MEMORIAS DE UN BRIGADISTA: FALLECIMIENTO DEL GENERAL CASTRISTA ENRIQUE CARRERA ROLÁS Y MI PARTICIPACIÓN EN LA BRIGADA 2506- SEGUNDA PARTE

Avión Sea Fury, utilizado para atacar a la Brigada 2506

Por, Frank de Varona

La entrevista publicada en Granma en marzo de 2014 revela que los siete hijos del general Carreras conocieron y compartieron con el dictador Fidel Castro, el dictador Raúl Castro, y altos generales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias durante muchos años.. Uno de los siete hijos del general Carreras, Raquel Carreras Rivery, hizo el siguiente comentario sobre el reciente artículo del periódico Granma: “Además del gran hombre que fue y que caracterizó el general Tamayo en ocasión de la presentación del libro Secretos de generales con las siguientes palabras: ¨Es el hombre más honesto que uno puede haber conocido, el más humilde, el más tranquilo, el más decente. Pero además, es el más combativo que nosotros hemos conocido en la aviación de combate¨, fue el padre más preocupado, cariñoso, educador y comprensivo que puedan imaginar, un ser humano de cualidades incalculables. Sus hijos, los carnales y los que se sintieron como tal en todos estos años dentro de la aviación, jamás podremos olvidarlo. Ojalá su ejemplo de vida sirva de inspiración a muchos. Que descanses en paz papi, en este, tu vuelo eterno!”

Es lógico que una hija que amó a su padre lo elogie como el mejor padre del mundo. Sin embargo, cuando escribe en Granma que “Ojalá su ejemplo de vida sirva de inspiración a muchos”, ya esto es un comentario político de apoyo del general Carreras que luchó durante su larga vida por el régimen sanguinario y opresor de los hermanos Castros. Ningún cubano dentro y fuera de Cuba que ame la libertad y la democracia está de acuerdo con lo que escribió Raquel Carreras Rivery. El ejemplo del general Carreras sirve de inspiración  solamente a los comunistas de Cuba.

Como explicó el general Carreras era íntimo amigo del dictador sanguinario de Cuba Raúl Castro, que visitó su casa y conoció a sus hijos. Su hija, Raquel Carreras Rivery, que tanto admira su padre y que dijo “Ojalá su ejemplo de vida sirva de inspiración a muchos”, Ella está casada con un piloto retirado y tiene dos hijas, una que vive en Cuba y la otra que vive en Chicago. Su esposo, Ismael, recibe pensión de Cuba. Debido a que él se mudó con su hija en Chicago, los Estados Unidos le pasa una pensión de $733 al mes del seguro social.

La doctora Carreras recibió en 1996 un doctorado en Ciencias Forestales de la Universidad de Pinar del Río y es experta en madera. Es profesora titular del Instituto Superior de Arte en La Habana Cuba. Raquel Carrera enseña en dos universidades de España y una en Portugal y viaja por los Estados Unidos y por naciones europeas dando conferencias sobre madera. Recientemente dio una conferencia en Moscú, Rusia.

El general Enrique Carreras Rolás

La siguiente información sobre Carreras es basada en una pequeña biografía preparada por de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba y en algunos comentarios de este escritor. Carreras Rolás entró al ejército cubano mediante el Servicio Militar de Emergencia decretado durante la Segunda Guerra Mundial. Ya en el ejército, aspiró a una plaza de cadete de aviación. Fue uno de los 50 aceptados de los 500 que se presentaron. Eso fue a fines de 1942. Terminó los estudios el 25 de marzo de 1944 y se incorporó a la fuerza aérea, en tareas de apoyo a la vigilancia antisubmarina durante la guerra. En Montgomery, Alabama pasó un curso para oficiales superiores y primeros oficiales en la Air University.

