UN RECONOCIMIENTO “AL INCOMPARABLE SEMANARIO FUERZA NUEVA”-SEGUNDA PARTE. Con el título que rotula este artículo criticaba en tono irónico la oposición al franquismo, pero también los reformistas del franquismo, el semanario Fuerza Nueva, un histórico de la prensa española tras la guerra civil.

Por, Francisco Torres- Historiador

La expansión

Entre 1969 y 1975 Fuerza Nueva Editorial se fue transformando en un partido político encubierto mientras otros hablaban de “estados gaseosos”; la revista se transmutaba en algo más que una revista. Estaba constituyendo una corriente de opinión militante; un nicho sociológico que iba a sustentar la creciente presencia de Blas Piñar en actos por toda España. Cuando el régimen, o mejor dicho los gobiernos del régimen, abandonaba actos conmemorativos y lo que había sido el “franquismo militante” Piñar se convertía en el líder natural de esa corriente. Lo que a la vez abría la persecución de la revista por parte de esos gobiernos y la animadversión de los que preferían mirar para otro lado compartiendo espacio ideológico pero que se mantenían en la inanidad o el conformismo político del “atado y bien atado”.

A lo largo de su historia la revista Fuerza Nueva ha tenido varios directores. A Julio Jesús Mora sucedió el periodista y militar Manuel Ballesteros. Pero FN ya molestaba a los gobiernos de Franco por lo que el Ministro del Ejército, general Francisco Coloma Gallegos, ordenó a Ballesteros que presentara su renuncia a la dirección de la revista o sería encerrado en un castillo. Ballesteros tuvo que dejar la dirección siendo trasladado a Mallorca por el Ministro (fue el único militar que sufrió tal medida), aunque siguió escribiendo bajo seudónimo. Se harían cargo de la dirección sucesivamente los periodistas Waldo de Mier y Pedro Rodrigo y el abogado José Luis Jerez. Siendo ya general, Ballesteros volvería a dirigir Fuerza Nueva y finalmente, la revista continuaría bajo la dirección de Luis Fernández-Villamea. Durante los primeros años el editorial sería realizado por el propio Blas Piñar (sin firma estarían los de Ballesteros o Fernández-Villamea; en los últimos años, también sin firma,  no pocos, el autor de estas líneas).

El posicionamiento crítico de la revista con respecto a los gobiernos de Francisco Franco, contra el predominio de la tecnocracia, se concreta cuando se conoce la composición del nuevo ejecutivo tras la crisis de 1969. Revisando la revista se podría afirmar, sin exageración, que Fuerza Nueva se convertirá en su máximo opositor. Los editoriales y algunos artículos van a poner en evidencia que algunas de las propuestas del nuevo gobierno pueden llevar a la desintegración del régimen. Esta postura lleva a los círculos de poder a intentar cauterizar lo que consideran una amenaza, haciendo llegar al propio Franco la idea de que Piñar se ha transformado en casi un enemigo del régimen. La contestación la da el propio Piñar en un editorial publicado en enero de 1970 diferenciando entre la oposición al régimen y la posición al gobierno en defensa del régimen, que es lo que él hace. La revista no hace gracia al gobierno y sufre su primer secuestro cuando su número 163 sale a la calle. Hasta la muerte de Franco Fuerza Nueva será víctima de dos secuestros, tres expedientes administrativos, tres denuncias ante el Tribunal de Orden Público y diez comparecencias judiciales. Todo ello acompañado por la campaña, ordenada por el gobierno, de la prensa del Movimiento contra Piñar y Fuerza Nueva. Esto no amilanó ni a Blas Piñar ni a la revista. En Zaragoza, Piñar sube los decibelios de su denuncia: “Algunos cuadros directivos del país han sido ganados ideológicamente por el adversario”. En la misma línea, el número 189 aparece con un editorial firmado por el fundador de FN en el que pide la dimisión del gobierno, algo inusual en la época. En esos años la revista abre un nuevo frente: la denuncia de los contenidos de las publicaciones vinculadas a la “oposición moderada” al régimen, revistas como Triunfo o Cuadernos para el Diálogo. La respuesta de estas publicaciones fue la típica de la izquierda acusando al Estado -que persigue a FN- y a la banca -lo cual era de risa- de financiar los “exabruptos del incomparable semanario Fuerza Nueva”.

