OTRAS VOCES: LA MAFIA MUNDIALISTA CONTRA DONALD TRUMP, EL LÍDER QUE CUMPLE LO QUE PROMETE Y DICE LO QUE CREE. Es ya obvio que los demócratas y un sector dentro del propio GOP (Grand Old Party, como se conoce al Partido Republicano), sólo podrían ganar unas elecciones a Trump destituyéndole mediante argucias legales.

Trump en el Air Force One

Por, Armando Robles

La mafia mundialista y sus tontos útiles de Hollywood han decidido que no se puede impugnar a Donald Trump por una gestión que está siendo extraordinariamente positiva en el campo económico y que la única forma de echarlo de la Presidencia de Estados Unidos es presentándolo como una deformidad de la democracia, que tiene además la dudosa virtud de sostener en público lo que piensa más de la mitad de la población norteamericana. Decir que Haití o Sudán del Sur son sendos “agujeros de mierda” podrá ser todo lo inelegante que se quiera, pero siempre se acercará más a la verdad que definirlos como dos países modélicos y ejemplares, que es lo que habría dicho cualquiera de los lacayos del NOM. Trump es un personaje auténtico que cree en lo que dice y dice lo que cree. En unas sociedades carcomidas por el Mal y donde las palabras representan lo contrario de lo que se piensa, se comprende que cause tanto estupor el que se atreve a llamar al pan, pan…

Es ya obvio que los demócratas y un sector dentro del propio GOP (Grand Old Party, como se conoce al Partido Republicano), sólo podrían ganar unas elecciones a Trump destituyéndole mediante argucias legales. Como estarán de mal las cosas en las filas demócratas que han tenido que lanzar el globo sonda de la candidatura de Oprah Winfrey, cuya falsa y plastificada sonrisa estremecería de horror a la propia Clinton.

Los mismos medios globalistas que se confabularon desde el principio para destruir a Trump y encubrir los delitos de Hillary Clinton, ahora han vuelto a la carga contra el presidente. Entre esos medios se encuentran los españoles, que hoy se suman al coro de grillos que cantan en contra de Trump, mientras hace unas semanas aplaudían a rabiar sus firmes declaraciones en contra del proceso independentista en Cataluña.

Con tan poderosos y malvados enemigos, con tantos lobbis progresistas en su contra, lo inquietantemente extraño para los detractores de Trump debe ser que todas las descalificaciones contra el personaje sean del tipo de la denuncia de alguna cabaretera, por un asunto de faldas, o algún exceso verbal. Ya se sabe que la moral oficial permite que una becaria realice una felación, en el despacho oval, a un presidente de los Estados Unidos, a cambio eso sí de que el mandatario sucumba a las buenas formas ante el público. Si todo lo que tienen contra Trump son sus manifestaciones “sotto voce” contra esto o contra aquello, sin que al caso pueda desprenderse algún asuntillo de corrupción económica, entonces no hay duda de su honradez a prueba de misiles norcoreanos. Parece evidente que Trump no quiso ser presidente para servirse económicamente del cargo, que es lo que hace cualquier mindundi de los que se dedican a malgastar la acción política en España. Desde que es presidente de EEUU, Trump se ha desplomado en la clasificación de las grandes fortunas de ‘Forbes’. La fortuna de Trump se ha reducido en 600 millones en los últimos 15 meses. Antes de jurar su cargo estaba en el puesto 156 y ahora se encuentra en el 248. No hay más preguntas, señoría.

El presidente de Estados Unidos, además, está honrando su compromiso con los votantes al cumplir sus promesas electorales, entre ellas el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, que a los españoles en nada nos afecta. Un político que cumple lo que prometió a los votantes parece casi incomprensible en Occidente, acostumbrado a dirigentes de promesas incumplidas. Para Donald Trump, ser un presidente que cumple es especialmente crucial, ya que es una de las llaves doradas de su vínculo inquebrantable con sus seguidores.

