TRES VECES PIRINDINGO-TERCERA PARTE-TOMADO DEL LIBRO “CUENTOS JODEOSÓFICOS” DE ALDO ROSADO-TUERO

Arriba: Miguelete “El Pasionario”

Otra de mis grandes satisfacciones la obtuve la vez que mis “Pirindingos” y yo cubrimos totalmente de huevos cluecos, de pies a cabeza a Miguelete El Rojo, o mejor a Miguelete “El Pasionario”, como yo solía llamarlo. Les cuento de Miguelete. Debe de haber llegado al pueblo más o menos en el año en que yo nací. Era un español que, según proclamaba cada vez que tenía una oportunidad, se había refugiado en mi país, huyéndole a la dictadura de Francisco Franco. Era un comunista consumado, pero al mismo tiempo, un vejete malcriado y con muy malas pulgas y ningún sentido del humor. A mí me cayó antipático desde el instante en que lo conocí. Como una patada en “los berocos”1. Se creía saberlo todo y a dogmático no había quien le ganara. Era más dogmático, que el más dogmático de todos los Papas. Siempre hablaba ex-cátedra. Y tenía un especial talento para hacer el ridículo, al que sin embargo temía como a la peste bubónica. Yo francamente no lo imaginaba de miliciano en un frente de combate cargando un pesado fusil. Con aquel cuerpecito fuñido y esquelético era la viva estampa del anti-héroe proletario.

Cuando en el pueblo se celebraban los desfiles del Primero de Mayo, por el día del Obrero, el pedante de Miguelete era el hazmerreir de media población de La Villa. Entre los contingentes de obreros de un sindicato y de otro, que desfilaban aireando sus aspiraciones de conquistas sociales, aparecía la enclenque y solitaria figura de aquel vejete blanco en canas, portando una pancarta gigantesca, escrita por las dos caras con letras enormes. En una decía: “Abajo el Fascismo”; y en la otra: “Viva la República. Muera Franco”. Y ese sainete se repetía año tras año hasta bien entrada la década de los 50, en la que ocurrió lo que les voy a contar.

En realidad la mayoría de las personas que observaban el desfile, ya ni se acordaba ni a que “república” se refería Miguelete, del que casi nadie sabía su apellido y que por, razones obvias y comprensibles adquirió el alias de El Rojo, que a él, como era de esperarse, le complacía. Siendo yo todavía un chico, o mozalbete, como él me calificó, me lo encontré una tarde en la tabaquería “El Galleguito” de José Morales. Allí estaba el español con su acostumbrado sonsonete de que “si el fascismo pa aquí, que si el fascismo pa allá. Que si Franco esto, que si Franco lo otro”. Y ya tenía cansado a los torcedores2 con su pejiguera. Y yo, que para mortificar me pinto solo, le espeté, sin siquiera pedir permiso para meterme en la conversación: “oye Miguelete, yo no sé tu apellido, pero debe ser Ibarruri, como el de Dolores “La Pasionaria, ya que tú en realidad eres un “pasionario”. El viejo enrojeció y me soltó:”¿y de donde carajo salió este gilipollas?” Yo le riposté que no debía enojarse pues si en realidad era comunista debería de sentirse orgulloso de que lo compara con “La Pasionaria”. Y Miguelete amenazante exigió: “saquen a este verraco de aquí”. Y yo que le pregunto:”¿y tú quien carajo eres para botarme de este local?” Ya el tipo estaba casi fuera de sí y ripostó:”un hijo de la República”. Y ahí mismo le recité unos versos que dicen:” Si pública es la mujer- que por puta es conocida- república ha de ser – la puta más corrompida- y siguiendo en la disputa-te grito con regocijo- que todo el que se refuta- de re pública ser hijo- ha de ser a punto fijo-un hijo de la gran puta”.

