PARA LECTORES INTELIGENTES: CÁTEDRA DE POLÍTICA E HISTORIA- MUNDO NACIONAL-SINDICALISTA- Rescatamos la ponencia de Miguel Argaya Roca: Los falangistas y el franquismo en diez asaltos (VI y final)

FRANCISCOFRANCOENSUAPOGEOEn la foto, Francisco Franco en su apogeo

MIGUELARGAYAROCATexto original de Miguel Argaya Roca (en la foto de la izquierda) publicado en El Municipio, España. (Ilustraciones agregadas por Nuevo Acción)

Noveno asalto, noviembre de 1955-febrero de 1956: Los legitimistas y las juventudes se reagrupan

La última intentona de los falangistas -la protagonizada por los más jóvenes- ha quedado finalmente en nada. Más aún: se ha demostrado una maniobra espuria en la que los falangistas bienintencionados se han visto utilizados y desbordados por fuerzas superiores a ellos. Sirve, en todo caso, para afianzar el desengaño: Franco -dicen ya abiertamente- ha traicionado a la Falange. Quienes se reagrupan en torno a los viejos legitimistas arrastran, al menos, esa convicción, que no podrá ser ya soslayada por sus mayores. Ese mismo mes de noviembre de 1955 en que tiene lugar el Congreso de Jóvenes Escritores, Luis González Vicén, jefe de la Guardia de Franco, reclama en un discurso el retorno a los fundamentos anticapitalistas de la Falange primitiva.

FUNERALDEJOSEANTONIOPRIMODERIVERAOTRAFOTO Pocos días después, durante los funerales oficiales por José Antonio que tienen lugar en El Escorial, las centurias del Frente de Juventudes y de la Guardia de Franco se niegan a ser revistados por el dictador: a una voz de mando, se giran y dan la espalda a éste como un solo hombre. La reacción de Franco es de completa tranquilidad, pero a su regreso a El Pardo firma la destitución del delegado nacional de Juventudes, a quien culpa de la situación.

Poco después, en enero, el Congreso de Escritores hace público un manifiesto pidiendo un Congreso Nacional de Estudiantes que acabe con el monopolio del SEU en la Universidad. Ruiz Giménez, con no poca picardía, se declara incompetente y pasa la pelota a la Secretaría General de FET, que opta por el silencio. Pero el silencio no detiene un proceso que viene con mucha fuerza. En febrero, y con el respaldo del propio rector Laín Entralgo, se pone en marcha un proceso electoral ilegal en la misma sede universitaria. Los falangistas consideran el hecho una traición al SEU y a su propio programa revolucionario, y actúan en consecuencia. A comienzos de febrero, durante las votaciones, un grupo de jóvenes pertenecientes a la Guardia de Franco interrumpe violentamente el proceso electoral y, en los enfrentamientos consiguientes, queda rota la lápida a los caídos falangistas instalada en la Universidad madrileña. La manifestación de desagravio convocada por los falangistas para el día siguiente es replicada entonces por los jóvenes izquierdistas, hay una nueva colisión callejera… y cae gravemente herido de un tiro en la cabeza uno de los falangistas.

Seguramente es lo que Franco necesita para justificar una medida de fuerza. Decreta el estado de excepción, procede a detener a los más significados miembros del Congreso de Escritores y cesa a Ruiz Giménez y a Fernández Cuesta. Pero, necesitado de reconducir a los falangistas, nombra al mismo tiempo como secretario general de FET a Arrese.

Una cosa al menos ha quedado meridianamente clara: a estas alturas ya no puede decirse que estemos en un conflicto entre falangistas de distintas tendencias. Los viejos serranistas han mostrado su verdadero rostro. Habiendo sido en su momento de esplendor político el principal escudo de Franco ante las pretensiones falangistas, y habiendo capitaneado sin escrúpulo alguno la idea de una Falange totalitaria y fascistizante, los antiguos serranistas han logrado despojarse definitivamente de sus tintes azules, y dejar además a los verdaderos falangistas -al menos a los históricos adscritos al Régimen- en una incómoda posición política de perros guardianes del franquismo. Éstos, por su parte, no dudan en asumir una calificación que obviamente no les cuadra, en aras de recuperar cuotas de poder. Empieza el último asalto: el segundo “proyecto Arrese”.

Décimo asalto, febrero de 1956-febrero de 1957: El segundo “proyecto Arrese”

Está claro que lo que Franco pretende al nombrar a Arrese es que éste reconduzca la situación y devuelva a los falangistas al rebaño del régimen. Lo que ocurre es que Arrese y los suyos ya no son los mismos de antes. Para ellos, se trata de una ocasión indeclinable, acaso la última, de llevar a cabo su programa político.