El 5 de septiembre de 1957, a raíz de un complot contra el Presidente Fulgencio Batista en el que participarían oficiales de la Marina de Guerra y militares pertenecientes a otros cuerpos, que terminó en un alzamiento en una base naval en Cienfuegos, fue detenido y condenado. Estuvo en prisión hasta el 1 de enero de1959 en que triunfa la Revolución.

Sus primeras tareas en las fuerzas armadas castristas fueron recopilar datos en los archivos de la fuerza aérea del antiguo gobierno para enjuiciar a los pilotos que bombardearon a las guerrillas castristas. Recordemos que el dictador opresor de Cuba Fidel Castro después que estos pilotos fueron absueltos por una corte judicial en Cuba, ordenó que fueran juzgados por segunda vez lo cual fue completamente ilegal e injusto. En el segundo juicio estos pilotos, que simplemente habían cumplido con su deber, fueron condenados a largos años de prisión.

El comunista Carreras trabajó en la depuración de la Fuerza Aérea. Luego pasó a instructor en la base aérea de San Antonio de los Baños. Entrenó a los primeros pilotos de la Fuerza Aérea castrista. Participó activamente en los ataques contra la Brigada de Asalto 2506 en Playa Girón y Playa Larga en la Bahía de Cochinos en 1961. De acuerdo con el gobierno comunista de Cuba, el entonces capitán de la aviación castrista Carrera derribó dos aviones bombarderos B 26 y bombardeó a dos barcos de la Brigada 2506: el Río Escondido y el Houston.

Carreras mató e hirió a muchos brigadistas y a dos americanos al derribar su B-26 el 19 de abril, 1961. Fue el militar que más daño le hizo a la Brigada 2506 por ser entrenador de los pilotos de la FAR, hundir el Houston y el Río Escondido, derribar dos aviones B-26  y ser el único piloto que voló un B-26, Sea Fury y T-33 en Bahía de Cochinos.

Años después, viajó a Viet Nam del Norte, que luchaba contra las fuerzas norteamericanas en Vietnam del Sur, en medio de la guerra al frente de una comisión de la defensa aérea y antiaérea cubana. También fue diplomático al representar a Cuba como agregado militar, naval y aéreo en Perú, Portugal y México. Dejó de volar en 1988, y se retiró años después como general de división.

Enrique Carrera narra cómo atacó a soldados y barcos de la Brigada 2506. Éste su relato del primer día de batalla, el 17 de abril, 1961: “Pensé que lo que estaba viendo era como un remedo del desembarco en Normandía, en pequeña escala. Cerca de la costa, en Playa Girón, había por lo menos entre siete y ocho embarcaciones grandes y un número indeterminado de lanchones y lanchas de desembarco en pleno ajetreo. Observé que un barco de transporte enorme navegaba hacia el interior de la Bahía de Cochinos, seguido por una fragata de guerra, que viene a ser la unidad naval que sucede en importancia al destroyer. (Esto es incorrecto debió ser el LCI Barbará J que navegaba lado del Houston). Decidí por la libre, en segundos. Y escogí la primera presa: el buque que se dirigía a Playa Larga.

Di instrucciones en clave por radio a mis compañeros y me lancé el primero al ataque. Desde la altura entre cinco mil y siete mil pies descendimos en picada hacia el Houston, un transporte tipo Liberty, de ocho mil toneladas, era nuestro objetivo, repleto de tropas y suministros bélicos. A mil quinientos pies afiné la puntería y le disparé mi carga de cuatro cohetes. Algo raro me daba vueltas por dentro. Me parecía que estaba envuelto por una neblina. Solamente tenía experiencias en contadas prácticas de tiro aéreo y no sabía lo que era una guerra.

Ya habíamos sido avistados por el enemigo, y el fuego antiaéreo que se desató contra nosotros era una cosa de locura. Docenas de baterías -ametralladoras y cañones- vomitaban metralla hacia arriba. Era un espectáculo impresionante ver el espacio iluminado por las luces de las trazadoras y las explosiones de los proyectiles.

