SOROS ADMITE ESTAR DETRÁS DE LA CRISIS DE LOS REFUGIADOS. Orbán se ha atrevido a nombrar al millonario George Soros como el hombre que está fomentando la crisis de los refugiados, y Soros ha venido a darle la razón sobre su enésima conspiración en pro del globalismo progresista.

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Foto: George Soros

CARLOSESTEBANPor, Carlos Esteban- La Gaceta

Lo usual, cuando uno quiere ver la mano de un multimillonario moviendo los hilos tras sucesos de enorme trascendencia geopolítica, es evitar citarle por el nombre para evitar querellas o, situación más probable, las acusaciones de mentalidad conspiracionista. Uno espera, en todo, caso, que quien señale con pelos y señales al culpable sea un bloguero más o menos obscuros de los que escriben en letras blancas sobre fondo negro. Lo que nadie espera en ningún caso es que la acusación parta de un jefe de Estado y que el multimillonario así señalado admita su responsabilidad. Sin embargo, este viejo guión de 007 se ha producido en la realidad.

El el primer ministro húngaro Viktor Orbán acusó al multimillonario financiero internacional George Soros de ser miembro destacado de un círculo de “activistas” que tratan de minar a las naciones europeas fomentando la migración de las decenas de miles de ‘refugiados’ que llegan diariamente a nuestras fronteras desde el Tercer Mundo. “Su figura es quizá el epítome de quienes apoyan cualquier cosa que debilite a los estados, quienes fomentan todo lo que cambie el estilo de vida tradicional europeo”, afirmó Orbán en una entrevista concedida a la cadena de radio pública Kossuth. “Estos activistas que apoyan a los inmigrantes acaban formando parte sin darse cuenta de la red internacional de tráfico de personas“.

Pero lo más bonito de esta historia llegó este domingo, en forma de e-mail del millonario al grupo de información financiera Bloomberg en el que venía a dar la razón a Orbán al afirmar que sus fundaciones “defiende los valores europeos”, mientras que las medidas de Orbán al fortalecer la frontera y controlar el flujo de inmigrantes “minan esos valores”.

“Su plan trata la protección de las fronteras nacionales como el objetivo y los refugiados como un obstáculo“, señala el financiero. “Nuestro plan trata la protección de los refugiados como el objetivo y las fronteras nacionales como el obstáculo”. Más claro, agua.

Georges Soros, o Soros György, nacido en Budapest -para redondear las coincidencias- como Schwartz György, tiene el perfil ideal para hacer poco caso a las fronteras e identidades nacionales. De hecho, le viene de familia: su padre era un convencido esperantista, devoto del idioma internacional inventado por el oftalmólogo polaco L. L. Zamenhof precisamente para superar las diferencias nacionales, y de hecho el joven George, antes de ser famoso ante el mundo entero, lo era para la comunidad esperantista como el primer hablante ‘nativo’ de esta lengua artificial.

Judío de origen alemán nacido en Budapest, se refugió en Londres desde Suiza al finalizar la guerra y tras la llegada de las tropas soviéticas. Más tarde, en los años 50, emigró a Estados Unidos, país al que parece unirle un pasaporte pero no mucha lealtad, a juicio del ex senador Joe Lieberman, quien ha declarado que las opiniones de Soros sobre América son “extremadamente negativas, críticas y a menudo antiamericanas”.

Soros, que se hizo mundialmente conocido en 1992 como “el hombre que hundió la libra esterlina”, es el perejil de todas las salsas del globalismo progresista, quizá porque entiende mejor que otros que la izquierda ha aparcado sus sueños proletarios y es hoy, más que nada, un conseguidor para los ricos. Especial inquina le guarda al sentimiento nacional de cualquier variedad.

A principios de año, por ejemplo, solo días después de que el financiero advirtiera de que si Estados Unidos no cedía ante China en la guerra de divisas la tercera guerra mundial estaría a la vuelta de la esquina, el colectivo de hackers CyberBerkut reveló el papel de Soros como cerebro gris de la ‘revolución ucraniana’. En tres documentos supuestamente extraídos de la correspondencia entre nuestro hombre y el presidente Poroshenko, Soros esboza una “estrategia global a corto y medio plazo para la nueva Ucrania”, expresa su confianza en que Estados Unidos proporcione a Kiev asistencia militar letal, “con el mismo nivel de sofisticación en armamento defensivo que la fuerza opositora” y acaba explicando que la prioridad de Poroshenko “debe ser recuperar el control de los mercados financieros”, para lo que garantiza la ayuda de la Reserva Federal norteamericana, añadiendo: “Estoy dispuesto a llamar a Jack Lew del Tesoro para ponerle al tanto”.

Pero aunque los documentos se revelaran finalmente falsos, el propio Soros se ha mostrado abiertamente activo en favor del Gobierno surgido del golpe de Estado del Maidán y acérrimo enemigo de Putin y las iniciativas rusas.

En la escena nacional -si esa es la palabra justa- también anda ocupado, promoviendo el movimiento #BlackLivesMatter  surgido tras la muerte de un joven negro en Ferguson a manos de un policía -en una acción juzgada proporcional y legítima por un tribunal- que se ha traducido en pillajes, incendios y protestas en el propio Ferguson y en Baltimore y que sería para muchos observadores causa necesaria del asesinato a sangre fría de varios policías.

Las fundaciones del multimillonario -uno de los hombres más ricos de mundo- han financiado el movimiento, fundamentalmente dirigido a mantener la guerra racial en activo, con 33 millones de dólares en un solo año.

Como explica The Washington Times, “hay un hombre solitario en el centro del movimiento de protesta de Ferguson. No, no es la víctima, Michael Brown, no el agente Darren Wilson… Es el multimillonario progresista George Soros, que ha construido un imperio empresarial que reina a ambos lados del Atlántico al tiempo que ha forjado una maquinaria política engrasada por fundaciones que influye en la política y las políticas norteamericanas… Soros espoleó el movimiento insurreccional de Ferguson mediante años de financiar y movilizar grupos a lo largo de Estados Unidos”.

Pero apenas es posible, y sí acabaría haciéndose tedioso, las causas políticas en que el millonario y sus generosas donaciones se han mantenido activos, abierta o solapadamente, desde la cohesión política de la Unión Europea a medidas para ‘castigar’ a Rusia. Hungría, por cierto, ha seguido los pasos de Putin en Rusia denegando a varias ONGs dependientes de Soros su presencia en el país.

La labor de Soros parece tan incansable como cuestionables sus fines y maquiavélicos sus medios. Es una pena que la realidad, que en este personaje se acerca tanto a una película de James Bond, no nos regale la escena de un Soros acariciando un gato de Angora y recibiendo al primer ministro húngaro con un clásico: “Parece que volvemos a vernos, señor Orbán…”.

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