La mafia de Hollywood, contra el bienestar de los estadounidenses

Se comprende que a la mafia millonaria de Hollywood le importe más sus privilegios que el bienestar de los estadounidenses. No se entiende de otra forma su odio inagotable a Trump, en medio de una situación económica que va viento en popa y que favorece sobre todo a las familias. Trump acaba de sacar adelante una reforma fiscal que va  a recortar los impuestos para la clase media, haciendo la carga impositiva más simple y más justa. Se trata del plan de recortes de impuestos más importante en la historia del país.

Los primeros 12.000 dólares que gane cada persona de forma individual serán libres de impuestos. Los primeros 24.000 dólares de ingresos ganados por una pareja también serán libres de impuestos. Marca además tres topes de impuesto sobre la renta para los trabajadores, dependiendo el monto de sus ganancias: 12%, 25% y 35%. Elimina también los impuestos sobre las herencias. Es decir, lo que ha hecho Trump es recortar los impuestos para la clase media, haciendo la carga impositiva más simple y más justa para el día a día de los estadounidenses.

Como prometió en su campaña, Trump ha trabajado para renegociar el TLCAN, se retiró del propuesto acuerdo comercial de la Asociación Transpacífico, abandonó el acuerdo climático de París, atacó el acuerdo nuclear de Irán y ha introducido una prohibición de viaje para los residentes de algunas naciones mayormente musulmanas, mientras adoptaba otras políticas radicales de inmigración.

Trump prometió presidir el crecimiento económico y hacer subir el mercado bursátil. El producto interno bruto se expandió 3.3% en el cuarto trimestre de 2017, un máximo de tres años.

La tasa de paro en Estados Unidos  ha caído al 4,3%, el nivel más bajo desde el 2001 y muy lejos del 10% que alcanzó en el 2009. El país está creando una media de 200.000 empleos cada mes. El salario por hora trabajada aumentó un 2,5% en 2017, hasta los 26,26 dólares (22,4 euros).

Muchas regulaciones que frenaban la contratación continúan a la baja. Más allá del crecimiento del producto interno bruto y de cifras más conocidas como los salarios y el déficit comercial, vale la pena recordar que el régimen proteccionista prometido por Trump ha beneficiado a los Estados Unidos y acelerado la creación de empleos. El renacido Detroit es el mejor ejemplo de la musculatura de la economía estadounidense.

Reconquista de los valores espirituales y culturales

Capítulo aparte merece su compromiso con las promesas hechas en campaña en torno a la reconquista de los valores espirituales y culturales que catapultaron a Estados Unidos a la cima de las naciones del mundo. Eso implicaba revertir las políticas demográficas orientadas a la sustitución de la población de raza caucásica.

Los que se oponen a una sociedad estadounidense multicultural votaron a Trump para poner en primera línea sus visión del mundo: su creencia de que la raza blanca está en proceso de exterminio, que Estados Unidos puede terminar islamizándose al ritmo de muchos países europeos y su rechazo a tener que compartir sus barrios o convivir con gente que no aceptan la cultura del país.

La mafia progresista no le perdona a Trump que millones de estadounidenses y europeos por fin se hayan dado cuenta de que la civilización Occidental y la raza blanca están en serio peligro. De que vuelva a darse cuenta con orgullo de quiénes son.

Según una encuesta del Public Policy Polling, casi la mitad de los votantes de Trump quieren que se deporte a todos los inmigrantes indocumentados de inmediato. Asimismo, un tercio de ellos estarían a favor de que se prohíba la entrada de homosexuales al país.

Trump ha animado a un voto que llevaba dormido más de medio siglo. Trump es una extraordinaria oportunidad para cambiar el sistema. Las batallas que hoy gane Trump en Estados Unidos serán los principales avales con los que contarán los identitarios europeos para dar el vuelvo a un continente en trance de agonía. En este contexto, oponerse a Trump es desaprovechar una de nuestras últimas oportunidades de derrotar los falsos argumentos, entre ellos el de la “corrección política”, sobre los que se sustenta la acción globalista en nuestros países, y encaminarnos a un futuro que saque a Europa del “agujero de mierda” en que se encuentra actualmente.

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