NOVEDAD EDITORIAL: CUATRO AÑOS CON FRANCISCO, LA MEDIDA ESTÁ COLMADA-I Continuación de la obra del mismo autor: TRES AÑOS CON FRANCISCO – La impostura bergogliana, publicada en marzo de 2016.

Por, Alejandro Sosa Laprida  

La obra devastadora perpetrada por Francisco en cuatro años supera lo imaginable: necesidad de una conversión ecológica; pedido de perdón a los « gays » por haber sido « discriminados » por la Iglesia; construir una « nueva humanidad » a través de la « cultura del encuentro »; la Iglesia y la Sinagoga poseen la « misma dignidad »; María y la Iglesia tienen « defectos »; Lutero « no se equivocó » con la doctrina de la justificación; los Estados católicos son incompatibles con el sentido de la « Historia »; los musulmanes son « hijos de Dios »; la pena de muerte para los criminales es « inadmisible »; la especie humana « se extinguirá » algún día; no existe un Dios católico; Dios se sirve de la evolución y no hace « magia »; el matrimonio cristiano no es más que un « ideal »; la Iglesia en el pasado tuvo « comportamientos inhumanos » pero gracias al CVII aprendió el « respeto » hacia las otras religiones. La lista es interminable. Este estudio no se propone ser exhaustivo, sólo tiene el modesto objetivo de pasar revista a las principales aberraciones cometidas por este hombre idolatrado por los medios de comunicación del sistema y adulado por todos los enemigos de la Iglesia. Las iniquidades de este pontificado son de una tal amplitud e indecencia que no puede uno dejar de exclamar con el salmista: « ¡Levántate, Juez de la tierra! ¡Da a los soberbios el pago de sus obras! ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo triunfarán los malvados? ¿Hasta cuándo hablarán con arrogancia y se jactarán los malhechores? » (Sal. 94, 2-4) Atención, Francisco: la medida está colmada…

El autor, argentino y antiguo seminarista en los años 80’, posee una licenciatura en lingüística y un máster de filosofía, consagrado al estudio de la obra de Santo Tomás de Aquino. Reside en Francia desde hace varios años, en donde se desempeña como profesor de latín y de castellano en la enseñanza secundaria.

Índice

Prefacio de Flavio Infante

  1. La medida está colmada
  2. El proselitismo es pecado
  3. Jesús se hizo serpiente
  4. Francisco el pornógrafo
  5. Caleidoscopio bergogliano
  6. ¡Vayan con los anglicanos!
  7. Hay que reinterpretar a Jesús
  8. Francisco, comunista y excomulgado
  9. La bula que se burla de la misericordia
  10. Sobre las dudas de los cuatro cardenales
  11. Piezas escogidas del « magisterio » bergogliano
  12. Dejate misericordiar, por Federico Mihura Seeber
  13. El concilio de los malhechores me ha asediado, por Jean Vaquié

Postfacio de Augusto Torchson

Prefacio

Las florecillas de Francisco y la Babel esjatológica

Por FlavioInfante

Si no hubiese habido una cuidadosa preparación, una propedéutica adecuada al término finalmente alcanzado, la artillería de groserías, blasfemias y herejías de Bergoglio habría sido rechazada desde el comienzo de su incomparable pontificado. Por desgracia se ha cumplido, a lo largo de varias décadas, una eficaz adaequatio de los oídos y de las mentes de la inmensa mayoría de los fieles y los clérigos a los embrollos teológicos, a los errores más o menos enmascarados, al no-decir-nada de tantos documentos papales y conciliares, de manera de alcanzar esta instancia, que ha sido llamada de «plena actualización del Concilio», la hora de exprimir y consagrar las consecuencias de las premisas asentadas oportunamente en el Vaticano II: libertad religiosa (= laicismo de Estado), colegialidad y ecumenismo (vale decir, la transcripción eclesiástica de la funesta tríada liberté, égalité, fraternité ya sin ningún embozo). La prueba del éxito de la estratagema revolucionaria se asienta en el simple hecho de que hoy día, ante la irreverencia sistemática del «obispo vestido de blanco» para con la fe católica, no se ve alzarse un cardenal Ottaviani, ningún monseñor Lefebvre o De Castro Mayer para oponerse a la demolición programada. La tiranía de los faits accomplis, inconmovible a esta altura, alcanzó a infestar la conciencia de los bautizados. […]

Esta infestación del modernismo ha ido tanto más allá que los más temibles de los pronósticos, que ahora se comprende mejor cuán vanos fueran los ingentes esfuerzos de san Pío X tratando de extirpar de la Iglesia este cáncer tan invasor, a pesar de que el santo Papa Sarto había previsto que un día la apostasía habría alcanzado un ápice entonces inimaginable. Por otro lado, había sido justamente su predecesor quien compusiera el texto del exorcismo contra Satanás y los ángeles apóstatas -escrito después de una célebre visión acerca del futuro de la Iglesia- y quien lo incluyera desde entonces en el Rituale Romanum, uno de cuyos fragmentos reza que «allí donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo, [los enemigos de la Iglesia] han elevado el abominable trono de su impiedad con el designio inicuo de herir al Pastor y dispersar al rebaño», palabras que dan escalofríos y que al día de hoy se leen como una profecía cumplida. […]

«Se atizarán fuegos para testimoniar que dos más dos son cuatro. Se desenvainarán espadas para demostrar que las hojas son verdes en verano», escribió Chesterton en previsión de la fatal pérdida del juicio que hoy, finalmente, se verifica en todo el mundo. No habremos descubierto América con estas precedentes observaciones, pero sí habremos humildemente contribuido, junto al  autor de este volumen, a dar cuenta de una evidencia desestimada incluso por muchos hombres de Iglesia en este « silencio como de media hora »(Ap. 8, 1) que precede al juicio de Dios sobre nuestro tiempo y sus actores.

La medida está colmada

« Los más astutos enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. ¡Oh, invencible adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que lo atacan y dale la victoria! [1] » León XIII.

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