UNA VERSIÓN HISTÓRICA: SALVADOR ABASCAL Y LA COLONIA SINARQUISTA MARÍA AUXILIADORA-SEGUNDA PARTE DE UNA SERIE

En la foto: Llegada de Colonos Sinarquistas a Baja California

Por, Eva Nohemí Orozco García*

Abascal sería el guía de la colonia y el encargado de organizar a la nueva sociedad. Asimismo, llevaría a cabo el reparto de las tareas, de los víveres y la instrucción religiosa.

La comunidad por su parte, se comprometería a obedecer y a trabajar en la búsqueda del bien común. La colonia que se fundó llevó el nombre de María Auxiliadora y las familias que la integraron provenían, principalmente del Bajío mexicano. Los líderes de La UNS habían seleccionado sólo personas católicas y que además cumplieran con una serie de requisitos.

Así se conformó un grupo de alrededor de cien familias que partió de León, Guanajuato, rumbo a Baja California. Ese sería el principio de una “ola de migraciones hacia aquellas tierras”.

Sigmund Diamond10 sugiere que en la formación de nuevas sociedades, hay ciertas reglas con las que se piensa que éstas funcionarán, pero que las circunstancias tanto físicas, como sociales del entorno hacen que ocurran cambios en la organización que los líderes no tienen previstos, a favor o en detrimento de las nuevas condiciones.

En el caso de la colonia María Auxiliadora, las personas que pasaron a conformarla pertenecían a la sociedad mexicana en la que desempeñaban diferentes roles. Dejaron todo para pertenecer a una nueva jerarquía donde todos los integrantes pertenecían a una misma línea de estatus: tenían una actividad común y dependían directamente de un solo jefe.

Rosabeth Moss Kanter en su libro acerca de sociedades utópicas, se refiere a éstas como “órdenes sociales comunales, voluntarias y basadas en valores. Dado que los miembros escogen unirse y eligen permanecer en ellas, la conformidad está basada en el compromiso –en el deseo propio del individuo para obedecer las reglas– más que en la fuerza o en la coerción”. 11

En este tipo de sociedades, los integrantes están controlados por la membresía o por los individuos a quien ellos respetan, más que por agentes exógenos o fuerzas políticas. Ahí se busca la propia determinación, con frecuencia se redactan leyes propias y desobedecen algunas de aquellas reglas que impone la sociedad más amplia. Estas sociedades utópicas son identificadas como entidades que poseen fronteras físicas y sociales, ya que tienen una ubicación física determinada y una manera de distinguir y de identificar a sus miembros.

Además estas sociedades implantan un conjunto de valores planeados para traer consigo “el logro de ciertos ideales, y sus decisiones operativas se hacen más en términos de esos valores”.12

9 Salvador Abascal, Mis recuerdos: Sinarquismo y colonia María Auxiliadora (México: Editorial Tradición,

1980), 338.

10 Ibid., 459.

11 Rosabeth Moss Kanter, Commitment and community: comunes and utopias in sociological perspective

(Cambridge: Harvard University Press, 1972), 2.

12 Ibid.

El objetivo primordial en esas sociedades es vivir con un ritmo que concuerde con sus ideales propios, como son: “la hermandad, apoyo mutuo y expresión de valores”. 13 Estos ideales hacen (o deberían hacer) que se dé la cooperación de recursos y finanzas entre todos los miembros. Ese era el plan original de María Auxiliadora: una sociedad católica pequeña dentro de una sociedad más amplia –la mexicana– pero con reglas propias y que en muchos aspectos iban en contra de lo establecido para la nación. Sin embargo, aquí se puede observar por qué el sistema católico no pudo implantarse como se esperaba en la colonia sinarquista.

Abascal en ningún momento explicó en qué consistía verdaderamente el plan que tenía, él no se había interrogado sobre aspectos elementales en la conformación de una comunidad. De allí que se desataran los conflictos. En la planeación, además, no se previeron las características físicas del lugar en donde se estableció la colonia, ni la situación que se vivía en ese entonces en el país. En resumen: “la planeación de la colonia se hizo sin saber las necesidades, los obstáculos y la cantidad de recursos que se requerían”.14

El principal problema fue la falta de agua. Se requirió construir pozos con bombas potentes para obtenerla. El dinero que enviaban los jefes secretos de La Base, siempre resultaba insuficiente. Al principio mandaban 500 pesos semanales, a los tres años, sólo aumentaron a 700 pesos la cantidad enviada.

