SÍNODO DE LA AMAZONÍA:”MISIONEROS QUE NO EVANGELIZAN, UN SACERDOCIO AUTÓCTONO CASADO Y CULTO A ÍDOLOS PAGANOS”-SEGUNDA PARTE Y FINAL. Infovaticana habla con José Antonio Ureta, investigador de la Federación Pro Europa Cristiana y autor del libro “El Cambio de Paradigma del Papa Francisco – Ruptura o Continuidad en la Misión de la Iglesia”, acerca del próximo Sínodo para la Amazonía.

Por, Almudena Martínez-Bordiú, Infovaticana

Usted ha señalado que hay «fundados temores de que el próximo Sínodo Pan- Amazónico, al centrar la organización de la vida eclesial en el factor étnico, pueda incurrir en esa «herejía étnica’». ¿Podría explica por qué?

Ya en los años 1970 hubo un primer intento de creación de una “Iglesia autóctona” en Zaire, impulsada por el Cardenal Joseph-Albert Malula (foto de arriba que ilustra este artículo) en nombre de una “teología africana” y de la negritud, bajo el lema de que “somos nosotros que tenemos que fundar una Iglesia africana”.

Otro ensayo de “Iglesia autóctona” fue intentado en Chiapas (México) por los obispos de San Cristóbal de las Casas, Monseñores Samuel Ruiz y Felipe Arizmendi, esta vez en nombre de la “teología india”. Al primero, Paulo VI le dijo que “sería peligroso hablar de teologías diversificadas según los continentes”, porque “el contenido de la fe ¡o es católico o no lo es!”.

Más tarde, Juan Pablo II agregó que “el riesgo de la teología africana es de encerrarse sobre uno mismo”. A respecto de los nuevos ritos zairenses, mezclando elementos tribales, dijo que “el enriquecimiento de la liturgia es posible, a condición que sea mantenido el significado del rito cristiano y que aparezca el aspecto católico de la Iglesia”.

Por su parte, los obispos de San Cristóbal de las Casas promovieron una “Iglesia autóctona” basada en un Diaconado Indígena Permanente que, según ellos, debería hacer “una síntesis entre el sistema de cargos tradicional indígena y la estructura ministerial de la Iglesia Católica”. Las celebraciones deberían, por su parte, realizarse con “palabras, símbolos y gestos propios que partan de la raíz y del corazón de las culturas de
las comunidades, en armonía con el misterio cristiano” (lo que deja claro que la matriz de la celebración sería el culto ancestral, apenas que armonizado sincréticamente con el cristianismo).

Después de una ordenación masiva de 103 diáconos indígenas (ladeados por sus mujeres, a las cuáles el obispo también les impuso las manos…), el entonces prefecto de la Congregación para el Culto Divino, el Cardenal Jorge Medina Estévez, le escribió a Mons. Arizmendi, en nombre de cinco dicasterios romanos, que “no es posible construir un modelo de Iglesia particular preponderantemente diaconal, que no estaría en conformidad con la constitución jerárquica de la Iglesia”.

En la misma carta, de julio de 2000, le pedía » ‘abrir’ la realidad diocesana a todas las componentes de la Iglesia, para que esa diócesis no se quede ‘encerrada’ en la tipología exclusiva precedente”. Cinco años más tarde, su sucesor en la congregación, el Cardenal Francis Arize, escribió quejándose de que “continúa a estar latente en la Diócesis la ideología que promueve la implementación del proyecto de una Iglesia Autóctona”, y le reiteraba la necesidad de“abrir la Diócesis a otras realidades eclesiales propias de la universalidad de la Iglesia Católica, para ayudarla a salir del aislamiento ideológico mencionado”.

El Papa Francisco, al contrario, revocó poco después de su elección la suspensión de las ordenaciones indígenas impuestas por sus antecesores y fue a recogerse delante de la tumba de Mons. Samuel Ruiz durante su viaje a México. Y ahora parece querer, mediante el Sínodo de la Amazonía, la extensión del modelo de “iglesias autóctonas” a todas la región pan-amazónica (que engloba nueve países) y, en el fondo, a la Iglesia universal, realizando así su sueño de una Iglesia “poliédrica”.

La dificultad de una tal “amazonización” voluntaria de la Iglesia en la región (al igual que la “sinización” forzada de la Iglesia en China), es que tales “iglesias autóctonas” se van poco a poco enclaustrando dentro del marco étnico-cultural de la tribu local y van, paralelamente, diluyendo sus lazos institucionales y espirituales con la Iglesia universal.

