MOLOCH, DIOS DE LOS ABORTOS, ASESINO DE INOCENTES. Al alba de un siniestro amanecer del año 5 a.C., un destacamento de la guardia herodiana entró en la pequeña aldea de Belén, donde ejecutó un «pogrom» infanticida que acabó con la vida de 12 niños menores de dos años.

Por Laureano Benítez Grande-Caballero

Al alba de cualquier siniestro amanecer en nuestro mundo actual, un ejército de soldados globalistas, vestidos de blanco, armados con bisturíes, fórceps y toda una panoplia de instrumentos quirúrgicos, irrumpe con los ojos inyectados en sangre en muchas de nuestras ciudades, con las órdenes de eliminar a millones de nasciturus.

Son los Mengeles de hoy, perfectamente legales, funcionarios del Armageddón abortista, sicarios del holocausto fetal, alcapones del NOM, destripadores sabiamente entrenados en ckekas, gulags y campos de exterminio para cazar fetos indefensos en medio de un espectáculo gore absolutamente dantesco, donde cuerpos tiernos son degollados, masacrados, torturados, en nombre de los derechos humanos de sus madres, de sus derechos reproductivos, del derecho a decidir.

Extraños derechos democráticos éstos, que deciden quién vive y quién muere; extraños derechos que otorgan impunemente la libre potestad de matar, cuando el primer derecho humano es el derecho a la vida; sospechosos derechos éstos que permiten esta inenarrable matanza de inocentes, que produce 56 millones de víctimas cada año.

Es decir, que los herodianos que atacarán este amanecer ―28 diciembre, día de los santos inocentes―, tendrán una cosecha de 84 abortos por minuto.

Son mercenarios, integrados en el fatídico Ejército IVE ― Interrupción Voluntaria del Embarazo, nombre eufemístico con el que los gobiernos y organismos transnacionales quieren encubrir la siniestra aureola que rodea a la palabra «aborto»―. Son simples burócratas de la muerte, que todos mantenemos con nuestros impuestos, aunque tengamos objeción de conciencia sobre estos asesinatos en masa. Y a esto le llaman «democracia» (sic).

Y además, son verdugos a sueldo de gobiernos de países donde la natalidad retrocede de modo alarmante, hasta el punto de que la mayoría de los países europeos actualmente pierden población; gobiernos criminales que, en vez de favorecer políticas de ayudas a la natalidad, dedican cuantiosos fondos a esta orgía destripadora, hasta el punto de que la Federación de Planificación Familiar Española ―filial de la multinacional americana del aborto «Planned Parenthood»―, recibió 360.000 € de los fondos públicos el año pasado, y eso a pesar de que actualmente se le ha retirado su consideración de “utilidad pública”, debido a irregularidades en su financiación.

Por su parte, «Planned Parenthood» practica una media de 897 abortos diarios, y, a pesar de que está siendo investigada por traficar con órganos y tejidos fetales, recibió, antes de la era Trump, subvenciones por valor de 554 millones de dólares, ascendiendo sus ganancias el pasado año a un total de 1.354 millones de dólares.

Esta carnicería está siendo planificada y dirigida desde organismos de carácter internacional, puestos descaradamente al servicio de los intereses de la oligarquía globalista, que pretende obsesivamente reducir la población mundial hasta una cifra aproximada de 500 millones de personas, ya que esta cantidad es más manejable para sus intereses despóticos y de acaparamiento de riquezas que los 7000 millones actuales. A este fin se encamina también la ominosa campaña mundial para imponer ―usando todo su enorme poderío mediático― las leyes LGTBI, pues homosexualizar a la población es también una estrategia para reducirla.

Estos organismos actúan como disciplinados verdugos, fieles ejecutores de la ideología imperialista imperante en el Nuevo Orden Mundial, que imponen alevosamente a los países, muchos de ellos sin posibilidades de defensa por sus condiciones de subdesarrollo. Entre estos organismos destaca la UNFPA (United Nations Found for Populations Activities), agencia de la ONU que se encarga de la promoción del control demográfico, y que recibe gran parte de su financiación de USA.

Cada año, la UNFPA reparte más de 20.000 millones de dólares para promover planes de control demográfico, fundamentalmente dirigidos a la esterilización.

