LECTURA PARA GENTE GRANDE: LA ELIMINACIÓN DE LA LIBERTAD PERSONAL Y SOCIAL EN LAS DEMOCRACIAS LIBERALES- SEGUNDA PARTE. La democracia liberal partitocrática únicamente es una forma de gobierno donde el factor cuantitativo prima siempre sobre lo cualitativo, la masa sobre lo egregio, la mediocridad por encima de lo superior y excelso. Así, la absolutización global de la democracia, conduce a la deriva natural en la dictadura de la mayoría, y a la eliminación de la libertad personal y social.

Por,  José Martín Brocos Fernández (R).-

  1. La destrucción de la justicia y la prevaricación de los encargados de hacerla     Empecemos por definir conceptos. Cuando hablamos de ley positiva, derecho positivo u ordenamiento jurídico positivo quiere decir que está plasmado en un código estatal vigente. Aquí positivo no se contrapone a negativo, sino que es factible, que se puede hacer; lisa y llanamente que es una ley emanada por los órganos competentes del Estado y como tal, es legal.Por ley natural, según definición clásica tomista, entendemos “la concepción naturalmente ínsita en el hombre, por la cual se dirige éste a obrar de modo conveniente en sus acciones propias” determinando lo bueno y lo malo. El derecho natural, que es la misma ley natural en cuanto regula las relaciones interhumanas, se funda en la misma naturaleza de la persona, en su doble dimensión cognoscitiva y volitiva. V. gr. el hombre, por su naturaleza, está connaturalmente propenso a conservar y prolongar su vida, y de ahí nace el derecho a la vida y a la legítima defensa de la misma, así como el derecho a proveerse de los medios de subsistencia; el hombre, también por su naturaleza, está esencialmente inclinado a la propagación y conservación de su especie, y de ahí nace el derecho al matrimonio, y a la crianza y educación de los hijos.El ius humanum es lo que tradicionalmente, en la época medieval se denominó como derecho de gentes, y que constituye el antecedente de los modernos derechos del hombre, que no brotan de la nada. En un principio los derechos humanos surgen como aplicación de esa moral objetiva, de esa ley natural, al funcionamiento del ser humano, para ir progresivamente trasmutando tras la revolución francesa a una visión más antropocéntrica y racionalista de los mismos, a la par que se produce la ruptura del derecho y de la moral, del derecho positivo con la naturaleza de la persona.La concepción moderna y contemporánea del derecho se fundamenta principalmente en el consenso de las mayorías o en el subjetivismo irracionalista del gobernante de turno. El ius naturale asentado filosóficamente en el realismo metafísico y ético deja de orientar al derecho positivo, y la justicia ya no es una categoría moral donde prima las ideas de verdad y de bien a la luz de las eternas verdades que subyacen en el modo del ser y del obrar, sino una categoría meramente jurídica.

    El derecho pasa a convertirse así un poderoso instrumento de reingeniería social con la finalidad de favorecer, plasmar y asentar en la sociedad los comportamientos y actitudes que los poderes dominantes deciden arbitrariamente para constituir conceptualmente el orden jurídico. De forma que nos encontramos en la práctica un Estado dictatorial, que figura una democracia, pero en realidad es una tiranía legal controlada directamente, y recíprocamente sometida, por los poderes ejecutivo y legislativo-parlamentario, y de forma indirecta por el poder judicial, el económico y el informativo.

    El derecho se vuelve corruptor y disuelve la sociedad, tanto respecto a su fin, que es la perfección de la sociedad, como a sus elementos esenciales ya que el fundar el poder sobre la autoridad social, que consiste en la suma del número y fuerzas materiales, es carecer de fundamento, que ha de ser moral, o sea la ley natural, de la que todas las leyes han de ser su proclamación o determinación.

