LO QUE MUCHOS CALLARON: En 1970, último año de gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, la Organización Periodística García Valseca, popularmente llamada “la Cadena”, era la empresa privada de corte editorial más grande de México y posiblemente de América Latina.

Foto ilustrativa: Janambre.

Por Roberto Santa Cruz- Sin Compromiso

37 periódicos en las principales ciudades de la república. La cobertura informativa implicaba un esfuerzo comparable al de una agencia de noticias propia. De hecho, la Redacción Central tenía a su cargo reunir todos los reportes principales de lo que ocurría Mèxico.

Completaba perfectamente el trabajo de decenas de reporteros. Cada plaza tenía su plantilla de informadores, fotógrafos e incluso choferes.

En octubre de 1965 nació El Sol de México. Era la cumbre de un esfuerzo protagonizado por el Maestro Salvador Borrego Escalante, quien recibió la orden de conformar un matutino que compitiera con Excélsior, Novedades e incluso el Heraldo de México.

La importancia de la O.P.G.V. se reflejaba en su sede, la esquina de las calles de Serapio Rendón y Guillermo Prieto, colonia San Rafael. Previamente el Coronel José García Valseca había fundado el Esto, el primer periódico deportivo de México. Fue la piedra angular de empresas como Editorial Panamericana.

Enorme edificio, moderno, funcional.

Con la misión de fundar ese matutino, Don Salvador Borrego viajó a Europa. Trajo para la O.P.G.V. las modernísimas rotativas Goss, de Alemania. Los talleres fueron los más modernos en su época.

Sin embargo, al nacer, El Sol de México llevó como director formal al periodista Miguel Ordorica, quien ya había fallecido. Años después, el mismo Maestro nos dijo que su nombre no figuró porque García Valseca quiso así homenajear al que fue, sin duda, maestro del mismo Don Salvador.

Pero volvamos un poco a la historia del periódico.

Recuerdo aquellas máquinas impresionantes. Alguna vez, siendo un niño, atestigué pruebas de impresión, con la velocidad máxima. Todo planificado, desde la recepción del papel, su traslado a las bodegas mediante montacargas, la limpieza de las imprentas después de su labor. Y también fui testigo de cómo se encartaban las secciones.

El Sol de México se colocó en poco tiempo en el favor de la gente. Era impecable su impresión en offset, a colores, con una tinta que no manchaba, pero su principal patrimonio, la información. Con una línea nacionalista, el Coronel García Valseca tenía claro que México necesitaba cultura. La plana editorial, hasta 1974, tuvo plumas de verdaderos intelectuales que hoy serían definidos como “conservadores”.

Lamentablemente ese coloso llamado Organización Periodística García Valseca creció con un defecto, que a la larga fue su sentencia. El Coronel García Valseca, que contaba con muchos recursos propios, inmuebles, etc., decidió tomar deuda externa, vía el gobierno.

Préstamos aparentemente “pagables”, que lo llevaron a deber cifras elevadas. La crisis vino después de ese año 1970. No pudiendo pagar, el gobierno de Luis Echeverría intervino las empresas del Coronel.

El periodo de 1973 a 1976 fue el decisivo.

Sin embargo, Don Salvador Borrego trató de hallar una salida, porque en gran medida, esa Cadena, esos 37 Soles, eran su propia obra.

Hubo negociaciones con Don Eugenio Garza Sada, empresario de Nuevo León, cabeza de lo que se llamó Grupo Monterrey. La idea era que los empresarios privados aportaran el capital, solventar la deuda e iniciar una nueva etapa de la O.P.G.V.

Todo aquello se hizo con el mayor secreto, pero hubo filtraciones.

Luis Echeverría supo de la intención de Garza Sada y trató de frenarla. Su principal motivo era que los Soles tenían un perfil que no encajaba con su socialismo, con su “Arriba y Adelante”, que lo llevó a acercarse a la esfera de Castro y Allende. La información dio cabida a los disensos con el régimen.

La redacción, los mismos periodistas, estaban divididos. Unos, a favor de la venta de la Cadena, otros, cabizbajos, con la visión de un futuro negro, y que al final tuvieron la razón. Presencié esos diálogos, no me lo cuentan.

Afuera de Guillermo Prieto 7, los empresarios, por su parte, veían el riesgo de una economía que ya no era estable, y que finalmente, para desgracia de México, llevó a la crisis de 1976, impregnada de un olor a golpe de Estado.

Don Eugenio sería asesinado cuando la operación prácticamente había sido cerrada.

En los círculos periodísticos se señaló al autor de aquel crimen: Luis Echeverría Álvarez, el mismo del 68 y del Jueves de Corpus.

Don Salvador (Foto de lz izquierda) nos lo narró personalmente a mi Madre, Guadalupe Santa Cruz de la Mora, reportera fundadora de El Sol de México, y a mí en una de esas largas conversaciones en su modesta casa.

Después del crimen de Don Eugenio, el 17 de septiembre de 1973, Somex aceleró la intervención y el Coronel ya no tuvo mando real de su imperio editorial, que acabó en manos del empresario Mario Vázquez Raña.

Acompaño estos recuerdos con una interesante publicación de Reporte Índigo, retomado por Vanguardia.

Juzgarán ustedes qué pasó con El Sol de México, con la O.P.G.V., y con México, que hoy no tiene gente de tamaños como Garza Sada o García Valseca.

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