En Kenia, por ejemplo, tan sólo se puede acceder al servicio sanitario nacional gratuito mostrando un documento que atestigua la aceptación de los programas de control de la natalidad; en Brasil ―según el secretario del Centro de Bioética del Hospital Gemelli―, han sido esterilizadas sin su consentimiento muchas mujeres en el momento en el que dan a luz, mientras que en el Estado de Paríba se ha llevado a cabo la esterilización en masa de las mujeres entre los 15y 40 años de edad.

En el caso de España, cada año los gobiernos herodianos ajustician a casi 100.000 fetos, fenómeno que constituye la primera causa de mortalidad en nuestro país, pero que, sospechosamente, no aparece en las estadísticas anuales de movimiento de población. Los abortos que se producen en cuatro días en España (1.192 abortos) superan la mortalidad por accidente de tráfico de todo un año (1.134 muertes en el 2013), o casi la mitad de los suicidios anuales (3.539 en 2012). La mayoría, el 89,93%, lo hizo por elección, acogiéndose a la libertad de abortar que otorga nuestra actual ley de plazos.

Datos sumamente reveladores, si se tiene en cuenta que España se producen más abortos anuales que en Alemania, país que nos dobla en población. ¿Por qué será?

Pues posiblemente la razón de esta anomalía demográfica consista en tener en cuenta el dato de que las extranjeras representan en torno al 36,9% de los abortos españoles, cuando constituye menos del 15% de las mujeres en edad fértil.

En el año 2006, la mitad de las mujeres que abortaban eran inmigrantes. Por supuesto, una gran mayoría de los abortos de la población inmigrante corresponde a menores de 25 años.

Las estadísticas vienen a asegurar que, mientras la tasa de abortos en las españolas está en torno al 6/1.000, entre las inmigrantes alcanza cotas cercanas al 30/1.000, destacando en este sentido que el 18,68% corresponde a mujeres de América del Sur.

Ante este ominoso «derecho a decidir» que esgrime el abortismo, Hanne Haaland Matlary, catedrática de Política Internacional de la Universidad de Oslo, ha lanzado acusaciones muy duras contra los gobiernos que legislan sistemáticamente contra las familias: «Vivimos en unos tiempos extraños en los que una institución natural como la maternidad ha perdido sus derechos».

Para dar a comprender mejor estas denuncias, la profesora noruega estableció una lista de los «derechos naturales» de la maternidad que son sistemáticamente vulnerados por el Sistema: el derecho a un salario familiar que pueda servir de sustento a la familia; el derecho a tener el número de hijos que deseen los padres de familia; el derecho de la madre a escoger entre el trabajo o el hogar o de conciliar maternidad y trabajo sin sentirse por ello discriminada; el derecho a educar a los hijos en materia de valores espirituales, vida sexual y moral, etc.

Además de buscar criminalmente una reducción de la población mundial, el principal objetivo de las políticas abortistas es destrozar la familia, célula primaria de convivencia de la sociedad, a lo cual coadyuva también decisivamente el despotismo del lobby LGTBI. El horizonte final hacia el que apunta el totalitario NOM es, para decirlo con palabras de Javier de Jaso y Azpilicueta, la consecución de «un Estado-inclusa donde el cuerpo social camina hacia una comunidad de miembros directamente incorporados al Estado, sin improntas familiares, con su educación y los valores participados desde el poder y los medios de comunicación, que les fraguan los proyectos de vida, la familia es un incómodo obstáculo, una estructura social inconveniente a ciertas fuerzas financieras, monopolios de la comunicación y políticos ambiciosos para sus designios de homologar valores, creencias, votos, hábitos de vida y de consumo. La familia produce ciudadanos libres porque la familia es seguridad humana y emocional, educación formadora, salud corporal y moral, libertad, autonomía frente al Estado leviatán.

Un Estado, que en el Nuevo Orden Mundial está dejando de ser una estructura administrativa al servicio de los ciudadanos y garante de sus derechos, para ser la herramienta de opresión de unos ciudadanos a los que se les pretende privar la dignidad intrínseca que tienen por su naturaleza y de los valores que les ennoblecen».