    Surgen de esta guisa nuevos derechos humanos fundamentales consensuados, cuando no tiránicamente impuestos desde los núcleos de poder al vulgo, al que previamente se ha adoctrinado ideológicamente a través de los mass media y de la educación. Son derechos sin arraigo en la índole propia del hombre, exponente y exacerbación del positivismo jurídico, en el que sólo valen las normas emanadas del Parlamento y no existen principios universales de justicia; derechos como aborto, eutanasia, infanticidio, ideología de género, matrimonio homosexual, multiculturalismo, o a la libertad sexual, ergo, sexo animal sin compromiso. La democracia no sólo consagra estos nuevos derechos humanos laicos y democráticos, al servicio del poder y quien lo detenta, sino que los unilateralmente los publicita e impone coactivamente desde las Naciones Unidas. La realidad es que vivimos en una cada vez más férrea dictadura silenciosa, muy peligrosa, porque no se ve, y cuyas principales fuerzas que la dirigen se mueven entre bambalinas.

    El problema se ve agravado por una doble perversión. Por un lado el mayor problema radica cuando a través de estos derechos inexistentes, denominados de tercera generación, se tamiza y reinterpreta perversamente los llamados derechos de primera generación, pilares de la convivencia civil, modificando así su sentido y extensión originaria, de tal forma que podemos aseverar que los derechos de primera generación han dejado de existir; y por otro lado, se disuelven conceptualmente los prístinos conceptos jurídicos a fuerza de definiciones legales e introduciendo anfibologías en los propios términos que se asientan en lo contrario que dice que garante.

    Estos derechos de nueva generación transmutados y entronizados en leyes, leyes asumidas, sustentadas, defendidas, propagadas e impuestas por la agenda globalista de la ONU, y utilizadas para implantar estatalmente un sistema centralizador e intervencionista, haciendo pedagogía y difusión de la ideología de género, y para adoctrinar instrumentalizando el sistema educativo con una visión mecanicista y utilitarista del hombre propia del materialismo darwiniano. De tal manera que en nombre de los derechos humanos se está eliminando la persona y destruyendo la humanidad. La ONU se ha convertido en depredadora de aquello para lo que fue creado: los derechos humanos.

    La crisis de libertades actual va pareja a la de los derechos humanos, que son previos al orden político. Hay una restricción de la libertad a nivel personal y a nivel social fruto de la concepción de libertad irrestricta desligada de la ley moral natural y de la verdad objetiva sobre la misma persona humana, lo que deriva en la imposibilidad de cimentar los derechos de la persona sobre un firme asiento racional, y la misma imposibilidad de gestación y cimentación de un ordenamiento jurídico intrínsecamente justo, porque es la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios y en unidad de alma y cuerpo, el fundamento y el fin de la vida socio-política, a la que el derecho, desde los postulados dictados por la recta ratio, debe servir.

    El respeto y acatamiento a la ley moral natural camina paralelo a la instauración de un orden social justo y a la plenitud de la libertad humana. Una noción puramente subjetiva del derecho separada de la referencia a la verdad de la naturaleza humana, cerrada a su dimensión trascendente, subvierte los principios morales básicos del orden social, deslegitima en la medida que lo haga al propio derecho positivo, y convierte la libertad en imposible al contravenir el orden natural. Así las democracias liberales actuales, ancladas en la dictadura partitocrática del Estado liberal de puro derecho positivo, corrompen moralmente por el inherente deterioro espiritual y la elevación del relativismo ético a punto de referencia de la propia democracia, acabando con la verdadera libertad y desembocando de facto en el totalitarismo y la tiranía de los partidos políticos en tanto pueden decidir sobre lo fundamental e intangible afirmando en funesta utopía naturalista que el hombre y la sociedad pueden prescindir de la Verdad revelada, del Derecho natural y de la Moral objetiva; preconizando, en definitiva, un antiteísmo frontal y formal.

    Uno de los aspectos más serios de la situación histórica actual, es la mengua de respeto hacia los valores esenciales que rigen la vida humana.

    1. La destrucción programada de las bases de la sociedad. La batalla decisiva

    Los ataques son a los pilares de la sociedad, de la persona y de la convivencia social: al matrimonio, a la familia, a la sexualidad, a la cultura, a la religión y a la patria.

    5.1. Ataque al Matrimonio

    El matrimonio, unión indisoluble hasta la muerte de un hombre y una mujer, aceptando como un don los hijos que Dios mande, es la fórmula insustituible para la familia, célula básica de nuestra sociedad, que hay que proteger para que se salvaguarde nuestra civilización, y que no puede ser alterada ni cambiada sin poner en serio peligro todo el entramado social y moral de la nación.

