LECTURA PARA GENTE GRANDE: LA ELIMINACIÓN DE LA LIBERTAD PERSONAL Y SOCIAL EN LAS DEMOCRACIAS LIBERALES- TERCERA PARTE. La democracia liberal partitocrática únicamente es una forma de gobierno donde el factor cuantitativo prima siempre sobre lo cualitativo, la masa sobre lo egregio, la mediocridad por encima de lo superior y excelso. Así, la absolutización global de la democracia, conduce a la deriva natural en la dictadura de la mayoría, y a la eliminación de la libertad personal y social.

Por José Martín Brocos Fernández (R).-

El fruto de estas políticas conspiradoras, en definitiva el objetivo conquerido, no es otro que la crisis antropológica de la naturaleza de la persona desarraigada de su religación metafísica, la destrucción de la familia y su instrumentalización dentro una sociedad narcotizada racionalista tutelada por la velada dialéctica del egoísmo ególatra y la atomización.

5.3. Ataque a la sexualidad

Banalización de la sexualidad con agresivas políticas de “educación sexual” y “salud reproductiva”, traducido en román paladino como “sexo sin compromiso”; campañas que degradan y cosifican la persona humana, desvaloran su dignidad, incrementan en realidad el número de enfermedades de transmisión sexual, facilitan el acceso a anticonceptivos, la mayoría abortivos, y encierran el holocausto del aborto, quirúrgico y químico.

El maridaje de la iniciación sexual precoz y promiscua con la mentalidad anticonceptiva disfrazada de derecho humano embrutece a la sociedad reduciendo la vida sexual a un placer egoísta socialmente autodestructivo, e impidiendo a la persona crecer y madurar en el auténtico amor.

Por la mentada ideología de género, el sexo desligado de su dimensión personal unitaria pasa a convertirse en un producto cultural siendo “una realidad biológica indiferente y género una construcción social”.

Contribuye a la degradación de la sexualidad la difusión de un modelo de vida muy individualista y pragmático en la que el amor prácticamente reducido a la genitalidad se concibe como un negocio comerciándose con los afectos. Favorece potencialmente la reducción del sentido de la sexualidad la epidemia de erotismo inserta en la subcultura dominante que todo lo invade y difundida por doquier por los grandes conglomerados mediáticos.

La sexualidad debe integrarse en el cuerpo que tiene una forma esponsal, precisamente para ser dado, para vivir la vocación primordial de la persona al amor.

5.4. Ataque a la Cultura

La cultura, entendida genéricamente por tal las letras y las ciencias, las artes y la información, constituye expresión de un modo de acercamiento a Dios, al universo y a la propia realidad del hombre mismo, y a la vez el termómetro de la vida de un pueblo, de modo que la degradación cultural camina concomitante con la decadencia moral, y a la inversa, alcanzando la riada subversiva a la metamorfosis del orden socio-político-económico.

La misma obra de arte no es en absoluto aséptica, tiene un trasfondo, referencia, base y asiento en la cultura dominante. Eso significa que “toda realización artística tiene, en forma implícita o explícita, una concepción filosófica o antifilosófica, religiosa o antirreligiosa, o combinaciones de ambos extremos”.

La dictadura cultural existente tiene diversas caras, pero hay algunos denominadores comunes conexos: la masificación de la vulgaridad, la creación de una nueva cultura intramundana condicionante de la política, la decadencia de los lenguajes artísticos que naufragan en la ininteligibilidad de la subjetividad de lo privado y muchas veces con pretensiones de gnosis iniciática, y la soberbia pretensión de forjar una cosmogonía. Esta cultura desligada del cultivo de la interioridad apaga la vida interior de la persona, de forma que sutilmente limita su libertad por su desvinculación con la verdad, y siempre masificándola por someter a la razón a la preeminencia de los instintos inferiores.

Nos encontramos insertos en una tendencia a la globalización cultural, imponiendo el imperio de la homogeneización cultural y de la uniformidad identitaria conducente al mismo estilo de vida y al mismo modo de pensar, diluyendo las identidades nacionales e insertando a la persona en artificiales y voluntariosas superestructuras político-económicas globales, siempre funcional a la estrategia gramsciana y satélite de la aldea global, con la persona desarraigada y desprovista de un sentido de la vida trascendente que responda al hombre completo, no unidimensional.

La cultura consumista ofertada acaba por aniquilarse en su propio vacío, pero mientras tanto esas corrientes culturales subversivas, que mayormente crean, sostienen y difunden una cultura de masas que soslaya reiteradamente los aspectos morales y espirituales de la vida humana, utilizan la propia cultura para desintegrar la cultura de los maiores y como arma contra la educación y la familia. En la línea de la penetración constructivista del gramscismo cultural su finalidad pasa por la sistemática destrucción del orden objetivo del ser ocultando la dignidad espiritual del ser humano y su transmutación en una sociedad mecanicista y maquinal.

