UN RECONOCIMIENTO “AL INCOMPARABLE SEMANARIO FUERZA NUEVA”-TERCERA PARTE Y FINAL. Con el título que rotula este artículo criticaba en tono irónico la oposición al franquismo, pero también los reformistas del franquismo, el semanario Fuerza Nueva, un histórico de la prensa española tras la guerra civil

Por, Francisco Torres- Historiador

La revista se transforma en el notario de la actividad de Blas Piñar. Los numerosos actos del partido Fuerza Nueva y los discursos de su presidente ocupan gran espacio con amplios reportajes fotográficos que testimonian la asistencia masiva a los mítines. Hasta tal punto ocupó espacio en la misma que durante un tiempo se editó un cuadernillo separata con sus discursos y la actividad del partido. Desde la muerte de Franco, antes realmente, la revista va a defender la necesidad de la unidad entre los diversos grupos nacionales: desde la Falange hasta lo que se podría denominar la derecha de Alianza Popular. El primer intento resultó un fracaso, la Alianza Nacional 18 de Julio fue un tremendo error y, vista desde hoy, constituyó la simiente de la imposibilidad de abrir un espacio en el sistema de partidos que se estaba conformando. El propio Piñar reconoció su error en un escrito firmado el 24 de junio de 1977.

“Creo que hemos jugado limpio y en aras del Frente Nacional hemos sacrificado mucho. Cada grupo político deberá hacer examen de conciencia sobre las negativas, los apoyos, más o menos explícitos pero nunca integradores, las reservas y los vetos que han impedido la presentación conjunta en circunscripciones electorales de suma importancia; la demora, hasta el límite mismo de los plazos, de conversaciones y posibles acuerdos. Quede claro que nosotros lo hemos sufrido todo, aceptado todo, transigido todo, hasta el latigazo moral, por la constitución de ese frente, reducido, y solo en algunas provincias. Hemos aprendido: que la unión no hace la fuerza, y que no basta con que la base diga que es preciso llegar a la unión. Por otro lado, aun existiendo la comunidad ideológica en temas fundamentales, no basta la misma para que la unión surja, cuando hay recelos de carácter personal o de grupo”.

La revista apoyó una acción conjunta para oponerse al texto constitucional. En su número 591 rotulaba: “Ante la próxima Constitución: diremos no”. La revista comenzó a impulsar la necesidad de articular políticamente ese No a la Constitución, y así editorializaba: “Hay que asociar y reagrupar a todas las fuerzas nacionales, bastante desunidas y engolfadas en personalismos y tiquismiquis perniciosos. Urge un Frente Nacional donde quepan todos los hombres de buena voluntad, que en todo caso son de voluntad nacional”. La resultante fue Unión Nacional: “En un intento de salvar a España: los del No unidos”, proclamaba otra portada. Era la primera campaña que asumía realmente la revista: “Elige hombres de honor, no perjuros: vota Unión Nacional”. La revista apoyó la idea de Piñar de convertir Unión Nacional en una coalición estable después de haber conseguido casi cuatrocientos mil votos y un diputado por Madrid. No hubo respuesta y Fuerza Nueva como partido se decidió por la vía de la estrategia autónoma, algo que si hubiera hecho en 1977 quizás la historia se hubiera escrito de otra forma. La llegada de Piñar al Parlamento supuso abrir una nueva sección dedicada a la actividad parlamentaria cuyas crónicas realizaba Luis Fernández-Villamea.