El vejete montó en cólera y empezó por mentarme la madre y hasta me llamó “pichón de fascista”. Todos trataban de aplacarlo, pero el recién bautizado “Pasionario” no escuchaba razones y continuaba insultándome. Yo, que en realidad me daba lo mismo chicha que limoná, o sea, que me cagaba por igual en Franco y en la República Española, le grité con toda las fuerzas de mis jóvenes pulmones:”CALLATE YA PASIONARIO” Y para rejoderlo aún más:”VIVA FRANCO. ARRIBA ESPAÑA”. Pasionario se me vino encima con malas intenciones pero la oportuna intervención de los tabaqueros impidió que se iniciara un intercambio de puñetazos cuerpo a cuerpo, aunque se lanzaron algunos al aire, mientras nos increpábamos mutuamente:” te voy a enseñar malcriado rapaz”. ” Para ser respetado hay que empezar por respetar, viejo pasionario”.” Que te mato fascista”. “Prueba viejo de pinga”.
“Te voy a mandar para el cementerio”. “Yo soy el que te voy a mandar para el hospital, adefesio ibérico”. Y así hasta que ya afónicos y extenuados por el forcejeo con los torcedores y triperos3 nos calmamos. El viejo salió del local mascullando maldiciones y consignas. Yo no dije nada, pero juré para mis adentros que “El Pasionario” se iba a acordar de mí por el resto de su vida.

Desde ese día hasta el próximo primero de mayo, Los Pirindingos no le dimos tregua. Cada vez que uno de nosotros se encontraba a Miguelete allí mismo le empezaba a gritar: “¿A dónde vas Pasionario?. ¿Vas a tumbar a Franco?” O le caíamos en pandilla, increpándole: “Vete a pelear contra Franco Pasionario”;  y el clásico “gallego pati-apestoso”. El viejo nos caía a pedradas, que nosotros esquivábamos divertidos. A causa de nuestro constante acoso, Miguelete perdió la tabla y ya nadie lo miraba con respeto.

Y por fin llegó el primero de mayo. El tan ansiado Desfile del Día del Obrero, donde Pirindingo habría de consumar su venganza y lavar su honra ofendida. Desde tres días antes los integrantes de la pandilla comenzamos a acaparar los huevos de las gallinas que estaban empollando por todo el barrio. Yo particularmente, incauté 8 huevos de debajo de una gallina jamaiquina o “pescuesi pelá”, echada en el patio de Aleida, la esposa de Julio Escobar, rompiendo provisoriamente los dos restantes de la camada de diez, para poder culpar a “Cirindico” el perro huevero de Cholo.

Cuando comenzó el desfile, la pandilla, debidamente pertrechada de los huevos en todas las etapas del empollamiento, se desplazó en orden de combate cubriendo todos los ángulos del “campo de batalla”. Y cuando apareció Miguelete lo recibimos con una sonora rechifla. Yo salte a la calle con una pancarta que decía: “MIGUELETE IMPOSTOR. TU ERES FASCISTA”. Me siguió Bagazio con otra que proclamaba: “MIGUELETE NUNCA FUE MILICIANO”. El viejo nos miraba estupefacto. Entonces el Benny se le acercó a dos pasos y le gritó para que todo el mundo lo oyera:” Tú te pasaste a los Nacionales en Majahonda, ¡descarado!. El desfile se paralizó. Toda la atención estaba puesta en Miguelete y nosotros. Yo muy orondo discursé: “en nombre del pueblo y de la democracia, te condeno por traidor y fascista”. El aludido estaba paralizado y demudado. Se notaba que él nunca esperaba algo como lo que le estaba sucediendo. Ni siquiera respondió. Yo, imperativo ordené: “FUEGO”.

La lluvia inmisericorde de huevos cayó sobre El Pasionario, que totalmente cubierto de líquido apestoso y con algunos pollitos non natos pegados a su ropa, se derrumbó, arrodillándose, más por la vergüenza que por el impacto de los huevazos, y comenzó a sollozar. Yo lo miré entre retador y misericordioso y le espeté “este es el castigo del pueblo por impostor”. Miguelete se puso lentamente de pie, y cuando yo esperaba que me atacara físicamente dio media vuelta y emprendió veloz carrera desapareciendo al doblar la próxima esquina. Desde ese día Miguelete desapareció para siempre del pueblo. Nunca más se le volvió a ver en La Villa. Todavía hay algunos que afirman que volvió a España.

