UNA VERSIÓN HISTÓRICA: SALVADOR ABASCAL Y LA COLONIA SINARQUISTA MARÍA AUXILIADORA-PRIMERA PARTE DE UNA SERIE

En la foto: Don Salvador Abascal junto a otros líderes sinarquistas

Por, Eva Nohemí Orozco García* 

El 31 de marzo de 1944, viernes de Dolores, Salvador Abascal vio apagado su sueño de convertir a María Auxiliadora en una sociedad cristiana ejemplar. Ante la comunidad del lugar, reunida en el templo, se vio forzado a renunciar a su liderazgo. No le quedó otra salida. Con su partida, se desmoronó todo lo que poco a poco se había construido a lo largo de tres años.

En las páginas que siguen compartiré con ustedes parte del trabajo que en la actualidad estoy desarrollando, mis objetivos y el camino que llevo recorrido. Mi intención es reconstruir el experimento utópico de la colonia sinarquista María Auxiliadora y determinar cuáles fueron las razones que ocasionaron su fracaso. Para que se comprenda mejor mi planteamiento, primero señalaré algunos puntos que me permitirán contextualizar mi estudio.

Entre los años 1927 y 1929 se desató en México la guerra cristera, gracias a viejos conflictos entre la Iglesia católica y el Estado. Al terminar la rebelión, los más afectados fueron los católicos que se levantaron en armas y se vieron abandonados por la Iglesia que habían defendido. Los llamados “arreglos”, firmados entre los jerarcas de la Iglesia y el Estado, al margen de las actividades de los católicos alzados,1 crearon desconcierto y frustración pero, sobre todo, desunión entre los católicos mexicanos.2

Algunos inconformes con la forma de terminar la guerra, intentaron “tomar por la fuerza, o, dicho de otra forma, conquistar el poder público, para luego fundar un orden social cristiano”. 3

Primero surgieron las Legiones y de ahí la Base, organismos secretos que antecedieron a la visible Unión Nacional Sinarquista (UNS).4 El sinarquismo -término que significa con orden y con gobierno– fue utilizado para justificar la toma de poder mediante la vía pacífica y el establecimiento de un orden nacional ante la supuesta “anarquía” existente en el Estado mexicano de los años treinta, sobre todo durante el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas. 5

* Estudiante de la maestría en Ciencias Sociales, con especialidad en Métodos de Investigación Histórica, en

El Colegio de Sonora.

1 José Díaz y Román Rodríguez, El movimiento cristero, sociedad y conflicto en los Altos de Jalisco (México:

Ed. Nueva Imagen, 1979), 56.

2 Sevando Ortoll, “Las Legiones, la Base y el Sinarquismo, ¿tres organizaciones distintas y un solo fin

verdadero? 1929-1948”, La política y el cielo: movimientos religiosos en el México contemporáneo. Rodolfo

Morán Quiroz, ed. (Guadalajara: U de G, 1990), 3. Hay versiones diferentes acerca del origen del

Sinarquismo, puede por ejemplo verse el libro de Jean Meyer, El sinarquismo ¿un fascismo mexicano?

(México: Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1979).

3 Sevando Ortoll, “Las legiones, la Base y el Sinarquismo”, 4. Véase Manuel Romo de Alba, El gobernador

de las estrellas (México: Talleres de la Gráfica Panamericana, 1986).

4 Servando Ortoll, “Las Legiones, la Base y el Sinarquismo”, 12.

5 Ibid., 14.

El jefe más importante de la UNS fue Salvador Abascal. Dicha organización –dirigida tras bambalinas por un pequeño grupo que pertenecía a La Base- se convirtió en un grupo de presión contra el gobierno, ya que registró en sus filas a miles de mexicanos católicos.

No obstante, de inmediato se presentaron problemas entre sus dirigentes. Abascal, por sus ideas radicales, pronto se convirtió en un peligro para la misma UNS. Por lo tanto, sus

opositores buscaron la manera de deshacerse de él. Era indiscutible que como líder nacional Abascal había adquirido gran popularidad, así que removerlo resultaba ser un plan difícil. Sin embargo, fue el propio Abascal quien, sin proponérselo, comenzó “a cavar su propia

tumba”.6

El atardecer de un sueño

A través de la historia, muchos hombres han tenido la idea de crear y vivir en sociedades perfectas. Los sinarquistas pensaban establecer un nuevo orden social cristiano. Esta idea apareció en muchas de sus publicaciones oficiales. En ellas pronosticaban una eventual toma del poder y convertir a México en un “Estado sinarquista”7 basado en el autoritarismo, con la Iglesia católica desempeñando un rol importante. Esto está claramente explicado en un folleto que publicó la misma organización en 1941, titulado México 1960 ,8 que plantea cómo sería México bajo un régimen sinarquista.

El inicio de este proceso sería la implantación de colonias. A finales de 1941, Salvador Abascal, líder nacional de la UNS, decidió fundar la primera colonia sinarquista. Sería una sociedad utópica con principios católicos y un gobierno independiente del Estado mexicano. En ella se practicaría la vida en comunidad y se buscaría la igualdad social de todos sus integrantes.

En un principio la idea fue aprobada por los jefes secretos de la La Base, quienes prometieron apoyar económicamente el proyecto. Con el tiempo se sabría que el verdadero objetivo de la agrupación era forzar a Abascal a dejar su puesto como líder nacional visible de la UNS, al partir a atender personalmente la formación de la primera colonia sinarquista.

El plan de la creación de la colonia estuvo apoyado, en un primer momento, por el entonces jefe del gobierno mexicano, Manuel Ávila Camacho. La polémica llegó hasta el Congreso de la Unión que debatió el tema. A pesar de las voces que se alzaron en contra de dicho apoyo, el Estado ofreció terrenos para que se instalara la futura colonia en Baja California Sur, cerca del poblado de Santa Rosalía. El gobernador de dicho estado (entonces territorio) era Francisco J. Múgica.

Los objetivos de la colonización, en palabras del propio Abascal, eran: fundar un pueblo o varios pueblos netamente cristianos que vivieran conforme al ideal católico; que en lo social y político llegaran a servir de modelo. A la vez […] empezar una obra de colonización que a mi juicio era  urgentísima para salvar no sólo a la península californiana, sino a Sonora, Sinaloa y Nayarit y, por lo tanto a la Patria mexicana.9

6 Ibid., 33.

7 Nathan L. Whetten, Rural México (Chicago: The University of Chicago Press, 1948), 516-517.

8 Ibid.(Continuará)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15