo siguiente: “ha sido grata a la Providencia conceder este país a un pueblo unido. Un pueblo que desciende de los mismos ancestros, que habla la misma lengua, que profesa la misma religión, apegado a los mismos principios de gobierno, muy similar en sus costumbres, y que, por su acción unida, sus armas y esfuerzos, luchando hombro con hombro durante una larga y sangrienta guerra, ha establecido noblemente la libertad general y la independencia”.

Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores más conocidos, y que era partidario, al igual que la mayoría de los fundadores de la nación norteamericana, con la excepción de los representantes de Georgia y de Carolina del Sur, de la rápida abolición de la esclavitud, escribió en sus “Apuntes sobre el estado de Virginia: “Comparándolos (a los negros) por sus facultades memorísticas, de raciocinio e imaginativas, se me antoja que en cuanto a memoria son prácticamente iguales a los blancos; en raciocinio, muy inferiores; como creo que apenas se podría encontrar a un negro capaz de comprender el teorema de Euclides; en cuanto a imaginación, son apagados, sin gusto y extraños”.

Firma de la Constitución de los Estados Unidos, en Filadelfia, óleo de Louis S. Glanzman.

En el “auto de procesamiento” que los rebeldes firmaron contra el rey Jorge, Jefferson escribió. “El rey ha provocado insurrecciones domésticas entre nosotros, y se ha propuesto provocar a los habitantes de nuestras fronteras, los despiadados indios salvajes, cuyo célebre arte de la guerra consiste en una destrucción ordinaria de personas, sin importar su edad, sexo o condición”.

Es decir, que Jefferson considera especialmente ofensivo que el rey Jorge III, soberano de Gran Bretaña, utilice a indios salvajes para atacar a los colonos, que son tan británicos como los ciudadanos que viven en las islas allende el Océano Atlántico. Esta hermandad de sangre con Gran Bretaña es mencionada en otros de sus escritos.

Teniendo en cuenta las opiniones de estos dos destacadísimos personajes, opiniones estas que eran compartidas por la práctica totalidad de los norteamericanos de su época y que no iban precisamente en esa línea sentimentaloide de frases superficiales como “la inmigración enriquece”, o “la diversidad nos hace fuertes”, no fue extraño que en el año 1790, se aprobase la conocida como “Naturalization Act” o “ley de nacionalidad” del año 1790.

En virtud de sus disposiciones, únicamente podían optar a la ciudadanía norteamericana aquellos inmigrantes “libres, de raza blanca y de buena conducta”. Asimismo, el texto legal, a la hora de posibilitar la determinación de la “buena conducta” del solicitante de la ciudadanía norteamericana, fijaba un periodo de dos años de residencia en los EE.UU y de un año en el estado en el que residía, para poder posteriormente solicitar la naturalización. Si el solicitante era aceptado, debía prestar un “juramento de alianza” a la Constitución de los EE.UU. Los hijos de ciudadanos norteamericanos nacidos en el extranjero, eran considerados “american natural-born citizens”, o ciudadanos norteamericanos de origen.(Continuará)

Un Comentario sobre “LECTURA PARA GENTE GRANDE: EL IUS SANGUINIS COMO NÚCLEO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA-SEGUNDA PARTE DE UNA SERIE. En el presente artículo, procederemos a analizar una cuestión que en no pocas ocasiones es tratada de manera superficial y completamente errónea por muchos “expertos”, algunos de los cuales no son más que simples peones conscientes o inconscientes, de la siniestra causa mundialista

  1. consanguinidad
    nombre femenino
    Parentesco natural de una persona con otra u otras que descienden de los mismos antepasados.
    “vínculo de consanguinidad; parientes en línea recta por consanguinidad”

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