TRES VECES PIRINDINGO-QUINTA PARTE-TOMADO DEL LIBRO “CUENTOS JODEOSÓFICOS” DE ALDO ROSADO-TUERO

Foto: Cementerio judío

3-EL VECINO

Que al mentado Pirindingo no le adorna ninguna buena cualidad lo sabe todo el mundo en el pueblo. A ese degenerado no se le ha ocurrido nunca ninguna idea, como no sea para “jorobar” al prójimo. Ladronzuelo desde la niñez, no respetaba ni a la abuela que parió a su madre. Siendo aún muy chico, se iba al campo a robar los huevos de las gallinas de la finca de sus abuelos y de las fincas vecinas. Huevos que luego vendía con su tropa de forajidos, a precios irrisorios, haciéndole la competencia desleal y artera a los comerciantes de La Villa. Igual ocurría con los limones. Tanto ese engendro del averno, como sus adlátares, se aparecían periódicamente con sacos cargados de limones de injerto, sin semillas, e inundaban al pueblo del jugoso cítrico a precios de “dumping”. Y luego, tanto el “jefecito” como sus “mataperros” se repartían el botín obtenido con los limones robados, para gastárselos en francachelas innombrables, con putas y chulos de la peor calaña.

De todos sus robos sólo hay uno que no pude descubrir el lugar exacto donde efectuaba su hurto. Un día, de repente, se apareció este hijo de Lucifer, con una enorme carretilla cargada de las naranjas más grandes y hermosas que jamás se habían visto en la comarca. Y según afirmaban los que las probaban, eran las más dulces y jugosas que hubiesen saboreado en sus vidas. Yo, como supondrán , no puedo aseverarlo, pues siempre me opuse a probar aquellos frutos obtenidos con no se sabe que trucos, artimañas o artes diabólicas.

Lo cierto es, que por mucho tiempo, Pirindingo y sus gárgolas, repartieron los frutos de sus hurtos, obteniendo pingües ganancias, sin que nadie pudiera llegar a conocer nunca, el origen de aquellos bellas naranjas dulces, que embrujaban a medio pueblo. Malditos, seguidores de satán. ¡Como me rejodieron la vida, restregándome literalmente el dinero obtenido con sus sinvergüencerías, mientras yo me moría por dentro por las ganas de disfrutar una de aquellas frutas prohibidas para mi! ¡Que el cielo les envíe el peor de los castigos a estos desgraciados “pelagatos”!

Y para no desentonar con su depravada conducta, resulta que hasta profanador de tumbas y peligroso anti-semita se nos volvió el Pirindingo. Nazi para acabar de reunir en su sola y abominable figura todas las execrencias de la humanidad. Resulta, que por las mismas fechas en que cometía el hurto de las naranjas, al Pirindingo, se le veía entrar furtivamente casi a diario en el Cementerio Hebreo que existe en la carretera entre nuestra Villa y el pueblo más próximo a la Capital Provincial. Allí pasaba muchísimo tiempo, seguramente pintando cruces gamadas en las tumbas de los difuntos judíos enterrados. Y como a los “goyims”(no judíos) no se nos permitía la entrada, no llegamos nunca a enterarnos de los vandalismos cometidos por el malvado pichón de nazi. Seguramente los cuidadores del nosocomio judío, conocedores de sus influencias con el famoso Capitán Jorocón, y temerosos de que el ejemplo cundiera prefirieron callar y ocultar las horripilantes prácticas del Dominguito nazi. Pero es un hecho cierto de que era un profanador de tumbas a lo Boris Karlof, y un neo nazi de peligro, antecesor de los “cabezas rapadas” de la actualidad.

Si hay justicia divina, no caben dudas de que a este ente hitleriano, le llegará su hora de ser consumido lentamente en un horno crematorio, después de pasar por una cámara de gas.

4-MR. WHITE

Ya no me llamo Domingo Blanco Donoso, y mucho menos Pirindingo. Ahora soy Mr. Sunday P. White. Sunday por Domingo, White por Blanco y la P. la agregué, en honor a mi nombrete de niño: Pirindingo. Las circunstancias por las que devine en Mr. White, son largas de narrar, pero bastará con decirles que por las condiciones políticas de mi patria de origen, emigré a los Estado Unidos de Norteamérica; y aquí, después de un período inicial de algunas penurias y duros trabajos, logré a base de perseverancia, ingenio para los negocios y creo que también mucha suerte, ir escalando la escalera del éxito empresarial y gracias a Dios y a esa conjunción que me ayudó tanto, hoy puedo decir sin jactancia, pero con mucho orgullo, que soy millonario, dueño de múltiples negocios (unos cuantos, situados entre la famosa lista de los Fortune 500 Latin Business) y muy respetado en la comunidad, además de conocido miembro del Jet Set Miamense.