Es lo que el escritor francés Olivier Clément llamó de “seducción demoníaca de la etnia”, como siendo la plaga de las iglesias ortodoxas de los Balcanes, las cuales “desarrollaron la tendencia a considerar la iglesia – que bendecía su cultura – como un elemento de la vida nacional, un componente de la cultura local” (testimonio tanto más elocuente cuanto él mismo Clément era ortodoxo).

Al centrar la organización de la vida eclesial en el factor étnico-cultural, el próximo Sínodo Pan-Amazónico corre el riesgo de incentivar dicha “herejía eclesiológica” que afecta como una plaga las iglesias cismáticas autocéfalas y que los propios patriarcas cismáticos de Constantinopla condenaron con rigor bajo el nombre de “etnofiletismo”, porque transforma la religión “en una dimensión de la cultura, de la identidad nacional, de la pertenencia étnica”. (Aviso a los lectores de Cataluña: cualquier semejanza con la realidad de las parroquias independentistas es mera coincidencia…)

Uno de los objetivos del Sínodo de la Familia parecía ser la apertura de la Sagrada Comunión a los divorciados vueltos a casar. Sin embargo, la publicación de la exhortación Amoris Laetitia no ha dejado nada claro, y Francisco continúa sin responder a los cardenales que presentaron los Dubia. Se dice que uno de los objetivos del próximo Sínodo es introducir el celibato opcional en los sacerdotes. ¿Cree que será así o que la respuesta de Francisco seguirá la línea de ambigüedad conocida hasta ahora?

El Cardenal Kasper acaba de declarar al periódico Frankfurter Rundschau que estima que, si los obispos lo piden, el Papa Francisco autorizará en la Amazonía la ordenación sacerdotal de viri probati casados. Supuestamente se trataría, no de una dispensa general que tornaría el celibato opcional, sino de una autorización “caso por caso” – como el acceso a la comunión por parte de los divorciados civilmente recasados. Sólo que el “caso” de la Amazonía – o sea, la penuria eucarística por la escasez de sacerdotes – serepite en muchísimos lugares en todo el mundo. En poco tiempo, la dispensa ad experimentum de la Amazonía se transformaría en la práctica corriente, como sucedió con la comunión en la mano.

Pero la cuestión de la eventual ordenación de viri probati es apenas el árbol que oculta el bosque. La demolición del sacerdocio promovida por los organizadores del Sínodo de la región pan-amazónica va mucho más lejos: en nombre de supuestos “ministerios con rostros amazónicos” lo que están favoreciendo es un nuevo tipo de liderazgo laico de las comunidades católicas que destruya el propio fundamento del carácter jerárquico de la
Iglesia, basado en el sacramento del Orden sacerdotal.

Es lo que voy a denunciar en un próximo artículo para http://panamazonsynodwatch.org/ que llevará un título más o menos así: “La Amazonía como laboratorio para una Iglesia-Nueva, desclericalizada e igualitaria” (lo que, por lo demás, siempre ha sido el sueño de las llamadas Comunidades de Base promovidas por la Teología de la Liberación de Gutiérrez, Boff y Cía.).

El Sínodo de la Amazonía de octubre supondrá una “ruptura” en la Iglesia y “nada volverá a ser igual”, aseguró a la web oficial de la Conferencia Episcopal de Alemania el obispo de Essen, Franz-Josef Overbeck.  ¿Qué opina al respecto?

Una Iglesia con misioneros que no evangelizan, con un sacerdocio autóctono casado y ministros laicos que prestan culto a los ídolos paganos, que predican una moral basada en la fidelidad al “proyecto de vida” ancestral de los pueblos aborígenes y que presentan como modelo de civilización el primitivismo, so pretexto de respeto al carácter sagrado de la naturaleza, equivale… ¡a una ruptura total con la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo! El obispo Overbeck tiene toda la razón: si el Sínodo hace lo que sus organizadores y el Papa Francisco dan señales de querer, nada volverá a ser igual.

¿De qué forma cree que influye que el cardenal brasileño Cláudio Hummes  haya sido elegido como relator del Sínodo?

Equivale a que el Cardenal Kasper hubiese sido el relator de los dos Sínodos sobre la familia… Para no mencionar sino un aspecto importante pero parcial: cuando el cardenal Hummes fue nombrado prefecto de la Congregación del Clero, en diciembre de 2005, ya antes de ir a Roma declaró a la prensa: “El celibato sacerdotal no es un dogma”, abriendo a la posibilidad de cambiar esta disciplina desde su nueva importante posición.

Sus declaraciones causaron desconcierto en el Vaticano. Un tiempo después el Osservatore Romano publicó un documento firmado por el propio cardenal, rectificando su posición, y cuyo título ya hablaba por sí solo: «La importancia del celibato sacerdotal». Pero esos eran otros tiempos de los que muchos tienen nostalgia…

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