Les puedo asegurar  que lo que ensayamos fue una acción kamikaze, como los pilotos suicidas japoneses (esto una verdadera ficción y exageración ya que el Houston estaba solo y no tenía ametralladoras antiaéreas y estaba completamente indefenso).

Hice funcionar el mecanismo para disparar los cohetes y seguí con la mirada la ruta que tomaban. Confieso que me llenó de sorpresa verlos hacer blanco en la popa del Houston. El buque comenzó a humear y comprobé que su piloto, en urgente maniobra, lo dirigía hacia la orilla para encallarlo.

Bourzac y Silva también dispararon sus cohetes contra el Houston logrando impactos francos en el mismo. La fragata de guerra (no existía ninguna fragata de guerra debió haber sido el Bárbara J) que lo escoltaba, comprendiendo que el barco estaba perdido, pues ya hacia agua, comenzó a zigzaguear y viró en redondo para ganar la boca de la bahía y unirse a la flotilla frente a Playa Girón. Hice dos pases más sobre el objetivo descargando todo el parque de mis ametralladoras. Después retorné a la base”.

El día más largo de mi vida: el 17 de abril de 1961

Ahora explicaré mi experiencia como soldado del Quinto Batallón de la Brigada de Asalto 2506 y cómo sobreviví el hundimiento del Houston. Después de la medianoche, nuestro barco, el Houston, un buque tipo “Liberty” entró en la Bahía de Cochinos el 17 de abril de 1961. Hubo un silencio total, sólo el chapoteo de las olas contra el barco se oía. ¡Nuestro “D-DAY” había llegado!

Mientras navegábamos yo recordaba que un mes antes mi hermano Jorge y yo éramos estudiantes universitarios en Georgia Institute of Technology (Georgia Tech) en Atlanta, Georgia. Cuando terminó el trimestre de invierno, a mediados de marzo, los dos regresamos a Miami y anunciamos a nuestros asombrados padres que ambos queríamos alistarnos en lo que después se llamó la Brigada de Asalto 2506.

Deseábamos partir hacia los campamentos en Guatemala para entrenarnos como soldados y después liberar a nuestro país del comunismo. Mi padre aprobó la decisión de  mi hermano, que entonces tenía 19 años, pero se negó a permitir que yo lo hiciera porque tenía sólo 17 años. Le dije a mi padre que no estudiaría más y sería un vago si  no me dejaba partir a los campamentos. Con el tiempo, mi padre firmó un formulario de consentimiento porque yo era menor de edad. Por fin pude reunirme con mi hermano, muchos primos y otros amigos de la infancia de Camagüey en la Base Trax en las montañas de Guatemala, cerca de Retahuelo, el 1 de abril de 1961.

Después de apenas dos semanas de entrenamiento fui trasladado en avión a Puerto Cabezas, Nicaragua. La Brigada de Asalto 2506 era una pequeña unidad de 1,500 soldados. Allí en el muelle nos vino a despedir el jefe del ejército de Nicaragua, Anastasio Somoza, Jr. En la noche del 14 de abril, los cinco pequeños barcos de carga oxidados y en mal estado que nunca debieron haber sido usados en una invasión partieron hacia Cuba. No se nos permitió cocinar a bordo ya que los barcos estaban llevando  gasolina para los aviones y toneladas de municiones, lo que hizo que nuestras naves fueran bombas flotantes.

El Houston llevaba 230 bidones de gasolina de auto, 98 bidones de gasolina de aviación, 8 bidones de gasolina para los botes de desembarco, 23 bidones de aceite y grasa, 17 bidones de diesel, un hospital de campaña, 22,916 libras de balas de pequeño calibre, 28,805 libras de alto explosivo, 5,940 libras de fósforo y 2,125 de municiones químicas, para un total de 183.7 toneladas cortas. ¡El Houston era una bomba flotante!

Más tarde, uno de nuestros barcos, Río Escondido, explotó tras ser atacado por la fuerza aérea de Castro. La explosión fue tan fuerte que pareció una pequeña bomba atómica.