Ya nadie se acuerda de Pirindingo. Y los que se recuerdan, se cuidan mucho de mencionarlo. En esto me parezco mucho a otro conocido magnate de la electrónica y las radio emisoras. Que en su pueblo natal, muy parecido al mio, también puerto de mar y con abundancia de cangrejos, en sus años mozos y de jugador de baloncesto, era conocido como “Cuco Mamadeo”. Ahora después de enriquecerse en el mismo negocio que yo, e incursionar con mucho éxito en la radiodifusion, es el Sr. X. Cuco Mama Deo, quedó sepultado para siempre entre las finas arenas de las playas aledañas a su pueblo. Yo en cambio recuerdo con mucha nostalgia y cariño al Pirindingo que fui, y del cual nunca renegaré. Mucho más pobre, pero también mucho más feliz y más libre. Menos atado a los convencionalismos y sobre todo sin hipocresías ni dobleces.

Soy un convencido de que estar en el lugar adecuado, en el instante adecuado, radica un gran por ciento del éxito. Aparte de mi natural talento para inventar negocios y sacarle la mayor ventaja posible, la suerte, la providencia o Dios me situó en el lugar y el tiempo preciso para obtener el éxito. Fíjense por ejemplo, en los millones que gana cualquier jugador de beisbol mediocre, y recuérdense de Martín Dihigo, Oreste Miñoso, Adolfo Luque y Miguel Angel González, para solo mencionar unos cuantos, que a pesar de ser estrellas rutilantes en sus respectivas posiciones, jamás obtuvieron contratos de más de cinco cifras. ¡La señal de los tiempos mio Cid.!

Mirando en perspectiva, a mí se me enchina el cuero, me erizo. O tergiversando los dichos populares como era mi costumbre cuando fui Pirindingo “se me encuera el chino” y “la traba se me lengua”, nada más de ver como cambia el destino de las personas, y hasta de las naciones, por el hecho de nacer unos años antes o después de ciertas circunstancias y acontecimientos. Por ejemplo, ¡carajo! que clase de millonarios y famosos fueran la pareja de negritos integrada por mis condiscípulos José Herminio Sainz y Baudilio, “El Budy-Budy”, si en vez de nacer en la última década de los treinta y en El Cayo, lo hubieran hecho en los ochenta y en los E.U. Esa pareja podría haber integrado uno de los dúos más populares de “raperos” o bailadores de Hip-Hop de hoy en día. Incluso podían haber nacido donde mismo, pero cuarenta años más tarde, ya que hubiese existido la posibilidad de que cogiesen una balsa e irse para La Yuma, donde seguramente se hubieran encontrado un buen Manager, que los hubiera catapultado al estrellato. Me revuelco de la risa nada más que de imaginar a el Budy y a Jose haciendo sus piruetas y entonando un rap, mientras que brincan como monos posesos y exorcizados mientras se tocan cada tres segundos sus órganos genitales, a la usanza de los famosos raperos que hoy en día, atruenan las pantallas de las grandes cadenas internacionales de TV. Imagínense a Baudilio recitando con entonación rapera, mientras José Herminio se contorsiona como si fuera víctima de un ataque epiléptico, algo así como : “cuando me inscribieron en el colegio, quisieron listarme como negro, pero mi mamá le espetó enseguida, cuidado Director, mire que estoy que ardo, que mi muchachito no es negro, sino pardo”. Y siguiendo con la entonación mientra salta con las piernas abiertas Jose contestaría: ” Son cosa de lo blanco, mi amigo Baudilito, que a mi, siendo mulato me apuntan de negrito”. Y los dos a coro:” E,E, E, este rapeo es mejor que el bembé”. Millonarios y admirados por medio mundo fueran mis queridos amigos si hubiesen estado en el lugar y en momento preciso.

Para llegar a lo que soy hoy en día hice muchas cosas que en mi país habrían sido calificadas de “Pirindingadas”, pero aquí se veían como grandes jugadas bursátiles y financieras. En eso yo venía ya con mucha experiencia adquirida en mi país de origen. Desde niño, yo sacaba ventaja de cuanto chance se me presentaba. En la finca de mis abuelos maternos, había grandes cantidades de huevos, frutos y cítricos que se desperdiciaban. Yo adquirí la costumbre de cada vez que visitaba a mis abuelos, regresaba al pueblo cargado de esa mercancía, que conseguía gratis y la vendía de puerta en puerta en el pueblo. Así fui adquiriendo destreza, experiencia y juntando unos kilitos para el futuro, desde muy temprana edad.

