LO QUE NO PUBLICA Y OCULTA LA PRENSA NORTEAMERICANA: VICTORIA Y MARTIRIO DE ISSAM ZAHREDDINE, EL LEÓNIDAS DE DEIR EZZOR, SIRIA. Las Termópilas de la Guerra de Siria llevan el nombre de Deir Ezzor, la ciudad de Siria oriental que se levanta a orillas del Eúfrates y que estuvo asediada durante tres años por las hordas terroristas del Estado Islámico.

En la foto: Issam Zahreddine

Por, Andrés Palomares

Si queremos contar la historia de Issam Zahreddine, el general defensor de Deir Ezzor, no podemos dejar de pensar en otra historia trágicamente similar de ardiente heroísmo. Hace dos mil quinientos años, en la desembocadura del río Esperqueo, a orillas del golfo Maliaco, otro comandante marcó con su ejemplo la historia del mundo. En el arisco roquedal de las Termópilas, Leónidas I impuso el precio del coraje y la determinación a un enemigo abrumador. Ante la demanda del ejército aqueménida de que los griegos depusieran sus armas, el jefe espartano respondió “¡Ven y tómalas!”, una frase que ha quedado en la Historia como la bandera de aquellos que luchan por una victoria más grande, más noble y más alta que la mera batalla.

Las Termópilas de la Guerra de Siria llevan el nombre de Deir Ezzor, la ciudad de Siria oriental que se levanta a orillas del Eúfrates y que estuvo asediada durante tres años por las hordas terroristas del Estado Islámico. Su ubicación, con el paso de los meses, había cobrado una importancia estratégica debido a la intención de las potencias occidentales de dividir la República Árabe Siria usando el Eúfrates como una línea divisoria, creando así un nuevo Estado títere bajo el mando estadounidense con sus marionetas locales: los rebeldes sunitas de la llamada “oposición democrática” (los cortadores de cabezas “moderados”, los “luchadores de la libertad” que degüellan niños) y los kurdos (que barren para casa en ese conflicto, y que perderán una vez más) como garantía de tener un punto de partida para un posible ataque contra Irán y un establecer un control fuerte en todo Medio Oriente.

Durante algo más de tres años, los mercenarios del Estado Islámico habían puesto contra una pared de fuego a los soldados sirios atrincherados en la ciudad. Todos los analistas de peluquería, los charladores de sobremesa, los especialistas “bien informados” dieron la ciudad por perdida, destinada, al parecer, a ser tragada por la imparable marea negra del Califato. No contaban con el valor y la firmeza de los defensores. En los primeros días del asedio, el general Zahreddine, en la principal plaza de la ciudad, ante sus hombres de la 104 Brigada Aerotransportada de la Guardia Republicana y miles de ciudadanos, hizo una promesa: Deir Ezzor no caería, él personalmente, el Ejército Sirio y sus aliados, el presidente Assad y su Gobierno, jamás dejarían la ciudad mientras quedara un solo defensor vivo.

“Quienquiera que luche en mi brigada, debe saber que ninguno de nosotros puede sobrevivir sin tenacidad. No vamos a romper este asedio sin sacrificio. Toda victoria se gana, no se concede. Y el destino de nadie está grabado en la piedra. Aquellos que lloran a los hermanos caídos encuentran consuelo en el hecho de que su sacrificio no será en vano. No conmigo al mando. Un día más brillante espera a esta ciudad y tengo la intención de verl​o​”.​ ​

Cumplió su palabra y ​vivió lo suficiente como para ver la ciudad liberada y su patria encaminándose a la victoria final. Apenas un mes y medio después del levantamiento del cerco a Deir Ezzor, el general druso ha caído en primera línea. ¿Hecho bélico o atentado? Todo es posible.​ ​​El​ ​Estado Islámico​ ​había puesto precio a su cabeza​ ​(​​los financiadores internacionales del terror ofrecían una recompensa de 200.000 dólares por su​ ​muerte)​,​ y ​figuraba​ en la lista ​negra ​de personalidades sirias ​sancionadas por los Estados Unidos y la Unión Europea, obedeciendo como siempre a la voz de su amo. (Lo acusaron de gasear a la población civil en Jan Sheijun, en el otro extremo de Siria, cuando llevaba 3 años sitiado en Deir Ezzor, defendiendo a 100.000 civiles de los ataques de los yihadistas armados y pagados por los EEUU, sus aliados occidentales y sus acólitos medioorientales​. E​l ataque fue llevado a cabo, como se ha sabido después, por la rama local de Al Qaeda)​.​