    La buena salud del matrimonio es determinante para el bien común de los pueblos. A nivel global, aunque a diferentes velocidades, constatamos una disolución conceptual, la primigenia se produce con la ley del divorcio, llevándose a su paroxismo con el divorcio express que conduce a la banalización de la institución del matrimonio, para proseguir su disolución a base de definiciones y artificios legales, como el abuso de derecho y referido al cambio de régimen jurídico, de la institución de derecho natural que es el matrimonio. Al recoger en un concepto varias realidades legales heterogéneas, lo desvirtuamos falsificándolo legalmente, lo desvalorizamos, lo convertimos en etéreo y subjetivo, y corrompemos la propia institución del matrimonio.

    Coadyuvante a esta desnaturalización del matrimonio tenemos la implementación transversal de la ideología de género, sustentada y propagada desde agencias de la ONU.

    5.2. Ataque a la familia                                                                                                   

    La unidad de la familia es libre, voluntaria y la raíz de toda organización social, económica, cultural o política, desde el comienzo de la historia. La recta familia, fundada por hombre y mujer en el ámbito del matrimonio y con vocación de permanencia y procreación, es igualmente el parapeto de la persona frente a la violencia social y el lugar natural donde los hijos pueden alcanzar su plena madurez humana y espiritual.

    El ataque a tumba abierta contra la familia responde a una oscura estrategia externa programada desde poderosas instancias multilaterales de cuño masónico en abyecto servilismo al mundialismo, y cuyos objetivos son coincidentes en la eliminación de la persona y la deconstrucción de la familia, que en la práctica supone su aniquilación al desvirtuar su misión, función y fines, y que pasa: a nivel jurídico, por su paulatina desnaturalización y disgregación mediante la subversiva legislación moral en el campo de la familia implantando el divorcio, suplantando el favor iuris por la neutralidad sofística, igualando en injusta extensión de derechos la familia a las más variopintas coyundas, subvirtiendo el principio de subsidiaridad, penando social e impositivamente las familias numerosas, y legislando permisivamente el asesinato intrauterino; a nivel económico, por la comprensión del hombre y de la familia como instancias esencialmente económicas que hay que conquistar, de ahí la cosificación capitalista-utilitarista del hombre, homo faber, hecho para producir, o homo consumiens, para poseer y consumir bienes materiales, mercantilizando incluso el propio cuerpo humano, v.gr. con la pura eugenesia prenatal; a nivel ético, la crisis viene por la prevalencia del materialismo, la obsesión por el dinero, que hace que se valore más el tener que la persona, y tiene como resultado el vacío e insatisfacción que produce concebir la felicidad como posesión y comodidad, el frenesí de la productividad que absorbe la vida y en realidad convierte los hogares en pensiones, y los consiguientes desequilibrios afectivos entre los propios esposos y en los hijos, que sufren la incomunicación y la marginación; a nivel cultural, la hegemonía del relativismo ético que impregna la cultura actual, que tiene efecto boomerang tanto en la permisividad educativa de los padres como en la mentalidad hedonista, la ausencia de espíritu de sacrificio y la incapacidad para adquirir y mantener compromisos; a nivel educativo, por la deseducación continua y despersonalizadora transmitida a través de planes de estudio obligatorios transidos, en clara violación de la patria potestad, de adoctrinamiento ideológico y aborregamiento colectivo por su anclaje en el absolutismo laicista y en el naturalismo pedagógico, y por los medios de comunicación, por medio de los que se insta a los jóvenes a rebelarse contra la institución familiar, lo que socava el propio hogar familiar.

    ¿Ustedes creen, por ejemplo, que las series de televisión son producto de la casualidad? Muy al contrario. Están perfectamente diseñadas para hacer del personal almas vacías, sin criterio, eternos adolescentes consentidos. Eso si, todo con buen humor. Los mensajes que se transmiten van socavando nuestra dignidad, en pro de una manipulación despreciable. La familia se tiene como una inquisición. Y como me decía un buen amigo, ¿ustedes han visto alguna vez que en dichas series los chavales estudien? Ni los verán. Todo queda en francachelas sexuales de todo tipo y condición. (Continuará)       

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