POR LOS FRENTE DE IBEROAMÉRICA: DURÍSIMA ACUSACIÓN CONTRA EL CENTRO DEMOCRÁTICO. ¿SE SALVARÁ COLOMBIA DE SU DESTINO MARXISTA? Iván Duque es la careta con que la izquierda pretende engañar de nuevo a los colombianos. Ya hemos tenido ocho años de otro que fingía ser derecha y que hablaba mal de las FARC; ocho años de la hiena marxista que salió elegida gracias al mantra “por el que diga Uribe”, que fue impuesto para que los uribistas iletrados votaran por el engendro

De los candidatos de derecha, Alejandro Ordóñez es hasta ahora el mejor ranqueado en las encuestas.

Por Ricardo Puentes Melo-Periodismo sin fronteras

Que la chusma histérica hiperbolice el culto a la personalidad, no es nada nuevo ni extraño. Así ha ocurrido a lo largo de los años y ello ha sido el germen de las mayores tragedias de la humanidad. Por seguir a un hombre, colocándolo en las alturas que solo pertenecen a Dios, y creer que sus juicios y valores carecen de la falibilidad terrenal, es que la historia rebosa de engaños y la gentuza sufre sus desengaños.

Nunca he dudado, ni por un solo segundo, que el candidato ideal para consolidar el criminal acuerdo entre Santos y FARC, es Iván Duque. La izquierda lo adora, lo ensalza, lo premia y ni a Álvaro Uribe ni a ningún directivo del Centro Democrático -excepto Fernando Londoño, le preocupan sus estrechos nexos con los Santos, con Claudia López, Robledo, León Valencia; ni pestañean siquiera cuando han escuchado a los terroristas Pastor Alape y Jesús Santrich alabando las virtudes de Duque y afirmando que lo apoyarían decididamente si queda representando al CD.

Por el contrario, en el mismo CD, las candidaturas de Alejandro Ordóñez, Luis Alfredo Ramos y hasta Oscar Iván Zuluaga, se intentan torpedear colocándoles minas quiebrapatas que impidan cualquier acercamiento que congregue a las bases uribistas, que son -sin duda- de derecha. Para la cúpula del CD parece ser válida cualquier alianza con la izquierda y sus patrocinadores, ya sea con Angelino, Vargas Lleras o Sergio Fajardo, pero no con quien defienda los valores republicanos y los estandartes éticos de la familia.

A Alejandro Ordóñez le trataron de colocar la primera mina quiebrapatas en la marcha que él convocó el Primero de abril de este año. Siendo el primer personaje que hizo el llamado, acompañado del concejal Marco Fidel Ramírez, y animados ambos por una triunfante protesta contra las pretensiones de Gina Parody y el lobby gay, de adoctrinar niños en el homosexualismo, se sabía que esa marcha tendría éxito.

Sin embargo, el Centro Democrático se apoderó de la convocatoria y la controló totalmente. Tanto, que al mismísimo Alejandro Ordóñez no lo querían dejar hablar en la tarima que se armó en la Plaza de Bolívar de Bogotá. “A Alejandro Ordóñez no se le debe permitir que tome el micrófono”, dijo uno de los senadores de ese partido que estaba allí ese día. “Es una orden que viene de arriba -dijo otro congresista- Y la orden es que a Ordóñez no se le debe permitir hablar.”

Cuando estaba a punto de subir a la tarima y le informaron que no tenía acceso a ese sitio, Alejandro Ordóñez aceptó sin protestar, y estaba dando media vuelta para mezclarse de nuevo entre la multitud cuando Beatriz, su esposa, no se detuvo en sutilezas y, sin que nadie pudiera retenerla, exigió el micrófono para Ordóñez. Solo así pudo dirigirse a la audiencia que lo aclamó. ¿De quién vino esa orden contra Ordóñez? No lo sé, y siempre me haré esa pregunta.