“Si los ideales que justificaron la revolución -afirmaba en una declaraciones Piñar- no hubieran sido torpedeados, ironizados, y en última instancia defenestrados Fuerza Nueva no había surgido y el que ahora te habla se hubiera ahorrado infinidad de disgustos. Nuestros gobernantes han dejado entibiar la filosofía política del régimen”.

La revista se estaba convirtiendo en un referente para un sector de la opinión pública española, más que por su difusión por las repercusiones políticas de sus artículos. Sin embargo, al finalizar los sesenta la revista contaba con 6.851 suscriptores, entre ellos no pocos antiguos ministros de los años cuarenta y cincuenta. El propio Hedilla había colaborado con Piñar para conseguir esos suscriptores que han asegurado la continuidad de la revista hasta el presente y Patricio González Canales apoyó la campaña siendo, como tantos falangistas de la primera hora, un colaborador activo de Fuerza Nueva. Sin ir muy lejos también estaba entre ellos José Luis de Arrese. La tirada había alcanzado entonces los 20.000 ejemplares. Pero lo interesante es que al compás que se hace evidente que el régimen no va a sobrevivir a Francisco Franco, o mejor dicho que los gobiernos aspiran, de un modo u otro, a cerrarlo, crece la revista. De hecho, es en los setenta cuando llegan las suscripciones de jefaturas locales del Movimiento, de unidades militares (es evidente que es el jefe de la unidad el que decide la suscripción), etc. La revista se hacía cada vez más molesta, porque sí que estaba presente en lo que era la cúpula del régimen. Por un lado, acusaba, más o menos veladamente, a parte de esa clase política de “traición” por lo que impulsaba a no pocos, aunque fuera a regañadientes o por disimulo, a nadar y guardar la ropa (uno de los objetivos que asumieron los fundadores del semanario fue el de “empujar a los responsables a cumplir”). Cada vez que el editorial de Fuerza Nueva anunciaba que ellos, que ya eran algo más que una revista, estaban en la vida pública “para ocupar trincheras y taponar fisuras”, se producía un pequeño revuelo en la clase política del franquismo que se veía abiertamente atacada y censurada. Lo que se veía compensado con el aprecio que dio Carrero Blanco a la revista, las varias veces que Piñar estuvo a punto de ser Ministro y el apoyo indirecto de Franco que se mostraba al nombrarle siempre Consejero Nacional del Movimiento o no aceptando su dimisión cuando este la presentaba. Así por ejemplo, cuando en 1971 se le da un homenaje a Piñar por su nombramiento como Consejero Nacional entre los asistentes figuran: Alejandro Rodríguez de Valcárcel, los tenientes generales Barroso y Ramírez de Cartagena, José Utrera Molina, Dionisio Martín Sanz y numerosos procuradores en Cortes además del médico personal de Franco, Vicente Gil. Sin embargo, no solo desde los ámbitos reformistas de la clase política o desde la “oposición moderada” se atacaba a FN, también se hacía desde las filas de los teóricamente próximos como en sus memorias reveló el jefe del SECED, José Ignacio San Martín: “Durante la época que estuve al frente abundaban quienes le combatían hasta con saña, pero no eran capaces de hacer lo que Blas Piñar hacía. No tenían poder de convocatoria. Pedían simplemente su cabeza o la clausura de la revista”.