A todos estos problemas hay que agregar que nunca llegó la ayuda que prometió el Estado mexicano. Manuel Ávila Camacho, quien se comprometió a apoyar con el transporte de los nuevos colonos a Baja California, no cumplió su promesa. Los mismos colonos tuvieron que donar sus ahorros para costear su traslado, de Mazatlán a La Paz. De igual manera y según Abascal, parte importante de los ingresos de los colonos provendría del trabajo que llevaran a cabo en la construcción de una carretera que pagaría el gobierno. La carretera nunca se realizó. La otra parte provendría de las cosechas y demás actividades que se realizarían en la colonia.

Foto de arriba: El Crucero en Colonia María Auxiladora

En la correspondencia que mantuvo Abascal con los jefes secretos de La Base e incluso con el líder nacional de la UNS durante esos años, se puede observar su preocupación por la falta de recursos que se hizo evidente desde un principio. Aunque se pensaba que el apoyo externo sólo sería temporal, las primeras cosechas demostraron que esto no sería así. El 3 de mayo de 1942, Abascal escribió lo siguiente a Juan Ignacio Padilla, secretario de asuntos de las colonias sinarquistas, ubicado en la ciudad de México: “Lo que cosechamos, Dios mediante, en julio y agosto no alcanzará más [que] para llenar las necesidades más apremiantes de esos dos meses, tendremos maíz, papa, y algunas verduras, todo para DOS MESES. Este ingreso, por lo tanto, es raquítico. 15

13 Ibid.

14 Pablo Serrano Álvarez, “El Sinarquismo por tierras del territorio de Baja California Sur: María Auxiliadora,

colonización y simbolismo cristianos en épocas de modernidad, 1940-1944”. En Memoria del Simposio de

Historia y Antropología de Sonora (Hermosillo: Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad de

Sonora, 1994), 73.

15 Correspondencia Salvador Abascal-UNS, Archivo Servando Ortoll, 3 de mayo de 1942. Las mayúsculas aparecen en el original.

Desde el establecimiento de la colonia se manifestaron las actitudes de inconformidad por parte de los colonos, quienes comenzaron a padecer por las carencias de víveres y la situación inhóspita de las nuevas tierras: difíciles de cultivar y con obstáculos para el abasto de agua potable.16 Todo esto propició que se presentaran los primeros roces entre los colonos y su líder.

Aunque Abascal nunca lo reconoció, es un hecho que la escasez de agua y la aridez del terreno fueron determinantes en el rendimiento de las cosechas. Si bien en un momento dado la producción aumentó, el costo de las cosechas era tan alto que venderlas se volvió una empresa prácticamente imposible.

Pronto iniciaron las deserciones. A pesar de ellas, Abascal supo mantener a muchos de los colonos. Prueba de ello es que permanecieron ahí hasta 1944. Fue entonces cuando terminó la colonización, ya que a través de la prensa y los opositores al Sinarquismo, se evidenció la mala organización de la colonia. Incluso, Abascal tuvo contrariedades con los jefes secretos de La Base y el jefe nacional de la UNS, puesto que no recibió el apoyo que en un principio se le había prometido.

Para mí resultó importante observar la posición que fue adoptando Abascal como líder de la colonia. Las deserciones que se dieron a lo largo de la vida en la colonia, lo llevaron a adoptar actitudes autoritarias. No aceptaba que nadie hablara mal de él. Ante cada deserción se expresaba de manera severa. No podía perdonar a los que, decepcionados, decidían abandonar la colonia. Además, siempre manifestó que los inconformes eran los menos. Como muestra está lo que el líder escribió a México sobre un colono que decidió demandarlo: “José de Jesús Cortés acaba de acusarme en La Paz de abuso de confianza y me demanda por pago de salarios. ¡Bendito sea Dios! No se apuren por esa pequeñez. No me intranquiliza ni debe intranquilizar a ustedes. Es una miseria humana como cualquier otra. CORTÉS ME DIO EN GUADALAJARA (no me prestó) los setecientos pesos que quedó debiendo a varias personas en León. Es un pobre hombre, de aspecto bonachón, pero flojo como no hay dos. Y tonto por excelencia” […].17

Es evidente que la mayoría de los colonos se lanzó a la aventura de la colonización en Baja California seducida por el carisma de Salvador Abascal. La mayoría de los autores que han escrito sobre el sinarquismo, concuerden o no con él, reconocen su carisma, que lo hizo capaz de atraer a muchos simpatizantes hacia este movimiento. Según lo cita Jean Meyer, en su libro El sinarquismo ¿un fascismo mexicano?, “al mando de Abascal el movimiento [sinarquista] alcanza su apogeo”.18 (Continuará)

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