Si analizamos el arte, como paradigma de la cultura, vemos que los modelos pasados ligados a normas y a referencias sólidas para el horizonte del arte quedan arrumbados. Para el hombre postmoderno nada hay perenne en el mundo ni nuclear en el arte. Comprendemos entonces que el arte no es un compartimiento estanco que pueda analizarse separadamente de la historia, y que la evolución del arte como modo de interacción del hombre con lo circundante discurre paralelo a la evolución existencial del individuo. Así explicamos que “hasta el advenimiento de la edad moderna, el arte y los artistas siempre estuvieron imbuidos de una misión cuasi religiosa a la vez que moral y social, y el arte vivía en armonía con el orden espiritual y social”. La modernidad trajo la crisis del hombre y el arte, privado de toda función salvo la estética, ya “no surge de la virtud moral; no se pretende que salve almas”. Ahora el yo, en la soledad de un radical individualismo, es concebido como principio y como fin, pasando también a transmutarse el arte por el desmoronamiento de la realidad común como relación individual, y primero con el yo, de ahí que “la mística del arte moderno ha consistido siempre en que (…) no es un arte comprensible, salvo para una pequeña élite”. Un yo deshumanizado aprisionado en los límites del humanismo inmanentista se muestra confundido e incapaz de traspasar la barrera en que se halla sumido el arte moderno olvidándose “de algo importantísimo dentro de la función artística de todos los tiempos: salvar al hombre por elevación”.

En el ideologizado arte actual el individuo carente de imperativos morales objetivos, carece igualmente de esa visión de participación en una realidad trascendente y de con-creación redentora por los acaecimientos meramente humanos, el arte por ejemplo. Es el propio individuo en su finitud arrogante el que busca fervientemente la autodeificación, de ahí el constante abrazo de las vanguardias artísticas –v.gr. Modrian, Kandinsky o Malevich, o Julio Cortázar en literatura- a la gnosis, fundamentalmente teosófica, enclavada en Madame Blavatsky y en la filosofía ocultista de Ouspenski, en un intento de alcanzar por desvelamiento perfectivo en el yo la tradición primordial. El arte vanguardista es reflejo de su propia ruptura interior, de la índole solipsista que lo caracteriza y de la desazón vital, pareciendo que fuera arrastrado en una permanente revolución cósmica “cada vez más deprisa, a su pesar, hacia ese punto de ruptura como hacia una catarata sin fondo”.

Además de propugnar las delicuescentes vanguardias, -desde la carencia “de teorías consistentes sobre el conocimiento, o sobre la semántica, o sobre las condiciones que hacen viable la comunicación por medio de la palabra” -, la “muerte de su pasado, así como la toma de consciencia del papel decisivo del arte en el advenimiento de una nueva sociedad, de una nueva civilización”, pretende dentro del absurdo que la caracteriza y en su radical individualismo, que juntamente con “el antitradicionalismo son una misma fuerza psicológica”, la multiplicidad para la conciencia penetrada de un querer divinizarse inmortalizándose, dando entrada así tanto al degenerado narcisismo estético representado por la performance, como al voluntarismo nihilista de el arte por el arte con objetivo revolucionario, transgresor y transido de escepticismo. Pero el arte es siempre reflejo del amor humano, y el amor se encuentra relacionado estrechamente con el bien y la Verdad.

5.5. Ataque a la religión

Feministas de Femen arrojan agua bendita al presidente de la Conferencia Episcopal belga, un acto que, según las leyes españolas, sería considerado de “agresión” y no un delito de odio.

Tras la progresiva exaltación antropocéntrica caracterizada en el ámbito religioso tanto por la reivindicación de una radical libertad autonomía sin asumir la existencia de un orden de heteronomía y en connivencia con la soberbia intelectual del estrecho cientificismo y del feroz individualismo racionalista, como por el nomadismo y la subjetividad espiritual, y siempre presentando la religión de modo aceptable para el hombre moderno, [que] parece equivaler en la práctica a prescindir poco a poco de Dios, sustituyéndole por el hombre, hasta llegar a afirmar, como de hecho algunos hacen, que ‘la esencia de la religión es el servicio del hombre’”; entramos en una nueva era religiosa donde manteniéndose el primado de la subjetividad nos retrotraemos a una era paleolítica de divinización del cosmos entrelazada con el deseo y búsqueda de dominio y posesión del mundo y de las fuerzas de la naturaleza. Una religión neopagana civil y uniformizada, tiránica y totalizadora, sin dogma y sin moral, impuesta desde una tecnocracia global dirigida por los organismos multilaterales de la ONU. Esta nueva espiritualidad cósmica y arcaica con arquetipo en la filosofía panteísta de la Carta de la Tierra y la filantropía universal, vinculada directamente con el New Age, es más sinuosa, peligrosa y siniestra que las tres ideologías triunfantes en nuestra postmodernidad nihilista, el ateísmo marxista en el campo del pensamiento, el relativismo ético-cultural y el consumismo capitalista en lo económico, por cuanto disuelve plenamente el orden natural y destruye el orden objetivo del ser.

El presente laicismo integral de impronta y cuño masónico concuerda en fines con la Nueva Era, además de contribuir a su implantación, por cuanto en la práctica propugna un hombre autosuficiente y poderoso, olvidándose de que es criatura radicalmente dependiente de Dios. (Continuará)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15