JOSELUISARRESEFOTOCHICALa primera acción de Arrese (en la foto) consiste en consumar el tan ansiado proyecto de reforma de la propia FET: aquél que ya se había querido hacer infructuosamente en 1938 y que había costado la cárcel a Aznar y a González Vélez. Pero ya no son las mismas circunstancias, ni las capacidades, ni la calidad del compromiso de los falangistas que acompañan a Arrese. Los componentes de la comisión encargada de llevarlo a cabo no se ponen de acuerdo. González Vicén exige reformas radicales: revisión total de las Leyes Fundamentales, elaboración de un sistema político más participativo y democratización interna del Partido desde su base. Pero sus compañeros se niegan a aceptarlas. Lo que se presenta finalmente es un Anteproyecto de Ley Orgánica del Movimiento Nacional cuya propuesta más espectacular es la constitución de un Congreso Nacional del Movimiento como órgano representativo de la militancia del Partido. Está claro que el proyecto de Arrese ni siquiera logra concitar la unidad de los propios falangistas. Coincide, además, con una grave crisis económica: aumenta un 10% el déficit de la balanza de pagos respecto del habido el año anterior y crece la inflación hasta el 20%. Las subidas salariales del 27% y del 15% decretadas por Girón en marzo y en octubre no logran detener las quejas, que se dirigen -o se hacen dirigir- contra los falangistas.

PILARPRIMODERIVERAEn el Consejo Nacional de la Sección Femenina de noviembre de 1956, celebrado en Málaga, afirma Pilar Primo de Rivera(foto de la izquierda) con notable amargura: “Somos como Quijotes, luchando contra fantasmas de molino (…). Hemos intentado hacer una España más ágil, más limpia, más veraz, más bella, más justa… y la mediocridad nos va pudiendo; no conseguimos romper con las losas agobiantes de la vulgaridad y el estancamiento. No han querido o no han sabido entendernos la mayoría de los españoles apegados a sus rutinas o a sus rencores”. Parece la constatación absoluta de un fracaso.

Lo que la gente ignora es que los falangistas no son los verdaderos dueños del Estado. Lo expresa con meridiana claridad el propio Arrese en diciembre de 1956, ante el Consejo Nacional: por esas fechas sólo pueden considerarse como falangistas “2 de los 16 ministros; 1 de los 17 subsecretarios; 8 de los 102 directores generales; 18 de los 50 gobernadores civiles; 8 de los 50 alcaldes de capitales de provincia; 6 de los 50 presidentes de diputaciones provinciales; 65 de los 151 consejeros nacionales de FET y de las JONS; 137 de los 575 procuradores en Cortes; 133 de los 738 diputados provinciales; 766 de los 9.155 alcaldes; 3.226 de los 55.960 concejales municipales. Es decir, que la Falange primitiva ocupa aproximadamente el 5% de los puestos de mando y representación en España”. La gran mayoría de los cargos públicos están, pues, en manos de otras “familias” o “clanes políticos” del Régimen, sobre todo democristianos y monárquicos opusdeístas. Señalar a la Falange como único culpable de la inestabilidad política y económica del momento es, desde luego, bastante cómodo para todos los demás grupos que participan del Estado, pero es rigurosamente falso. Y sin embargo, la especie se consolida entre la población. “La Falange” (sic) ha fracasado.

Franco, desde luego, lo tiene claro: En enero de 1957, empieza a hablarse de renovación gubernamental. Se rumorea que van a desaparecer los ministros falangistas. El Frente de Juventudes organiza entonces una manifestación que es duramente reprimida por la policía y en la que son detenidos los jefes de los distritos de Madrid, que se ven obligados a pasar la noche en los calabozos de la Dirección General de Seguridad. Poco después, en febrero, tiene lugar la esperada crisis ministerial en la que caen Girón y Arrese. Como dice el propio Girón en sus memorias, “el proyecto de Arrese fue como un castillo de fuegos artificiales que se abrasaría en pocos meses”. Y con él las últimas posibilidades políticas de los falangistas en el seno del régimen de Franco. Ya no habrá más. La presencia de falangistas en los organigramas franquistas será, a partir de 1957, escasísima y tan sólo a título personal. Y el intento de Utrera en 1974 sólo puede catalogarse como una revuelta “de salón” por la falta de una base social medianamente consistente.

Conferencia de Miguel Argaya Roca en las Jornadas organizadas por el Foro Historia en Libertad sobre La España de Franco.

3 comentario sobre “PARA LECTORES INTELIGENTES: CÁTEDRA DE POLÍTICA E HISTORIA- MUNDO NACIONAL-SINDICALISTA- Rescatamos la ponencia de Miguel Argaya Roca: Los falangistas y el franquismo en diez asaltos (VI y final)

  1. Soy un lector, pero no muy inteligente que ha disfrutado y aprendido de estos articulos, muy buenos por cierto. Gracias por postearlos aqui.

    Saludos

  2. Estimado lector José González: El hecho de buscar esos artículo ya demuestra que Ud. si es un lector inteligente. Es bueno recordar que inteligente no es sinónimo de erudito y que muchas veces hay personas inteligentísimas que no han tenido la oportunidad de estudiar, pero eso no niega su inteligencia.
    Gracias por leernos

  3. Nuevo Accion, gracias mil por sus palabras..!!!

    Saludos

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