Angelino Garzón tiene su puesto de honor -inmerecido- en el Centro Democrático

Otro episodio lleno de desaire fue la convención del Centro Democrático. A Ordóñez no lo iban a invitar. Lo habían convidado de cualquier manera, como si fuera un pelafustán de quinta, nada formal. En esa convención se estaba planeando aclamar la unión con Angelino Garzón y pedirle que “aceptara” ser precandidato del CD. Todo estaba ya libreteado. Desde estas páginas alertamos sobre ese espantajo, y protestamos enérgicamente. La noche anterior, el presidente Uribe llamó personalmente a Ordóñez y lo invitó. Pero el show estaría dedicado a Duque y a Angelino, ambos de izquierda, ambos de la Tercera Vía, ambos antimilitares, ambos con plácemes de los bandidos.

Ni hablar de Luis Alfredo Ramos. Inscribió su membresía en la sede del Centro Democrático y ningún personaje político de las directivas, ni siquiera su amigo Álvaro Uribe, estuvo allí para apoyarlo y darle un espaldarazo contra las infamias de que fue objeto por parte del Cartel de la Toga, de Claudia López (íntima de Iván Duque), de Cepeda y todo ese aparato mafioso de la izquierda. Lo acompañaron, eso sí, fervientes seguidores que están seguros de que una candidatura de Ramos acabaría con la disputa interna ya que, aseguran los conocedores, frente al exgobernador de Antioquia los otros candidatos tendrían que plegar sus aspiraciones.

Juan Manuel Santos le arrebató fraudulentamente las elecciones a Oscar Iván Zuluaga.

Y Oscar Iván Zuluaga. Él ganó las elecciones pasadas, pero Santos se las robó. Conoce el país porque estuvo haciendo campaña por todos los departamentos. Se ganó el corazón de los colombianos porque fue una víctima de Santos quien le montó el escándalo del supuesto hacker en un intento por desprestigiar su candidatura, y luego, con la complicidad de Iván Duque y Luis Carlos Restrepo -ambos peones de José Obdulio Gaviria- le echaron encima toda la basura del tema de Odebrecht. De ambas confabulaciones salió airoso. Pero eso no fue suficiente para convencer a Uribe de que, sin ningún asomo de duda, Zuluaga hubiera sido aclamado como el candidato ideal para el Centro Democrático en estos momentos.

No, el Centro Democrático -controlado en las alturas por la izquierda- sigue empecinado en montar la farsa de que Iván Duque es el preferido por las bases. Se han inventado de todo para ello. El mismo Duque, haciendo gala de su despótica presunción, amenazó con irse del partido con su candidatura si el mecanismo de elección no era el que José Obdulio y el ala marxista del CD determinó para escoger al ungido, esto es, una consulta abierta (que disfrazan con el nombre de “encuestas”) donde cualquiera puede entrar a participar escogiendo al candidato del partido. Cualquiera, incluso las FARC y los partidos de izquierda, donde Duque tiene su mayor fanaticada.

Sin demeritar la laboriosa candidatura y la seriedad de Carlos Holmes Trujillo, es indudable que el 90% de las bases del uribismo se sienten identificados con la campaña de Rafael Nieto, aunque él se haya plegado a las condiciones impuestas por las directivas del partido para los precandidatos, siendo la principal el no hablar de “destrozar los acuerdos de FARC y Santos”, sino de “reformarlos”.

La candidatura de Duque tiene intereses muy claros

Pero honestamente dudo que las reglas sean transparentes. La terquedad por imponer la figura de Duque, cegándose a la evidencia de que él es el candidato de la izquierda colombiana, el caballo de Troya del Foro de Sao Paulo que pretende hacerlo pasar como un hombre de derecha, al igual que sucedió con Juan Manuel Santos (ambos impuestos, ¡oh casualidades! por Obdulio y su combito marxista), conducirá a Colombia hacia el despeñadero que no tiene retorno.

Mientras que las FARC ven a Iván Duque con buenos ojos, a Alejandro Ordóñez le temen y lo odian. No sólo las FARC, sino toda la izquierda y los chiflados ignorantes que creen ser de derecha porque están contra las FARC.

Iván Duque es la careta con que la izquierda internacional, esa que es patrocinada por Soros, pretende engañar de nuevo a los colombianos. Ya hemos tenido ocho años de otro que fingía ser derecha y que hablaba mal de las FARC; ocho años de la hiena marxista que salió elegida gracias al mantra “Por el que diga Uribe”, que fue impuesto para que los uribistas iletrados votaran por el engendro.

De nada valieron nuestras advertencias. ¿Se repetirá la historia?

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