“La revista ha sido -explicaba Piñar en 1976- y está siendo cada vez con más ímpetu, un revulsivo de la conciencia nacional, y en la medida en que el Movimiento se ha ido adocenando, desvitalizando y burocratizando, nosotros hemos ido recogiendo amorosamente, porque seguimos manteniendo la fe que a otros les falta, la historia, los ideales y las banderas del 18 de julio”.

Es de subrayar que durante estos años la revista, cuyos contenidos, como cualquier otra publicación no eran solo políticos incluyó amplios reportajes y prestó una notoria atención a la política internacional, sección de la que se ocuparía durante muchos años el falangista y voluntario en la División Azul Gómez Tello. Resulta interesante detenernos en la serie de artículos que van a retratar la modernización de la España de finales de los setenta. Fuerza Nueva va a llevarnos a recorrer los cambios operados en los sectores económicos, la gran revolución realizada por Francisco Franco, con especial mención a lo que ha sido la política hidráulica y de regadíos realizada por Luis Fernández-Villamea. El arranque de lo que será una constante en la revista desde 1975 hasta la actualidad la defensa de la obra de Francisco Franco. Pero también ahondaba en la denuncia de los casos de corrupción o de los negocios que se hacían a la sombra del poder (ahí quedan sus denuncias sobre los sobrecostes que suponía la concesión a empresas privadas de obras, las autopistas, en vez de ser acometidas por el sector público).

Los años estelares

Multitudinario acto de FN en la Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid)

No es necesario incidir en que dada su posición, llegada la Transición, la revista perdió cualquier tipo de publicidad oficial y que ninguna empresa importante, salvo raras y momentáneas excepciones, insertaría anuncios en la misma, lo que eliminaba una fuente de financiación sin la que en España es difícil sobrevivir en el mundo de la prensa. Solo un número importante de suscriptores aseguraba su continuidad y su presencia en los quioscos de prensa.

Fuerza Nueva, por un lado del arco político, se convirtió en el gran enemigo de los franquistas que pilotaron la Transición, de Manuel Fraga y de la UCD. En 1976 el gobierno cursa una orden para que sea prohibida la entrada de la revista en los acuartelamientos militares, lo que implica la baja inmediata en la suscripción; lo mismo sucedió con centros oficiales, culturales, etc. Fuerza Nueva había dejado clara cuál era su postura. Nada había variado con respecto a su número cero. Es más, lo sucedido, era para la revista la consecuencia directa de haber desoído aquel titular inicial, por ello, en el número conmemorativo de 1976 dedicado al aniversario del Alzamiento Nacional, rotulaba su portada recuperando la de su primer ejemplar: “18 de julio. Pisado y roto (oficialmente)”. Aunque pueda parecer contradictorio, el hecho es que, convertida en la publicación que trata de agrupar los restos del “franquismo militante” y desde ahí ganar al “franquismo sociológico”, disputándoselo a la AP de Fraga y a la UCD de Suárez, sus principales usufructuarios, Fuerza Nueva crece hasta alcanzar los 14.000 suscriptores y los 40.000 ejemplares de tirada media. Una cifra más que digna para una publicación como esta. Además, con la puesta en marcha del partido del mismo nombre, todos los ejemplares sobrantes de la venta, cada vez más complicada, porque no pocos quiosqueros la esconden o la devuelven, son empleados para propaganda política (en algún caso las sacas con la revista fueron destruidas en la central de Correos por trabajadores de izquierdas allí empleados). Es reseñable que Manuel Fraga, en sus memorias, anota por ejemplo, tras sus reuniones con los dirigentes de Excombatientes o con falangistas destacados como Fernández Cuesta, como trataba de convencerles para que apoyasen el “mal menor”, es decir a él, y no se dejaran llevar por Piñar que les “fuerza la mano”, anotando que una de las bazas del dirigente de Fuerza Nueva, además de su militancia, del sector de la juventud que ha atraído y de su capacidad de convocatoria, es su revista. (Continuará)

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