El negocio más cojonudo que tuve en aquella época fue el de las naranjas. “Las naranjas de Pirindingo” ganaron fama en La Villa, por su belleza, sabor y tamaño.
Y todo eso fue producto de mi desmedida curiosidad y mi don de caer bien. Sucedió que en un viaje que hice en bicicleta, para ganar una apuesta, a la capital provincial, me encontré al lado de la carretera, bastante alejado de La Villa, un Cementerio Hebreo. Siempre había escuchado mil pendejadas de los judíos y sus costumbres. Que si los judíos habían matado a Cristo, que si los judíos eran usureros, que eran diferentes a nosotros los cristianos, que cuando a un niño no lo habían bautizado era judío,etc. Y sobre todo que enterraban a sus muertos de pie. Eso me llevó a querer averiguar y sin encomendarme a Dios o al diablo, penetré en el cementerio. Lo primero que me llamó la atención fue ver que junto a cada tumba había plantado un precioso naranjero, cargado de frutos primorosos y que gran cantidad de ellos yacían en el suelo. Estaba cavilando en la posibilidad de que la exuberancia vegetal se debiera a los jugos e ingredientes básicos del cuerpo humano que al descomponerse aportaban excelente abono, cuando me sorprendio una agradable voz a mis espaldas que preguntó muy amablemente: ” ¿ Busca algo joven? ¿En qué puedo ayudarlo?” Sorprendido me volví y me encontré frente a un anciano de porte altivo y cara enmarcada por una barba bien cuidada. “No, en realidad nada en particular. Es que nunca había estado en un cementerio Hebreo y sentí curiosidad.”, y haciendo una transición, me presenté,” me llamo Domingo”. El anciano me tendió la mano y dijo “Israel Azkhenazi Sefar, a sus órdenes. Yo soy el cuidador de este cementerio”.

Para no cansarlos con detalles les diré que este fue el inicio de una curiosa y extraña amistad entre un joven “goyim”, curioso y jodedor, y un paciente conocedor de la Torah y El Talmud, que con infinita paciencia me sacó de errores y me adentró en la historia milenaria de su pueblo errante. Yo visitaba el cementerio y a Israel casi a diario.

Cuando ya teníamos confianza, viéndolo pasar un par de horas cada mañana encorvado recorriendo las tumbas para recoger las naranjas que caían al suelo en su madurez y que nadie comía, le pregunté qué porque no las vendían y él me contestó que no, que a nadie les interesaba y que debido a estar sembradas donde estaban, al pie de las tumbas, seguramente a nadie les gustaría comerlas. Yo le dije que mí sí me interesaban y que se las compraba todas. El rió entre divertido y sorprendido y me dijo: “no hombre, llévate las que quieras”. Yo me atreví a pelar una y darle una probadita. Y, ¡Oh, que sorpresa! ¡Ambrosía! Las naranjas más jugosas y sabrosas que yo había degustado en mi corta y azarosa existencia. De allí mismo arranqué con una carretilla llena para mi pueblo. Al llegar reuní a los Pirindingos y les ofrecí organizar una empresa autogestionaria. Iríamos a partes iguales. Y como todo era ganancia, habría suficiente para todos. Unos nos encargamos que ir al cementerio a recoger las recién caídas y a arrancar las maduras de las ramas (lo que Israel nos agradecía muchísimo pues le ahorrábamos el trabajo); otros las transportaban hasta La Villa y un gran grupo las ofrecía a la venta. Al principio de puerta en puerta y luego desde la calle, pues no más asomar una de nuestras carretillas llenas de los apetecibles cítricos y gritar uno los muchachos: “llegaron los Pirindingos con sus naranjas dulces” se asomaban las amas de casas corriendo a disputarse las mejores, pues no sólo eran hermosas y sabrosas, sino que las ofrecíamos a muy buen precio para los consumidores.

Nunca he visto una empresa funcionar tan a la perfección como la “Autogestionaria Pirindingo”. Nadie se robaba un centavo, nadie se comía una naranja, nadie haraganeaba. Todo parecía indicar que al ser todos dueños y gerentes del negocio, los insanos instintos humanos de joder al prójimo habían desaparecido, pues se jodían a ellos mismo, y además los compañeros no se lo permitían, pues no se estaba birlándole una parte al patrón, pues “el patrón” éramos todos. Y sobre todo, nadie divulgó nunca el secreto de su procedencia, pues hubiese quebrado el negocio. Los clientes no hubiesen jamás comprado naranjas abonadas con los despojos mortales de los judíos, que habían fallecido en nuestra comarca.

