SÍNODO DE LA AMAZONÍA:”MISIONEROS QUE NO EVANGELIZAN, UN SACERDOCIO AUTÓCTONO CASADO Y CULTO A ÍDOLOS PAGANOS”-PRIMERA PARTE. Infovaticana habla con José Antonio Ureta, investigador de la Federación Pro Europa Cristiana y autor del libro “El Cambio de Paradigma del Papa Francisco – Ruptura o Continuidad en la Misión de la Iglesia”, acerca del próximo Sínodo para la Amazonía.

Por, Almudena Martínez-Bordiú, Infovaticana

Existe un silencio generalizado en los medios respecto al próximo Sínodo sobre la Amazonía. ¿A qué cree que se debe?

La mayoría de los periodistas son superficiales y le dan importancia a los asuntos concretos y episódicos, con resultados inmediatos y fuerte carga emotiva, que ellos pueden transformar en titulares “sensacionales” que aumenten las ventas (y mejor aún si la noticia tiene una relación directa con sus lectores…).

A periodistas de esa laya les falta profundidad de espíritu para darse cuenta de que incluso un evento religioso, a respecto de una región distante y que va a tener lugar sólo dentro de cuatro meses, puede tener un impacto decisivo para los destinos de la Iglesia Católica y, por ende, para el futuro del mundo. Y como los medios no hablan del Sínodo, el público de la calle no sabe nada, lo que vuelve el tema aún menos interesante para los periodistas.

¿Cuáles son, a su parecer, los objetivos del próximo Sínodo?

El objetivo oficial es buscar nuevos caminos para la Iglesia amazónica y para una ecología integral. Pero sus organizadores afirman que las reflexiones de la asamblea sinodal tienen una dimensión universal porque las medidas que se propongan podrán servir de modelo para otras comunidades católicas y para otros “biomas” (para los no-iniciados, se trata del conjunto de ecosistemas característicos de una zona geográfica).

El documento preparatorio dice que la Amazonía, por su rica biodiversidad y por ser “multi-étnica, pluri-cultural y pluri-religiosa”, es “un espejo de toda la humanidad” cuya preservación “exige cambios estructurales y personales de todos los seres humanos, de los estados”, y, como si fuera poco, ¡“de la Iglesia”! (Es risible imaginar que la preservación de la Amazonía de los supuestos estragos provocados por la “cultura del descarte” tenga que pasar por cambios estructurales de la Iglesia…)

Pero, en realidad, es trágico. Porque lo que se quiere es presentar el estilo de vida primitivo y pagano de los indígenas amazónicos como un modelo de relacionamiento con la naturaleza, con los semejantes y con Dios. Me hace recordar el título profético de un libro de Plinio Corrêa de Oliveira, escrito en 1977: “Tribalismo Indígena: Ideal comunista- misionero para el Brasil del siglo XXI”.

Lo que cuarenta años atrás eran fantasmagorías salidas de la cabeza afiebrada de misioneros apasionados por la “inculturación” y de algunos teólogos de la liberación en búsqueda de un sucedáneo del castrismo, se transformó en el programa oficial de una Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos con base en una encíclica papal: la Laudato Sì.

El Papa Francisco ha señalado que «es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos – los habitantes del Amazonas-, y por sus culturas». Además, ha dicho que necesitamos de su sabiduría «y conocimiento para poder adentrarnos, sin destruir, el tesoro que encierra esta región». Sin embargo vemos como por ejemplo la misión Castrimani, donde después de 53 años no se ha celebrado ningún bautismo, podría servir como una referencia para el Sínodo, ¿qué consecuencias puede tener esto?

En el plano religioso, es la renuncia oficial a cumplir el mandato de Jesús a los Apóstoles de predicar a todas las naciones y de bautizar a los creyentes en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y, en su lugar, integrar en la vida de las comunidades católicas las supersticiones y los ritos idolátricos de los aborígenes, so pretexto de “diálogo con las culturas” y de “inculturación de la fe”.