A las 2:00 de la madrugada, el  Houston llegó a Playa Larga. Yo estaba en la cubierta del barco hablando con el camagüeyano Juanito Sosa y esperando ansiosamente para desembarcar con otros soldados del Quinto Batallón de infantería.

Los soldados con más experiencia del Segundo Batallón comenzaron a desembarcar primero en los pequeños botes con motores fuera de borda que llevábamos. La grúa utilizada para colocar estos barcos en el agua hacía un ruido infernal que despertó a los soldados enemigos en Playa Larga y pronto estábamos bajo el fuego del enemigo en la tierra.

El Houston tenía cuatro ametralladoras calibre 50 que de inmediato comenzaron a disparar contra el enemigo en Playa Larga, pero no tenía ametralladoras antiaéreas. El Bárbara J,  un buque de apoyo, también comenzó a disparar al enemigo. A lo largo de la noche vi las balas trazadoras iluminadas que disparaban al enemigo en Playa Larga.

Los motores fuera de borda en algunos de las lanchas se rompieron y otras se perdieron en la oscuridad o se hundieron al chocar con las rocas y arrecifes en la playa. Cuando llegó la mañana, todo el Quinto Batallón se encontraba aún a bordo del Houston.

A las 6:00 de la mañana vimos un avión B-26 volando en nuestra dirección y todos gritamos de alegría. Esperábamos apoyo aéreo ya que los entrenadores estadounidenses nos habían dicho en el campamento de Guatemala “el cielo sería nuestro.” Para nuestra sorpresa y la desesperación, el B-26 abrió fuego sobre nosotros de un extremo al otro del Houston hiriendo y matando a varios brigadistas. Nuestra pesadilla acababa de empezar. Fuimos atacados repetidamente por los aviones B-26, Sea Furies y los jets T-33 de la Fuerza Aérea Revolucionaria del gobierno de Fidel Castro.

Estos aviones enemigos debieron haber sido todos destruidos antes de nuestro desembarco. Así lo contemplaba el plan original de la CIA y los Joint Chief of Staff o al alto mando del Pentágono. Desgraciadamente, el presidente John F. Kennedy redujo el primer ataque aéreo de nuestros B-26 de 16 a sólo 8 aviones. Posteriormente canceló los dos siguientes ataques aéreos de la Brigada.

Esas dos decisiones, unidas al cambio de lugar de desembarco de Trinidad a la Bahía de Cochinos, nos condenaron al fracaso. El enviarnos a Cuba sin apoyo aéreo y naval en barcos de carga obsoletos a luchar contra más de 200,000 soldados enemigos representó un acto de negligencia criminal.

Estando en la proa del barco vi como una bomba lanzada por un B-26 cayó en el mar al lado de nuestro barco y sentí como la explosión estremeció al Houston. A eso de las 9:00 de la mañana  un cohete de un Sea Fury nos dio en la popa. Como ya expliqué el piloto de ese avión era Enrique Carreras Rolás. Por suerte el cohete no explotó o el Houston hubiera explotado por completo como el Río Escondido matándonos a todos.

El cohete hizo un gran agujero de alrededor diez pies en la parte inferior de la nave y dañó el timón. El Houston empezó a hundirse rápidamente y su capitán, Luis Morse, lo encalló a una milla de la costa al oeste de la Bahía de Cochinos.  El impacto del cohete provocó un pequeño fuego en la bodega del barco, vi humo y soldados gritando y pensé que el buque iba a estallar en cualquier momento. Por suerte unos valientes brigadistas apagaron el fuego con mangueras. (Continuará)

Un Comentario sobre “MEMORIAS DE UN BRIGADISTA: FALLECIMIENTO DEL GENERAL CASTRISTA ENRIQUE CARRERA ROLÁS Y MI PARTICIPACIÓN EN LA BRIGADA 2506- SEGUNDA PARTE

  1. Participación política

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