Y fue así, que ya en los Estados Unidos, aplicando las mismas técnicas aprendidas en mi pueblo, como fui paso a paso, acumulando una pequeña fortuna, que más adelante me permitió expandir mis horizontes financieros, que me llevaron a donde estoy hoy. Pero no vayan a creer que todo fue coser y cantar. Tuve que joderme y jorobar el lomo por un buen tiempo, desde lavar platos, servir de camarero hasta dar pico y pala. Pero luego se me “encendió el bombillo” y ya desde que me metí en el Business, no paré de acrecentar mis ganancias. Mis primeros negocios los hice recogiendo ropa vieja usada desechada por amistades y vecinos. Cuando tenía una buena provisión me las llevaba a Haití, donde las vendía. Como en el negocio de las naranjas, no pagaba por la mercancía. Luego me conseguí socios, tanto en Haití como en República Dominicana y ya no tenía que ir yo. Mandaba la mercancía en contenedores y allá mis socios la revendían. Ya por esa época había subido tanto la demanda que tenía que pagar algo por los trapos usados, pero de todos modos los precios eran irrisorios.

El próximo escalón fue adquirir equipos telefónicos desechados por empresas americanas que instalaban nuevos y más modernos. Yo les compraba los viejos equipos que iban a desechar, casi por nada y luego los exportaba a países del tercer mundo, en Centro América y El Caribe.

El gran golpe de suerte y el salto que me hizo alcanzar mi primer millón, fue cuando, un día, leyendo un artículo, sobre la explotación practicada por el Gobierno de China, con sus ciudadanos, que los mandaba a la entonces Colonia Británica de Hong Kong, donde por sueldos de miseria, trabajaban en las ensambladoras de los capitalistas extranjeros. Y ahí mismo, se me salió lo de Pirindingo. Me fui a Hong Kong, averigüé con el Gobierno Chino, pedí un préstamo bancario a un gran banco capitalista y comencé a hacer negocios con el Gobierno comunista de China. Instalé una ensambladora de productos electrónicos, (teléfonos, radios, relojes etc) en la que los trabajadores eran chinos de ambos sexos, provenientes de la China Continental, que pasaban la frontera cada día de trabajo, con permiso del Gobierno Rojo y regresaban cada tarde al final de una jornada de diez horas de trabajo, en la que se le pagaba siete centavos de dólares por hora por cada trabajador al Gobierno de China, que se quedaba con cuatro centavos y les daba 3 centavos por hora a cada obrero. O sea que por un poquito más de una “quarter” (peseta de 25 centavos de dolar) yo tenía un obrero chino ensamblando por diez horas toda clase de baratija electrónica, que después vendía centuplicando su costo de producción y transporte en el mercado capitalista norteamericano. Negocio redondo hermano. Como los de Pirindingo.

Como es muy fácil adivinar, mi fortuna se duplicó a paso de carga. Cuando llegaban los grandes contenedores al Puerto de San Francisco, yo me recordaba de Rubén Darío, y mientras me flotaba las manos, recitaba mentalmente ” Ya viene el cortejo, ya suenan los claros clarines, ya vienen tocando un son viejo, llenándome los bolsillos con muchos chelines”.

Claro que hubo muchos compatriotas que me criticaban acremente lo que ellos llamaban “mi contubernio con la tiranía comunista de China”, pero como yo nunca he sido político acallaba mi conciencia sabiendo que con mis riquezas podía ayudar a mi familia en Cuba y finalmente, traer a mi madre a vivir y disfrutar en paz y nadando en la abundancia los últimos años de su vida. Además, si otros que poseían emisoras de radio y órganos de prensa anti-comunistas, y se pasaban el día gritando su militancia, me habían precedido transitando el mismo camino, yo no me sentí para nada culpable. Por lo menos yo no soy un hipócrita.

En fin, aquí estoy. Disfrutando de lo logrado honradamente, agradeciendo a Dios todo lo que ha hecho a través de mi vida por mí y mi familia, ignorando las barbaridades de los herejes que dicen que como es posible que Dios pueda ayudar a unos, jodiendo a otros, y esperando que éste me permita vivir muchos años más y, sobre todo, que nunca me permita olvidar mis orígenes y a aquel Pirindingo locuaz, dicharachero y busca vida que recorrió (¿asoló?) las calles de La Villa. (Continuará)

Para leer la cuarta parte pinche el siguiente enlace:

http://nuevoaccion.com/noticias/tres-veces-pirin…ldo-rosado-tuero/

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