A la edad de 56 años el general Issam Zahreddine ha dado su vida ​en​ la defensa de su patria​ y sus compatriotas​. Pero también ha muerto por nosotros, junto a tantos miles de combatientes sirios y de otras nacionalidades que han encontrado su destino en las trincheras contra la barba​r​ie islamista que asola a medio mundo.

Aquí, en la comodidad de Europa, de Occidente en general, la gente debe​ tener presente y recordar siempre, que pese a lo que nos digan los medios de manipulación y embrutecimiento masivo con sus diarias campañas de desinformación, que si hoy vivimos más seguros (relativamente ¿y por cuanto tiempo?) ​es ​porque miles y miles de anónimos soldados sirios pusieron el pecho a las balas del yihadismo auspiciado por los Estados Unidos​, los gobiernos de Europa​, los déspotas monarcas del Golfo, Israel, Turquía y un ramillete de pequeños comparsas más. Los europeos estarán ​hoy ​un poco más seguros porque los soldados sirios y sus aliados han desbaratado la agenda de los ​que hacen y deshacen países, organizan guerras, arruinan naciones y exterminan pueblos​. La gente, el simple ciudadano de Europa desconoce que sus propios gobiernos conspiran contra su seguridad y atentan contra sus derechos básicos. ​​Los europeos está viviendo en el limbo de una falsa libertad y seguridad, mientras miles de psicóticos ​asesinos ​que han sido auspiciados por sus gobiernos está​n​ ya de regreso en sus calles.​ Y nosotros no tenemos a ningún Leónidas​, a ningún Zahreddine para hacerles frente. Y tal vez ni nos los merecemos.

En este panorama de vileza y traición, de cobardía y ruindad que es nuestro día a día como naciones entregadas a la decadencia y a la insignificancia, el ejemplo de este digno hijo de un pueblo en pie, caído en primera línea, nos conmueve y nos duele. La muerte del héroe nos pone frente a nuestras insuficiencias y nuestras mezquindades. Su sacrificio en el altar de las cosas sagradas que dan un sentido a la existencia son como una acusación a las pasiones indignas que perturban un mundo extraviado que ha perdido el sentido de la historia, el sentido mismo de humanidad, y camina derecho al precipicio sin rebeldía ni honor.

El General Issam Zahreddine ha caído en su puesto de combate y ha muerto victorioso, porque no se puede vencer a quien no se rinde. Ha entrado en el panteón de los héroes, ha cruzado el umbral de la inmortalidad, ha entrado en la leyenda. Su presencia acompañará a sus compañeros de lucha y a la patria por la que ha entregado su vida. Su ejemplo perdurará y su figura para siempre erguida y fuerte estará presente en todas las batallas por venir y en la victoria final. Su sangre derramada es el símbolo de la Patria que vive.

El pueblo sirio despide a uno de su héroes más queridos y todos los valientes que se fueron antes que él lo han recibido en una guardia de honor con las flores de la victoria y los abrazos de la fraternidad, y ahora los mártires caminan juntos por la eternidad, vivos de otra manera, vivos para siempre, limpios, puros y libres ya de todo mal. No mueren los que viven en el corazón de su pueblo.

Pero en lugar de intentar un elogio apropiado a la altura del héroe y del mártir, es preferible recordar las palabras del Imam Alí, que Issam Zahreddine adoptó, según dicen, como su lema personal.

Sé tu mismo, no aquél que otros quieran que seas
No repitas lo que oigas decir a otros
No escuches aquello que otros digan
Porque cuando naciste lloraste
Y todos los que te rodeaban reían
Luego, muere riendo
Y todos a tu alrededor llorarán.

Que su profunda risa se escuche en toda Siria y más allá, y que su querida tierra sea completamente liberada y sus viles enemigos sean aplastados. Así sea.

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