Mengeles, destripadores… y sacerdotisas Femens, Salomés que con pechos desnudos piden a los gobiernos las cabezas de los nasciturus, chillando perentoriamente aquello de «el aborto es sagrado».

Porque hay otro objetivo oculto en esta espantosa carnicería, en esta casquería horrible que convierte cada día en una macabra matanza de inocentes, ya que la muerte de infantes y nasciturus siempre ha tenido, a lo largo de toda la historia, un fuerte componente de sacrificio a alguna deidad, de homenaje sanguinolento a algún dios o diosa cuyos favores se pretenden conseguir, o cuya voracidad se pretende aplacar.

¿A qué Dios se ofrendan los fetos abortados como sacrificio ritual? Pues a un tal Moloch (imagen arriba), dios de origen cananeo que fue adorado por los fenicios, cartagineses y sirios, al cual también se le identifica en la mitología clásica con Cronos y Saturno ―el dios que devora a sus hijos, el planeta regido por Satanás―.

Generalmente se le representa como una figura humana con cabeza de carnero o becerro, sentado en un trono donde ostenta signos de realeza. Cualquier parecido con el Señor de las Moscas, como se ve, no es pura coincidencia.

Los sacrificios preferidos por Moloch eran los niños, especialmente los bebés, por ser los seres más impregnados de la materia. En los templos en los que se rendía culto a Moloch se encontraba una enorme estatua de bronce del dios. Dicha estatua estaba hueca, y la figura de Moloch tenía la boca abierta y los brazos extendidos, con las manos juntas y las palmas hacia arriba, dispuesto a recibir el holocausto. Dentro de la estatua se encendía un fuego que se alimentaba continuamente durante el holocausto. En ocasiones los brazos estaban articulados, de manera que los niños que servían de sacrificio se depositaban en las manos de la estatua, que por medio de unas cadenas se levantaban hasta la boca, introduciendo a la víctima dentro del vientre incandescente del dios.

Antes de que la estatua fuese llenada se inundaba la zona con un fuerte ruido de flautas y tambores, de modo que los gritos y lamentos no alcanzaban los oídos de la multitud.

En la Edad Media, Moloch se transformó en un demonio que encontraba placer en provocar el llanto de las madres a las que robaba sus hijos. Nada extraño, si se tiene en cuenta que un protocolo esencial de los ritos satánicos ha sido siempre el sacrificio e niños.

Allen Ginsberg cita con profusión el nombre luciferino de Moloch en su poema «Aullido» (Howl en inglés), una de las obras más importantes de la «Generación Beat»: «Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, ¿Qué esfinge de cemento y aluminio abrió sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación?

¡Moloch! ¡Soledad! ¡Inmundicia! ¡Ceniceros y dólares inalcanzables! ¡Niños gritando bajo las escaleras!

¡Auténtica risa santa en el río! ¡Ellos lo vieron todo! ¡Los ojos salvajes! ¡Los santos gritos! ¡Dijeron hasta luego! ¡Saltaron del techo! ¡Hacia la soledad! ¡Despidiéndose! ¡Llevando flores! ¡Hacia el río! ¡Por la calle!».
Tremendos versos para describir la matanza de los inocentes. Y hermosas palabras éstas que siguen, con las cuales la madre Teresa de Calcuta condenaba el aborto: «El mayor destructor de la paz hoy en día es el aborto, porque es la guerra en contra los niños, el asesinato directo de los inocentes, asesinato de la Madre en contra de sí misma.

Si nosotros aceptamos que una Madre asesine a su propio hijo, ¿cómo entonces podemos decirle a otros que no se maten entre sí?

El niño es un regalo de Dios para la familia. Cada niño está creado de manera especial a la imagen y semejanza de Dios para grandes cosas. Para amar y ser amado.

¿Pero qué es lo que Dios nos dice? Él dice: «Aunque la Madre olvidase a su hijo, Yo no te olvidaría. Te he grabado en la palma de mi mano». Todos estamos grabados en la palma de sus manos; el niño que fue abortado también está grabado en la palma de su mano desde el momento de concepción y es llamado, por Dios, para amar y ser amado, no solo ahora en esta vida, pero para siempre. Dios no nos olvida nunca».

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