Entre exclusivas y silencios

A pesar de todo la revista buscó siempre evitar convertirse en un boletín de partido. En sus páginas, desde antes de la muerte de Franco se pueden encontrar las noticias silenciadas, las fotografías que otros medios no publicaban. Por un lado, y son interesantes, las crónicas y fotografías de las actividades de la oposición al franquismo en el tramo final del régimen. Por otro, los ataques a quienes representaban la opción nacional hábilmente escamoteados al público. Los periodistas de Fuerza Nueva estuvieron al lado de los militantes ante las cargas policiales y los botes de humo. Si no fuera por las fotografías de la revista no quedarían testimonios tan increíbles como los de la policía cargando en Elche cuando se inauguraba una sede con la presencia de Blas Piñar, que entonces era diputado; de los tiros aberzales en Anoeta, con la policía refugiada entre los árboles; de los entierros realizados con nocturnidad de las víctimas del terrorismo; de las manifestaciones en apoyo de las víctimas; de los atentados a las sedes de Fuerza Nueva o a las propiedades de sus militantes destacados; de los apuñalados en Córdoba por una manifestación del Día de Andalucía; del chico con un tiro en el brazo en Vallecas…

En Fuerza Nueva aparecía lo que nadie quería que apareciera. Se publicó por vez primera una carta de José Antonio, escrita en la prisión de Alicante a su tío Antón. Mayor importancia tuvo el rescate de las palabras pronunciadas por José Antonio en el Congreso Internacional de Montreux que se creían perdidas. Pero la más trascendente ha sido sin duda la publicación en portada del documento en el que Camilo José Cela se ofrecía para formar parte del “Cuerpo de Investigación y Vigilancia” por “poder prestar datos sobre personas y conductas”. No menor importancia tiene un reportaje en el que se ponía al descubierto la existencia de una mina en la que habían sido arrojados decenas de asesinados por los republicanos durante la Guerra Civil.

También la revista incorporó en aquellos años la publicación de largos reportajes en capítulos. Quedan para la historia el realizado por Luis Fernández-Villamea sobre la figura de Manuel Gutiérrez Mellado transformado después en libro; los de Pedro Rodrigo sobre Cataluña; informes como los de la Iglesia ante la Constitución o el que el propio Piñar publicó sobre el cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Fuerza Nueva también va a prestar singular importancia a los temas históricos lo que se reforzó con la llegada al equipo de la revista de quien firma estas líneas, publicando series dedicadas a la Transición o el Terrorismo así como una de las grandes aportaciones de la revista: los fascículos coleccionables que sobre la División Azul publicó Fuerza Nueva con motivo del 50 aniversario de la creación de esta unidad combatiente.

La disolución primero de Fuerza Nueva y después del Frente Nacional marcaron una nueva etapa para una revista que siguió sobreviviendo con una “economía de guerra” asumida desde los años noventa. Siendo imposible mantenerla en los quioscos se transformó en una publicación para suscriptores que de semanario pasó a una periodicidad de tres semanas con algún número intermedio. Al reducirse la fiebre de actos públicos la revista disponía de mayor espacio para otros temas. Mantuvo, como era tradicional, su análisis de política internacional llevado hasta su muerte por Gómez-Tello y luego por Arturo de Sienes. Piñar centró sus artículos en temas doctrinales. La revisión de la actualidad política fue realizada, también hasta su fallecimiento, por Ángel Ruíz Ayúcar. Félix Martialay se ocupó de la crítica cinematográfica. Luis Fernández-Villamea ha dado rienda suelta a su prosa crítica y ácida con sus Piedras de Toque. La revista continuó manteniendo su vocación de denuncia de lo que los demás callaban y su oposición al discurso políticamente correcto. Al mismo tiempo  dedicó gran espacio a la publicación de artículos sobre historia centrados en la II República, la Guerra Civil, el régimen de Franco y la Transición. Procuró recoger la actividad de los grupos nacionales y  siguió manteniendo que la única alternativa pasa por la unión de todos los grupos nacionales (especialmente en los noventa con la difusión de la idea de hacer posible una “alternativa nacional”). A lo largo de las páginas de Fuerza Nueva también es posible seguir la persecución a la memoria de Franco y su régimen, la destrucción de lápidas y monumentos, antes de que se alumbrara la mal llamada “ley de la memoria histórica” a la que se enfrentó la revista.

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