2-LA MADRE

A mi Pirindingo, con las excepciones que confirman la regla, todo el mundo lo quiere en el pueblo. Siendo aún casi un niño, los más populares personajes de La Villa lo acogieron como uno más de ellos. Con decirte que los artistas cómicos Zaragoza y Machina de la Compañía de teatro Rosado-Zaragoza, lo honraron con su amistad y lo distinguían oyéndole sus ocurrencias.

Como prueba de una de esas excepciones puedo presentar a mi vecino Crispín, que lo odia a muerte y que siempre está tratando de perjudicarlo. Con decirles que hasta le tendió una trampa utilizando a su sobrina Sulma, a la que convenció para que sedujera a mi Piri y preparó todo para agarrarlos en el acto, acusar a mi hijo de violador y darle una paliza allí mismo y después hacer que lo encerraran. Por suerte “El capitán Jorocón” que es muy justo entendió nuestras razones y no quiso levantar ni siquiera un acta y hasta llegó a decirle al Crispín, que quien tenía que tener cuidado era él, pues Piri era menor de edad y le podía costar muy caro si le tocaba un cabello a mi hijito. Y en cuanto a Sulma, Jorocón también le advirtió que dejara a mi angelito tranquilo y no lo buscara más, so pena de acusarla de ejercer la prostitución con menores. Una vez mi hijo demostró tener razón cuando alentaba a su papá que le comprara de vez en cuando un mazo de los mejores tabacos de “El Galleguito” y se lo regalara al Capitán Jorocón, pues “uno no sabe cuándo va necesitar de un favor de una amistad como la de Jorocón”, que era famoso, por mantener a raya a los “pepillos” del pueblo con sus joroconadas.

Claro que el pueblo no lo quiere de gratis. Es que mi Pirindingo es un líder nato y no teme buscarse problemas cuando de defender el honor y la honra de La Villa, y hasta la misma democracia se trata. Todavía se comenta la bronca que tuvo con un agitador extranjero en la tabaquería “El Galleguito”, y como mi Piri, a pesar de ser sólo un adolescente, se enredó a los piñazos con el gallego Miguelete, que estaba tratando de subvertir el orden y la paz para ensangrentar la Patria. Y mi angelito se empeñó en averiguar los antecedentes del pernicioso agitador, conocido internacionalmente como “El Pasionario”. Y yo no sé cómo lo logró, pero lo consiguió, y además tuvo la inteligencia y los bemoles de desenmascararlo públicamente delante de la mitad de los habitantes y de las Autoridades de La Villa. En el desfile del Día del Obrero públicamente presentó las pruebas de que el tal Miguelete El Rojo alias El Pasionario era un agente extranjero infiltrado en nuestro suelo. ¡Ay que orgullosa me sentí de mi héroe cuando me enteré de lo que hizo, jugándose la vida! Imagínese usted si el espía hubiese estado armado, o algunos de sus compinches (que seguramente los tendría) llegan a dispararle. ¡Ay, yo me hubiera muerto! si a mi Piri le hubiese pasado algo malo. Por suerte me enteré después que fueron tan contundentes los argumentos presentados por mi Dominguito que el espía quedó hecho un bidé, es decir un anonadado (¡como dice mi Piri que el sinónimo de bidé es ano-nadado!) y que las Autoridades locales lo capturaron y se lo entregaron a Inmigración, que parece ser que lo devolvieron a su país de origen o quizás si lo hundieron enla cárcel para siempre por espía extranjero. (Continuará)

Para leer la primera y la segunda parte, pinche los siguientes enlaces:

TRES VECES PIRINDINGO-PRIMERA PARTE-TOMADO DEL LIBRO “CUENTOS JODEOSÓFICOS” DE ALDO ROSADO-TUERO

http://nuevoaccion.com/noticias/tres-veces-pirindingo-segunda-parte-tomado-del-libro-cuentos-jodeosoficos-de-aldo-rosado-tuero/

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