Hablando de los indígenas amazónicos, el documento preparatorio dice, en una frase con resabios panteístas, que “sus diversas espiritualidades y creencias, los motivan a vivir una comunión con la tierra, el agua, los árboles, los animales, con el día y la noche”. Y presenta a los brujos como modelos de “buen vivir”: “Los ancianos sabios, llamados indistintamente payés, mestres, wayanga o chamanes – entre otros – promueven la
armonía de las personas entre sí y con el cosmos”.

La Iglesia con “rostro amazónico” que anhelan los organizadores, ¿será todavía la Iglesia Católica, fundada por Jesucristo, o pasará a ser una secta ecológico-panteísta de culto a la Pachamama, o sea, a la Madre Tierra?

En el plano económico-social, es la renuncia oficial a la Doctrina Social de la Iglesia y al mandato divino de “creced y multiplicaos”, y su substitución por la agenda maltusiana y sub-consumista de los utopistas del decrecimiento ecológicamente sostenible que se sirven de la ONU para propagar sus falacias. Como Hans Schellnhuber (que “cree en Gaia pero no en Dios” y es invitado regularmente a los encuentros en el Vaticano), quien defiende la idea de que la población de la tierra no debería pasar de mil millones…

En el texto de presentación del Sínodo se habla sobre «un nuevo camino para la evangelización y un cambio de paradigma». ¿A qué se refiere con esto el Papa Francisco?

El paradigma misionero tradicional – que, gracias a los Reyes Católicos y a los misioneros españoles y portugueses, tuvo como su resultado más brillante que América Latina se convirtiese en la región del mundo que concentra el mayor número de católicos –consistía en la predicación del Evangelio para obtener la conversión de los paganos y su bautismo, así como la gradual penetración del cristianismo en sus culturas, las cuales se
purificaron con la fe y se enriquecieron con los aportes civilizatorios de los misioneros europeos (mal le pese al Sr. López Obrador, que al parecer prefiere que los aztecas hubieran continuado a sacrificar diariamente cientos de víctimas humanas a sus ídolos…)

El nuevo paradigma misionero consiste, al contrario, en reconocer que “las gentes son los protagonistas de la historia de su salvación y del proceso de su evangelización”, por lo que “el Evangelio y los evangelizadores respetan la alteridad y preservan la identidad de los mensajes y de las culturas”, como dice el inspirador del documento preparatorio del Sínodo, el teólogo alemán Paulo Suess. “Cualquier pretensión de substituir la memoria
religiosa indígena por la memoria de Israel configuraría un nuevo intento de colonización”, agrega sin pestañear.

¿Qué hace, entonces, el misionero? Se trata apenas, dice, de una “presencia solidaria y de testimonio” y de un “acompañar en la lucha” contra la hegemonía cultural colonialista de la civilización occidental, y de mostrarles a los indígenas que “la única ruptura que el Evangelio propone es la ruptura con la infidelidad a sus propios proyecto de vida”. O sea, hay que incentivarlos a que sean fieles al paganismo: “Pertenecer al pueblo guaraní –concluye Suess – significa no solamente tener parentesco con el pueblo guaraní, sino también pertenecer a la religión, cosmovisión y al orden social de los guaraníes”.

Esa actitud de escucha modificaría al propio cristianismo, haciéndolo pasar de la inculturación a la interculturalidad, en la cual “los miembros de las distintas comunidades religiosas reaprenden a confesar su identidad religiosa desde la experiencia transformativa del peregrinaje, del éxodo, en el que se crean espacios ‘transreligiosos’”, asegura Raúl Fornet-Betancourt, filósofo cubano radicado en Alemania, donde ha trabajado como director del Departamento de América Latina en el Instituto Católico Missio, de Aquisgrán. La interculturalidad “no es misión sino dimisión”, una paciente acción de renuncia “a sacralizar los orígenes de las tradiciones culturales o religiosas”, agrega.

En fin de cuentas, el nuevo paradigma misionero consiste en convertirse al sincretismo religioso. Respondiendo a la pregunta: “¿hasta qué punto podemos practicar las religiones indígenas?”, el jesuita español Bartomeu Meliá, primer responsable de la pastoral indigenista en la Conferencia Episcopal paraguaya, dijo durante la Semana Misionera 2013: “Sí, se puede practicar la religión indígena sin negar la propia, esto ensancha nuestro corazón incluso”. Creo que eso lo dice todo.(Continuará)

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